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Alimentos Deshidratados Españoles

‘Golosinas’ saludables de fruta y verdura

Es la primera y única elaboradora de Castilla y León de fruta y verdura deshidratada en forma de snack, y una de las pocas de España. Los Natursnacks que elabora la joven Sandra de Blas cambian los hábitos de los consumidores de España.

MAR PELÁEZ VALLADOLID
08/07/2019

 

A media mañana, a media tarde, a la hora del recreo, en la oficina, tras un entrenamiento, en una ruta de montaña... Cualquier momento resulta óptimo para picar, y los caprichos deshidratados se están convertido en una alternativa «fácil, rápida, limpia, cómoda, duradera, natural y saludable» a la versión fresca de frutas y verduras. Sandra de Blas, una joven vallisoletana, lo vio claro desde el momento en que se topó con este mundo del aperitivo ‘healthy’ y exploró sus posibilidades hasta amasar su marca Natursnacks.

A base de ensayo y error, «y muchas horas de trabajo», se convirtió en «la primera y única elaboradora de Castilla y León de fruta y verdura deshidratada en formato snack», y una de las «pocas de España». Pero el ‘cocinado’ de su empresa no resultó tarea sencilla.

Todo arrancó en 2013. Con un grado superior en Gestión Forestal y unas prácticas en Finlandia, regresó a su localidad natal de Pedrajas de San Esteban en busca de trabajo. Ante la escasez de oferta, su espíritu inquieto le llevó a un curso del Ayuntamiento de Valladolid sobre creación de empresas. Nunca antes había pensado en convertirse en empresaria y le faltaba la receta principal: la idea de negocio. Fue entonces cuando dio con la fórmula en «un mundo aún por explotar».

Adquirió un pequeño deshidratador que colocó en el hogar familiar y probó, y dio de probar a sus amigos. «Y gustó», rememora. Sin ahorros, con un par de préstamos personales y sin ayuda económica pública –pese a ser joven, mujer y en el medio rural–, se hizo autónoma en 2014, se lanzó a alquilar un pequeño obrador en el centro del municipio y compró un horno de mayor capacidad. En total, 100.000 euros de inversión.

Año y medio después, a punto estuvo de apagar el horno definitivamente. «Hacía un buen producto pero no tenía ni medios, ni experiencia, ni conocimientos para la venta», lamenta. En ese instante, un matrimonio la ‘encontró. «Ellos tenían un producto, una marca y un tipo de embalaje ya formado; yo aportaba la parte de elaboración. Éramos cada uno la pata que nos faltaba y nos asociamos». En agosto de 2016 nacía la sociedad Alimentos Deshidratados Españoles, a la que poco después se sumaría un nuevo inversor.

La fórmula no es reciente; formaba parte de la dieta habitual de los pueblos que habitaron el Mediterráneo y Oriente Medio e incluso en la Prehistoria desecaban los alimentos al sol. Sin embargo, «cuesta crear cultura», reconoce. «No crecíamos tan rápido como mis socios deseaban y decidí el año pasado comprar la parte de la empresa». Y «vuelta a empezar por tercera vez».

Sandra comenzó comercializando siete referencias y hoy son 23 las que tiene en el mercado –ocho de fruta ecológica, siete de fruta convencional, cinco de verdura y tres de chips de kale, una especie de berza rizada recubierta de una masa–. Mango, piña, pera, manzana, fresa, naranja..., pero también brócoli, calabaza, remolacha, cebolla... y varios coktails. «Todo se puede deshidratar», comenta, mientras realiza ya pruebas con el melón y la sandía.

¿Algún producto se le ha resistido? «Ninguno», afirma con la experiencia de haber deshidratado algas, setas, brotes de todo. Eso sí, reconoce que «hay productos muy complicados como el plátano porque se oxida muy rápidamente o las ciruelas porque tardan mucho tiempo en secarse».

Hasta la nave de 500 metros cuadrados de Pedrajas de San Esteban llegan cada año entre 20 y 30 toneladas de fruta y verdura comprada «en temporada» y «directamente al agricultor en el campo». «Todo el producto es nacional, salvo la piña –que procede de Costa Rica–, y «en la medida de lo posible de Castilla y León». Y también gran parte cuenta con certificado ecológico y está bajo el paraguas Tierra de Sabor.

De toda la materia prima que entra cada año solo se saca rendimiento del 10%. No en vano, como asegura, de cada 100 kilos de naranjas, exclusivamente se extrae cinco kilos de producto en seco. La producción anual de la marca Natursnacks es de 3.000 kilos.

El proceso arranca con un minucioso lavado, pelado y troceado del producto. Se deposita de forma manual rodaja a rodaja en una bandeja y directamente se introduce en el deshidratador para extraer todo el agua. Se deshidrata con aire caliente a baja temperatura, 45 grados, para así «mantener la mayoría de sus propiedades, fibra y vitaminas, pero también los sabores y colores», comenta la joven pedrajera. Entre 12 y 24 horas se requiere para el secado, aunque la naranja precisa 30 horas, tal y como afirma.

Y ya estaría listo para el envasado manual un producto que, según remarca Sandra «no lleva ni un aditivo, ni un conservante, ni un azúcar añadido». Los vende en formato individual, con cierre zip para consumirlo de varias veces y con un peso de entre 28 o 30 gramos, lo que equivale a dos raciones de frutas. Los ofrece también en formatos familiares, de 250 gramos. Apenas pesa, pero la realidad es que el paquete contiene cinco kilos de fruta fresca, unas 16 raciones en seco. Su caducidad se extiende a 18 meses, lo que permite «alargar la vida de la fruta».

Del paquete, directo al paladar. Sandra no se cansa de explicar el «truco» para que el cliente extraiga todo el sabor y las propiedades de las frutas deshidratadas. «Hay que comerlo como si de un caramelo se tratara, humedeciéndolo bien en la boca para que se produzca la explosión de sabor y para que tenga poder saciante». Hay que consumirlo «despacio», ya que en el estomago «se rehidrata», e ingerirlo con mesura. «Si te comes 50 gramos de deshidratado, cuidado porque te estás comiendo tres manzanas a la vez». Quizás de ahí esas curiosas piruletas, a base de dos rodajas de piña, pegadas con puré de mango, y una fresa en medio, que ofrece.

Mientras que sus frutas son de consumo inmediato o sirven para hacer helados, en repostería, sobre un yogur..., sus verduras deshidratadas sirven de acompañamiento de platos o para cocinar un guiso o una crema. La empresaria, con dosis pedagógica, explica que «se debe rehidratar en el mismo medio en el que se va a utilizar; nunca en agua solo porque perdería el sabor y sus propiedades».

Sus productos atrapan sobre todo a mujeres de entre 25 y 55 años que «quieren cuidarse, cuidar a sus familias y huir de golosinas y de snacks como patatas fritas», pero también a deportistas. Su nicho de mercado se encuentra focalizado principalmente en Madrid, en herbolarios, tiendas especializadas, de comida saludable, aunque mantiene puntos de venta repartidos por toda la geografía nacional y una ventana abierta al mundo a través de su página web. Y entre elaboración y elaboración, venta y venta, se ocupa cada vez más de realizar servicios de deshidratación para agricultores con sobreproducción que desean poder ofrecer su producto todo el año cuando no lo tienen fresco.

 

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