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LAS CARAS DEL ÉXITO / Rafael Fuentes

Guitarras con ‘duende’ al norte del Duero

Es uno de los pocos guitarreros de la mitad norte de España. Rafael Fuentes, un ingeniero electrónico reconvertido en luthier, ha creado su propia marca de guitarras artesanales, clásicas y flamencas, hechas a medida del guitarrista. Trabaja ahora para que sus instrumentos ‘resuenen’ en Estados Unidos y Canadá.

MAR PELÁEZ / VALLADOLID
17/09/2018

 

Al entrar huele a madera, a virutas de serrín, a barniz..., en una palabra, a artesanía. Y, entre tablas, serruchos, martillos, cuñas, cuerdas y otras herramientas de cuño propio, Rafael Fuentes pasa horas encerrado en su pequeño taller vallisoletano, investigando los secretos del sonido perfecto y construyendo esa guitarra a medida, clásica o flamenca, que todo guitarrista anhela entre sus manos.

«Tócala otra vez», pide, mientras observa la mano del músico, su manera de rasguear, su técnica de punteo, su estilo musical y el sonido que persigue, para así obrar de forma artesanal esa guitarra única para ese guitarrista único. Es, como él mismo explica, «igual que cuando se construye un coche de Fórmula 1 adaptado al milímetro al piloto».

Este guitarrero vallisoletano habla el mismo lenguaje que los guitarristas. Desde los doce años, y de manera autodidacta, aprendió el arte de las seis cuerdas. Y aquella pasión infantil es hoy su profesión. La ‘culpa’, eso sí, la tuvo la crisis económica.

Este ingeniero electrónico, que trabajó en el control de calidad de las instalaciones del Hospital Río Hortega, más tarde en el aeropuerto de Barajas y finalmente en una empresa de mecanizados en Valladolid, ‘aterrizó’ en 2010 en el paro. Ese revés laboral le condujo hasta la mismísima Escuela de luthería del maestro chileno Marco Buitano, en Madrid, donde aprendió la magia de construir guitarras.
Es así como, sin más ayuda que sus ahorros y el apoyo familiar, dejó atrás la ingeniería para convertirse en guitarrero –prefiere ese nombre al de luthier– y desde entonces no ha parado de ensayar y de afinar hasta convertirse en «uno de los pocos de la mitad norte de España». Primero lo hacía en su propia casa. En 2015 se trasladó a su actual taller en Laguna de Duero.

«En esta profesión todo debe ser perfecto, no hay margen para el error», apunta, al mismo tiempo que ordena las múltiples piezas que componen este instrumento. No en vano, como señala, «la precisión milimétrica es imprescindible para que suene la mejor nota».

Juega con ventaja. Combina esas fórmulas heredadas de construcción artesanal con sus conocimientos electrónicos, lo que le permiten innovar. «Conocer cómo los parámetros físicos-mecánicos intervienen en el sonido son un buen apoyo», sostiene Fuentes, para quien «también ayuda saber de antemano todos aquellos problemas a los que se puede enfrentar un guitarrista». Lo sabe por experiencia propia y por la de su hermano José María Fuentes, un guitarrista profesional que prueba cada una de sus creaciones antes de que salgan al mercado.

Infinidad de factores confluyen en la construcción de una buena guitarra. La madera utilizada, la longitud del mástil, el grosor de la tapa, la construcción interna. Cualquier variación, influye en el sonido, aclara.
Fuentes tiene ‘duende’, pero sobre todo paciencia. Con máxima concentración raspa ahora una plancha de madera con una fina cuchilla. Está dando forma a la tapa armónica, «el alma de la guitarra» y una de las «partes más delicadas». Pero el proceso comenzó hace ya más tiempo con la selección de la madera, o como dice Rafael Fuentes, escogiendo lo que va a ser «el corazón» de la guitarra». «Cuanto más envejecida y seca, más estable y mejor conserva las propiedades», apostilla.

Adquiere en almacenes de Madrid, especializados en importación de maderas tropicales autorizadas, procedentes de África, Asia o América Madrid, sobre todo, abeto, cedro rojo canadiense, palosanto, ébano... para posteriormente construir la tapa, el fondo, los aros, el diapasón, el puente... En cada guitarra emplea diferentes maderas y de esa selección dependerá «buena parte del resultado final», comenta el artesano.

Luego pasa a moldear con mimo la tapa armónica, formada por dos partes gemelas de una misma plancha de madera que ‘hermana’ de tal forma que el ojo no percibe la unión. Conseguir el grosor para que esa madera tenga la flexibilidad adecuada no es tarea sencilla. Construye las varetas, que reforzarán la tapa y ayudarán a conducir las vibraciones, y las dispone para conformar el interior geométrico de la tapa acústica. Es un minucioso trabajo de ebanista.

Repite la misma operación con el fondo y pasa a los aros, a los que da forma redondeada aplicando calor sobre unos moldes que él mismo ha fabricado. Une la tapa con el mango previamente preparado y talla el mástil.

Comienza el montaje de la guitarra sobre una solera, construida al gusto de cada ‘maestrillo’. Encola todas las piezas y aplica barniz gomalaca. «A diferencia de las de fábrica, elijo un barniz natural porque éste protege el exterior de la guitarra al mismo tiempo que le permite vibrar». Después llega el momento del pulido y de colocar las cuerdas y ajustar la altura del puente. Y... a probar la guitarra «en todos sus registros».

Se explica rápido el proceso, pero todo lleva entre un mes y mes y medio de esmerado trabajo. Por eso no es de extrañar que una Rafael Fuentes cueste aproximadamente 4.300 euros de media. Y es que «el sonido final nada tiene que ver con el que sale de una fabricada en serie o importada de China». «El de una guitarra artesanal es más potente, más equilibrado».

Sus clientes, que ya han traspasado las fronteras castellanas y leonesas, lo saben. Por eso acuden a él músicos profesionales o estudiantes que sueñan con convertir su pasión en su modo de vida. Hasta la costa este de Estados Unidos ha llegado una de sus creaciones. No será la única, ya que Fuentes quiere ‘dar la campanada’ en EEUU y Canadá y ya está inmerso en un proceso de internacionalización. «Hay que salir fuera, que es donde está el mercado», afirma, mientras lamenta que en Castilla y León sean tan pocos en su oficio que cueste «atraer a compradores».

Trabaja por encargo y, entre pedido y pedido, también se dedica a reparar instrumentos de cuerda pulsada en general y a hacer su mantenimiento. Y, en paralelo, participa en festivales de música, como el que se celebrará en octubre en Valladolid, para que el nombre de Rafael Fuentes ‘resuene’ dentro de la orquesta musical española.

LA FICHA DE LA EMPRESA

Historia.

Tras quedarse en paro como ingeniero electrónico en 2010, Rafael Fuentes se forma y se convierte en guitarrero. Construye sus primeras guitarras en casa y ya en 2015 abre su taller artesano en Laguna de Duero (Valladolid).

Producto.

Fabrica guitarras clásicas y flamencas a medida, y las repara y mantiene.

Clientes.

Sus clientes, que ya han traspasado las fronteras de Castilla y León, son profesionales y amateurs.  

 

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