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Innovación y desarrollo en estado puro

Emiliano Saiz lleva haciendo troqueles industriales más de 60 años. Desde su taller burgalés, Herrajes Saiz exporta sus productos a países como Marruecos, Francia o Portugal, entre otros, y cuenta con numerosas patentes de modelo de utilidad por los diseños de las piezas de troquelería que elaboran

DAVINIA ANDRÉS / BURGOS
25/02/2019

 

Si observásemos de cerca las escuadras que fijan nuestros muebles a la pared, los soportes de las baldas de nuestra casa, los colgadores de los muebles de los lavabos de nuestros baños, los soportes de somier de las camas o los ensambladores de las mesas de las cocinas, veríamos que muchos de ellos tienen un logotipo con Burgos como protagonista, la marca de Herrajes Saiz.

Para definir la trayectoria de esta empresa debemos hablar de una vida de esfuerzo, de lucha constante contra las adversidades y, sobre todo, de ilusión y amor al trabajo bien hecho. Esas son las máximas de su fundador, Emiliano Saiz, que a sus 84 años continúa al frente de esta empresa familiar dedicada a la fabricación de piezas de metal para cerramientos, fachadas ventiladas, ferretería y herrajes para muebles.

Todo empezó en los años 50, cuando un joven Emiliano de 19 años, recién salido de la Escuela de Formación Profesional del Padre Aramburu de la capital burgalesa donde estudió Maestría Mecánica, decidió emigrar de su Revilla del Campo (Burgos) natal al País Vasco. En la localidad vizcaína de Durango se estableció y tras varios años ocupando diversos puestos en varias empresas de troquelería y estampación para la elaboración de piezas de metal, consiguió hacerse con un pequeño local donde ubicar su taller y establecerse por su cuenta.

Así junto a su hermano Secundino, fundó Industrias Saiz y comenzó a fabricar troqueles para otras empresas, pero como explica el propio Emiliano Saiz, ‘en la troquelería vendes ideas y cobras trabajo, no interesaba. Al final (el troquel) es una máquina que pones en una prensa y luego te hace las piezas que quieras. Hacer el proyecto de un troquel es una invención y pensé que era más interesante hacer también las piezas que es donde quedaba el dinero. Por eso me metí a hacer piezas de estampación y herrajes para muebles’.

Después de un tiempo el negocio necesitó un lugar más grande y adquirieron un terreno en el que edificaron una pequeña nave que pronto se quedó también pequeña y quisieron ampliarla, pero por problemas burocráticos, no pudo ser y desistieron de su idea. Así, después de 27 años en Durango, decidieron volver a su tierra natal y establecerse en el Polígono Industrial de Villalonquéjar, primero en un terreno en la calle Valle de Mena y en 1997, cuando se jubiló su hermano Secundino, en su ubicación actual en la calle Merindad de Castilla La Vieja.

Como recuerda Emiliano Saiz la segunda etapa burgalesa de su empresa siendo ya Herrajes Saiz, a partir de 1992, fue muy dura ya no sólo por la salida de su hermano del negocio que hizo que tuviese que reestructurar su empresa y cambiarse de ubicación, también por la pérdida prematura de su mujer y la perspectiva de sacar adelante en solitario a dos hijos de corta edad. ‘Me quedé solo y tuve que luchar. Al principio hacía números y no me salían de ninguna manera. Poco a poco terminamos la obra y aquí seguimos. Mi ilusión siempre ha sido crear un puesto de trabajo para mi familia primero con mi hermano y ahora con mis hijos’.

Después de todas las vicisitudes, llegó la crisis. Emiliano bromea cuando dice que a él le ‘han tocado todas las crisis’, pero la última le tuvo contra las cuerdas cuando en 2013 pasaron una época especialmente complicada. Hoy, después de todo, Herrajes Saiz continúa adelante y poco a poco se ha ido adaptando a los nuevos escenarios productivos con maquinaria de última generación que hacen que esta empresa sea muy competitiva dentro de su sector.

Emiliano Saiz recuerda con humor, que a los 63 años tuvo que formarse en Autocad para poder manejar la máquina de electroerosión de corte por hilo que habían adquirido para hacer los troqueles y que sólo leía planos en formato digital. ‘Yo no sabía ni encender un ordenador. Me llamaban el abuelo en clase. Al principio todos iban por delante, pero a la hora de dibujar, ellos iban a la cola porque yo tenía mucha más experiencia’. En la actualidad su hijo Ángel Saiz, ingeniero industrial mecánico, es el encargado de manejar esta máquina y es el sucesor de Emiliano al frente del taller.

Varias de sus piezas cuentan con patente, pero como reconoce el propio Emiliano y su hija María, encargada ahora de la parte comercial y administrativa de la empresa, ‘frente a los chinos, no hay nada que hacer. Ellos vienen con unos precios con los que no se puede competir y por eso hay que estar continuamente innovando para no quedarte atrás. Nosotros somos muy pequeños como para permitirnos una patente a nivel mundial y últimamente ya no patentamos, sólo lo hacemos en cosas que es muy complicado que nos puedan copiar’.

Después de tantos años de lucha, la empresa sigue adelante gracias a su capacidad de adaptación al cambio y a la diversidad de su cartera de clientes. La apuesta constante por contar con la tecnología más puntera es también una de sus principales características. Con ello consiguen que sus productos sean de una calidad excelente y a eso se suma un trato personalizado, ya que en muchas ocasiones es el cliente el que llega con una necesidad y es el equipo de Herrajes Saiz el que busca la solución para cada problema particular.

Con la perspectiva de los años y del trabajo, Emiliano Saiz ve un futuro incierto para su sector por la globalización en los procesos productivos, aunque es muy consciente que aquellos que apuesten por la innovación y la tecnología son los que conseguirán salir reforzados de esta nueva situación. La clave es hacer productos de calidad, a un precio competitivo y cumplir con los plazos requeridos por el cliente.

Este octogenario no piensa en la jubilación, y es que el trabajo le da la vida. La ilusión y la pasión que le pone a todo lo que hace son un ejemplo para cualquiera y como dice su hija, María Saiz, tiene cuerda para rato. Como dice Emiliano ‘lo más importante en esta vida es encontrar, aparte de un compañero o compañera de vida adecuados, un trabajo que te guste y te llene, porque lo más importante es ser feliz’.

 

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