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VIRGEN DEL BREZO

Un oasis de palmeras de hojaldre

La familia Heras lleva endulzando la Montaña Palentina más de medio siglo. Más de tres millones de kilos de hojaldres salen cada año de su fábrica de Santibáñez de la Peña, en el norte de Palencia y llegan a Alemania, Italia, Francia, Bélgica, Estados Unidos y hasta China.

ALMUDENA ÁLVAREZ PALENCIA
28/10/2019

 

Su historia no se ajusta literalmente al refrán, porque en la familia Heras no fueron ni curas, ni frailes, pero si panaderos antes que pasteleros. Y antes que nada, harineros, porque el primer negocio familiar fue una fábrica de harinas que ya molía el trigo en Santibáñez de la Peña después de la posguerra.

De hecho, la suya «fue una de las primeras fábricas de harina eléctricas cuando todo eran molinos», afirma su hijo, José Antonio Heras, hoy gerente de este negocio familiar cuyas riendas compartió con sus hermanos Luis Ángel y Carlos hasta no hace mucho.

Después de la fábrica de harinas, -que con el tiempo acabó cerrando-, y siguiendo el camino lógico de un empresario con la vista en el futuro, Nicolás montó una panificadora, en la que él y su mujer, Ludivina Olea, amasaban el pan de cada día. Un pan que durante algunos años canjeaban por el trigo que molían en la harinera.

«Los agricultores de la zona traían el trigo en carros tirados por vacas y mi padre les daba vales para el pan, de forma que cuando iban a llevar el pan por los pueblos la gente pagaba en vales», relata José Antonio.

En aquellos años Nicolás y Ludivina abrían las puertas de la panificadora a las vecinas de la zona que acudían allí a hornear galletas, magdalenas, pastas y todo tipo de dulces tradicionales que la familia fue incorporando poco a poco a su recetario y al mostrador de su panadería. Al principio las pastas se vendían en el pueblo, pero poco a poco fueron «cogiendo fama» y llegaron a los paladares de otras provincias. «Entonces esta zona era rica por la minería y pasaba mucha gente hacia León o el País Vasco que paraba a comprar dulces en el despacho», explica José Antonio Heras.

Así que, con una economía boyante en al zona y el trasiego de gente que iba y venía, empezaron a plantearse dar el salto a nivel industrial y convertir el antiguo almacén, donde la familia guardaba el trigo para hacer pan, en una fábrica que después fueron ampliando y acabó especializándose en la elaboración de hojaldres, el dulce que más demandaban sus clientes.

Así nació, en 1980, la marca Virgen del Brezo, nombre que tomaron de la sierra en la que se asientan y de la patrona de la comarca. Hoy sus instalaciones suman más de 8.000 metros cuadrados y cuentan con cuatro líneas de producción que dan empleo a 80 trabajadores, porque el hojaldre, dice José Antonio «es un producto muy delicado y requiere un proceso muy laborioso y manual». En sus instalaciones se elaboran una media de 120.000 hojaldres cada hora, dos millones al día y hasta tres millones de kilos al año, el 25% para exportación, con los que facturan una media de 8 millones de euros anuales.

Puntualiza su propietario que al principio tenían una gama muy amplia de productos, más de cien distintos y surtían a las tiendas pequeñas de esta y otras provincias, pero con el cierre progresivo de estos establecimientos, el negocio se transformó, empezaron a vender a las grandes superficies y eso obligó a especializarse.

De hecho hoy el 75% de su producción se vende con marca blanca en grandes superficies de España, Alemania, Italia, Francia, Bélgica, Estados Unidos y China y solo el 25% de los hojaldres llevan la marca Virgen del Brezo.

Y aunque todo el proceso esté automatizado para competir con los grandes, ellos mantienen las recetas caseras de toda la vida, las que aprendieron sus padres en el horno de mano de las vecinas. Y siguen elaborando, seis décadas después, un producto «muy natural» hecho a base de harina, azúcar y margarina vegetal, sin conservantes ni colorantes, ya sea con forma de palmeras, lazos o fannys, con chocolate o sin él, normales, integrales, o sin azúcar.

Dice José Antonio Heras que en este tiempo han convertido su especialización en hojaldres en su mejor baza y que puede decirse que son «uno de los principales fabricantes de hojaldres de España y la única industria familiar especializada en palmeras y lazos». Y eso tiene su mérito si uno echa la vista atrás en un comarca, la de la Montaña Palentina, donde las comunicaciones eran difíciles pero había mucha población. Seis décadas después sigue siendo una tierra mal comunicada pero además despoblada, señala Heras. Por eso este empresario, que afirma no ser «mucho de premios» agradece el V Premio Trayectoria Empresarial que le entregarán sus colegas de la Confederación Palentina de Organizaciones empresariales este mes de noviembre.

Por el reconocimiento que supone para su labor, pero sobre todo porque servirá «para hacer visible el problema que tienen las empresas que están ubicadas en los pueblos». Y en concreto en los de este territorio que se asienta a los pies de la Sierra del Brezo, en el noroeste de la provincia de Palencia, y en toda la Montaña Palentina, que han ido perdiendo el tejido empresarial, con la única excepción de Aguilar de Campo, afirma. En gran medida por la falta de unas comunicaciones adecuadas, por la falta de polígonos industriales que favorezcan el asentamiento empresarial y por la muerte de la minería.

Todo dificulta el relevo empresarial, asegura. Y obliga a «pelear mucho» para competir con unos costes logísticos que se disparan por «el aislamiento de esta zona». Por todo eso Virgen del Brezo es como un oasis en el desierto y un ejemplo de tenacidad y empuje de una familia que siempre ha apostado por esta tierra. «He nacido en el pueblo, vivo en el pueblo y no concebiría esto en otro sitio», sostiene José Antonio Heras, mientras sigue endulzando la Montaña Palentina.

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