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FERMAQ

Máquinas que ‘pulen’ las hortalizas

La empresa Fermaq construye en la localidad segoviana de Mozoncillo todo tipo de maquinaria hortícola para tratar de simplificar el trabajo de la huerta: desde una limpiadora de espárragos a una cortadora de puerros. Vende en España y Portugal, pero también en México, Polonia, Venezuela, Argelia o Angola.

TERESA SANZ TEJERO / SEGOVIA
15/05/2018

 

Todo empezó en Mozoncillo, pueblo pionero en la producción hortofrutícola y el primero de España que empezó a comercializar la zanahoria. La familia de Fernando Martín Gómez construía carros de madera hace un siglo. «Cuando comenzó la industrialización del campo, la tarea de los carreteros terminó, pero Fermaq hunde sus raíces en aquella actividad», explica este hombre inquieto que hace más de cuarenta años apostó por montar en su pueblo natal una empresa de maquinaria agrícola para manipulado de productos hortícolas.

Fermaq responde al acrónimo que forman su nombre de pila y las primeras letras de la maquinaria que realizan con precisión y habilidad. Expertos en el manejo del acero inoxidable que brilla en sus naves, apilado como materia prima, la factoría recibe toneladas de planchas de acero que doblegan en función del tipo de máquina que demandan los clientes.

Ya sea una limpiadora de espárragos, una peladora y cortadora de puerros o sus afamadas pulidoras que mejoran el brillo y el pulido de las hortalizas, cada máquina de las quinientas unidades que venden de media al año es diferente a la anterior.

Recuerda que su padre y su tío, «hombres de gran ingenio e iniciativa empresarial», inventaron una primera máquina para lavar zanahorias y a partir de ahí, a base de viajar por Europa, recorriendo ferias de innovación y observar las necesidades de los clientes, llegaron hasta aquí. Es decir: a montar cadenas enteras de manipulación de los productos de mesa; desde la primigenia zanahoria, a patatas, remolachas, puerros, espárragos, boniatos, nabos o máquinas de desinfectado de piñones.

Lo cuenta con la «especial satisfacción» que a un hombre de campo le da haber procurado 22 empleos en su pueblo y un modo de vida que levantó hace casi medio siglo y ocupa ya a sus hijos.
Fermaq ha ido adaptándose a las últimas revoluciones del campo. De la construcción de simples máquinas de lavado y recepción de hortícolas, ha pasado al montaje de cadenas enteras de manipulación. «Antiguamente la zanahoria o la patata se metía en un bombo y salía lavada; ahora cuando vienen las patatas del campo hay que quitarles las piedras, la tierra, lavarlas, calibrarlas, enfriarlas, pulirlas y envasarlas». Así resume Fernando las capacidades de las máquinas que ensamblan a demanda de cada cliente. «Cada vez más grandes, porque esa es la tendencia del campo».

La maquinaria diseñada en su propia oficina técnica y montada en las naves donde doblegan el acero inoxidable –único material con el que trabajan desde principios del siglo XX– llegan a toda España y Portugal y, en el último lustro, su cuota de exportación ha crecido hasta rebasar el 30%. «Empezamos exportando a Angola en 2012, uno de los momentos de inflexión que marca el éxito de la empresa», señala.

La versatilidad de sus prototipos permite a Fermaq adaptarse a las condiciones de recolección de cada país. De ahí que sus modelos puedan ser tolvas, cintas o Bunkers. «La recepción depende del lugar: en Portugal es a granel; en España suele producirse con sacas de 1.000 kilos; en México en cajas de 20 kilos y en Angola a banastas».

Pero las máquinas de recepción son solo el comiendo del proceso complejo de manipulación que ahorra trabajo. Volcadoras, quitatierras, calibradoras de mallas y diametrales, pesadoras y artefactos para el envasado, son algunos de los nombres de sus construcciones a base de piezas y aceros plegados.

La empresa factura ahora dos millones de euros y, según señala su director, el momento más relevante fue el salto a la exportación. Se produjo en 2012, cuando mandaron bastante maquinaria a Angola. Habían creado y modificado su página web y a través del escaparate virtual unos españoles con socios en el país africano acudieron a ver las instalaciones que ya, entonces, abastecían a la mayor parte de las empresas de la Comarca del Carracillo: una de las principales huertas de España.

Fue el inicio de la internacionalización que, inmediatamente después, creció por México, Polonia, Venezuela y Argelia . «El mercado exterior es fundamental», asegura, pero si algo le proporciona especial orgullo es haber logrado ser referencia en su comarca. Su maquinaria protagoniza la mayor parte de las empresas agroalimentarias de las provincias de Valladolid y Segovia que conforman El Carracillo.

Construyen cerca de medio millar de máquinas anualmente. Siempre a demanda de las necesidades de empresas que comercializan sus productos; aquí, en Navarra, Andalucía, Cataluña y Portugal.
Puede tratarse de un trabajo complejo y extenso, de varios días de montaje y muchos previos de diseño industrial, como la línea de patatas que montaron para una empresa Navarra o una pequeña máquina de lavado de espárragos, que contiene en tres metros túnel de ducha y recuperación de agua. Su papel consiste en solucionar mediante tecnología y ensamblaje, tipo mecano industrial, cualquier fase del manipulado.

La complejidad añadida al producto que realizan, viene determinada por el empleo exclusivo de acero inoxidable. «Para trabajar el acero inoxidable hay que ser más cuidadoso, más fino, que con el acero de carbono que terminará pintándose. Aquí el principio y el fin es el mismo, por eso es importante la habilidad para tocarlo lo menos posible», explica.

No hay dos máquinas iguales y la innovación obliga a sacar al mercado nuevas soluciones. Trabajan ahora en una maquina de cortado y lavado de puerros con chorro de agua que, en poco tiempo, se unirá al catálogo de maquinaria del que la estrella indiscutible, según cuenta, es la pulidora de catorce rodillos capaz de adaptarse a diferentes productos y calcular las necesidades de kilos por hora.

El hombre de campo, que de niño iba a recoger zanahorias a mano, «para ayudar en casa», y descogollaba aquellos tubérculos que de la tierra pasaban a la pila y luego a la cesta para venderlas en el mercado, sabe bien cuánto trabajo ahorran estas máquinas que diseña y firma con un logo de cinco letras.

 

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