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Molinos que mueven turismo

La antigua fábrica de luz que en los años 50 iluminó 17 pueblos es desde el 2007 un alojamiento rural a pie del río, con embarcadero, spa, restaurante y espacios verdes. La apuesta de la familia Bravo fue hacer crecer y visualizar su pueblo: San Miguel de Bernuy. De no recibir turistas a contar con 90.000 visitantes anuales

TERESA SANZ | SEGOVIA
12/08/2019

 

Se lanzaron a este proyecto empresarial decididos a poner en valor «las maravillas escondidas» de su pueblo.

«A cada uno su pueblo le parece el mejor y con este proyecto turístico queríamos decirle al mundo que en San Miguel de Bernuy hay vida de calidad y atractivos suficientes para atraer población, flotante y estable».

Así habla José María Bravo, Chema, le llama todo el mundo, gerente junto con su hermana, Carolina, del Molino Grande del Duratón.

Este es también el nombre de la sociedad familiar participada por los tres hermanos, Juan Ignacio, Carolina y José María, que se ocupan de su funcionamiento: De las cincuenta camas que ofrece el establecimiento, servicios de embarcadero con pedales y piraguas para recorrer las hoces del Duratón, un spa-piscina cubierta, jardines y restaurante con capacidad para cien comensales.

El lugar exige «dedicación completa y lo que nos gusta es poderlo vivir desde el pueblo. Este es un negocio absolutamente localizado», señala su gerente y relaciones públicas.

La edificación desborda historia desde el siglo XIX. Y el nombre de ‘grande’ es certero, porque la construcción tiene desde el río una fachada grandiosa que recuerda los usos reales que tuvo, en 1850, como una de las grandes Reales Fábricas de Harina que se construyeron en Castilla y León. En la provincia segoviana quedan cuatro: «esta de San Miguel de Bernuy y las de Vallelado, Los Navares y El Espinar», apunta el gerente y alcalde de la localidad desde hace 24 años.  Él trata de separar en todo momento los dos ámbitos de actuación, político y empresarial.

«Esto es un proyecto familiar en el que nos embarcamos desde una familia emprendedora. Mi abuelo fue un gran comerciante que hace ya 60 años además de bar y tienda y hornos de asar para doscientos cuartos de cordero, montó una gasolinera. Él fue el germen de todo», subraya el nieto de ‘El Conejo’.

En los pueblos todos tienen mote y a Gregorio Bravo le llamaban así porque su bar era El Conejo. La prueba del carácter emprendedor de la familia la da el apodo del hijo de Gregorio, al que todos llaman Cavila. Su nombre es Juan Bravo y a sus 84 años siempre anda ‘cavilando’, algún proyecto nuevo.

El Molino grande del Duratón, once años después de su puesta en marcha acaba de abrir una nueva zona ‘chill out’ sobre una pasarela al río. Cuando Segovia marcaba 38 grados de record, en este lugar del Duratón, se imponía la rebequita.

Cuenta esta familia de empresarios que, antes del alojamiento rural ya tenían gasolinera y empresa de transportes, que convertir el molino en alojamiento rural fue un sueño de ‘Cavila’.

Él fue quien adquirió a finales de los setenta la vieja fábrica de harinas que después de inundar el pantano fue propiedad de Eléctricas Segovianas, llegando a dar luz a diecisiete pueblos. Tras aquello, Unión Fenosa absorbió la eléctrica segoviana y al enajenarlo, uno de sus habitantes, Juan Bravo, lo compró para evitar que el edificio se perdiera.

Los emprendedores de tercera generación señalan que su padre intervino el molino para consolidar la ruina y que no se destruyera. Funcionó como almacén durante años, - «hubo cerdos ibéricos, vacas, almacén para los negocios familiares», recuerdan- hasta que en 2006, decidieron convertirlo en alojamiento rural.

En aquel momento el pueblo tenía pocos más vecinos que ahora y no contaba con hoteles o empresas de turismo activo, salvo una incipiente empresa de piragüismo: Naturaltur, la primera de la zona.

En la actualidad, San Miguel de Bernuy, recibe más de 90.000 visitantes cada año, ofreciendo este Molino, de vistas espectaculares, la mitad de la capacidad hotelera. A raíz de comenzar a funcionar se han creado cinco empresas de turismo y varias casas rurales además de otras casas vacacionales y un hostal.
El objetivo de visibilizar este pequeño municipio que siempre vivió de espaldas al río Duratón, se ha visto cumplido.

«Ha sido laborioso y ha exigido de una interacción constante con las empresas, teniendo en cuenta un objetivo común: revitalizar el pueblo, dar vida y crear empleo para que la gente no tenga que marcharse. De ahí que hayan ido surgiendo nuevas iniciativas que han hecho ver a los mayores el potencial del río como recurso natural privilegiado». Así lo explican los administradores solidarios de la empresa turística que ha colocado el nombre del pequeño pueblo en el mapa turístico internacional.

El Molino abre puentes festivos, Semana Santa, fines de semana de todo el año y en agosto a diario. Su funcionamiento está muy ligado a las vacaciones escolares. La satisfacción de sus gerentes es que entre los clientes hay buena parte de ellos ya consolidados: «familias, amigos y parejas que reservan de año en año y acuden desde su inauguración siempre en las mismas fechas», señalan.

El resto de clientela utiliza para fines laborales las instalaciones. Grupos de empresa de Inglaterra, Estados Unidos o Alemania tienen su sede para cursos de formación que, de esta manera, implementan el interés de los asistentes por regresar a San Miguel de Bernuy en sus días libres y permiten la apertura temporal en días laborables.

«El éxito empresarial se llama trabajo y pasión por hacer posible lo que te crees de verdad», asegura José María Bravo que también apunta el lado más difícil del negocio: «Abrimos en plena crisis, en 2007 y hasta 2010, la incertidumbre y la responsabilidad por una gran inversión, superior al 1.200.000 euros, no desapareció».

«Fueron los momentos peores, superados con gran apoyo familiar. Siempre recuerdo el dicho gitano: ‘De mi familia maldecir pero no mal oír’. Cuando nos tiramos al pozo, la familia nos dijo: Contad con lo que haga falta. Eso es un colchón muy importante a la hora de iniciar un proyecto empresarial y más en el medio rural», afirma Chema Bravo.

 

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