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El gambón argentino se ‘desviste’ en Palencia

Cabo Vírgenes comercializa desde Palencia 12.500 toneladas anuales de gambones pescados en la costa patagónica de Argentina. Menos de una década ha necesitado Pedro Mielgo para convertir Palencia en un punto estratégico para procesar y comercializar el langostino austral a nivel internacional.

ALMUDENA ÁLVAREZ / PALENCIA
11/03/2019

 

Los caminos del palentino Pedro Mielgo y del argentino Emilio del Río, descendiente de un leonés de Toralina de la Vega, se cruzaron en 2008, cuando Emilio, que acaba de lanzarse a la pesca y comercialización de langostinos en Argentina, buscaba socios en España para exportar su producto. La calidad de aquellos langostinos salvajes pescados en el litoral de Rawson, en la Patagonia Argentina, impresionó a Pedro Mielgo que por entonces era gerente de Dimapeix en Venta de Baños (Palencia) y todo un experto en la distribución de pescados congelados. Sin pensarlo dos veces empezó a comercializar aquellos gambones por toda España y aquella fructífera relación alumbró la creación de Cabo Vírgenes España solo cuatro años después.

Pero antes, ambos habían forjado su propio carácter emprendedor a miles de kilómetros, en las dos orillas del Atlántico, y se habían construido dos perfiles profesionales que a pesar de la distancia estaban llamados a encontrarse.

Pedro Mielgo había empezado muy joven a ayudar a su tío Faustino Carrera en la empresa familiar de distribución de pescados y congelados que tenía en Palencia, descargando camiones primero y vendiendo la mercancía en cuanto se ganó la confianza de su tío.

En 1985 empezó a trabajar como vendedor en Congelados y Derivados Condesa, del Grupo Elosua, donde acabó como gerente y llegó a llevar cinco gerencias en la zona de Valladolid. Pasó después al Grupo Pescapuerta, y en 2006 aceptó el proyecto que le propuso el grupo DIMAPEIX para llevar un frigorífico en Venta de Baños desde el que distribuía el pescado congelado por toda la zona norte.

En esa época Emilio del Río acababa de fundar Cabo Vírgenes Argentina, aprovechando todo lo que había aprendido en el negocio de la carne de ovino que había heredado de su padre y este de su abuelo, un emigrante de Toralina de la Vega (León) que tenía una finca de ganado ovino en Rio Gallegos, al sur de Argentina. En su afán de hacer el negocio familiar cada vez más grande, Emilio construyó un matadero muy cerca de Rawson, el mayor puerto pesquero de langostino en Argentina, y allí inició su idilio con el mundo del langostino.

«Ahí le propusieron construir dos barcos y empezó a pescar langostinos», explica Pedro Mielgo. Pero pronto vio que el negocio era pescar, congelar y comercializar, como ya hacía con la carne de ovino, y que necesitaba alguien de confianza y con experiencia en España para servir su producto por toda Europa.

Así es como se cruzaron los caminos de los dos futuros socios. Primero comercializando los langostinos congelados que enviaba Emilio desde Argentina, a través de Dimapeix, y finalmente a través de la sociedad Cabo Vírgenes España que se creó en 2012 y se instaló en una nave del polígono industrial de Palencia, donde se establecieron las oficinas centrales y dos frigoríficos para almacenar el stock y que se convirtió en centro de operaciones y logístico a nivel internacional de la firma.

Ese año Cabo Vírgenes España comercializó 500 toneladas de gambones y facturó 3,6 millones de euros, apuntalando un crecimiento meteórico que ha doblado la superficie de sus instalaciones, con la construcción de una planta de procesado en la que trabajan un centenar de personas, ha multiplicado por diez su facturación y por 25 la producción de gambones que llevan a más de 70 países de los cinco continentes.

Puede decirse que Pedro y Emilio han puesto el gambón en el centro de sus vidas, apostando por un producto de gran calidad, el langostino salvaje que tiene las características y el sabor de una gamba, y que han sabido condimentar con «muchas ganas de hacer cosas» y una gran experiencia en el sector.

Asegura Pedro Mielgo que el récord de resultados obtenido en el último ejercicio en Cabo Vírgenes España –42,7 millones de euros facturados y 12.500 toneladas de gambón comercializadas– es fruto de 45 años de experiencia en el sector, en los que ha vivido muchas crisis en distintas empresas, y a los que ha sabido sumar «un origen bien trabajado en Argentina y un buen equipo de profesionales».

Y esto es solo el principio de un plan con el que prevé alcanzar los 53 millones de euros de facturación en 2019 y llegar a los 80-100 millones en solo cinco años. «Queremos crecer en resultados para consolidar el proyecto», explica. Un propósito que han apoyado con fuertes inversiones. Cuatro millones de euros en la planta de procesado de Palencia, que abrió sus puertas en abril y emplea a casi un centenar de personas que descongelan, clasifican por tallas, pelan y devenan (quitar la vena que tiene la cola) los gambones que llegan desde Argentina, siguiendo un proceso totalmente controlado y automatizado. Después los gambones se ultracongelan, glasean y secan antes de envasarlos con distintos formatos y destinos para ponerlo fácil en la cocina.

A esto se suma una inversión de más de 14 millones de euros en su flota pesquera, que cuenta con ocho barcos propios, entre fresqueros, poteros y congeladores, el último a punto de salir de los astilleros y botarse este mes de marzo.

«Esperamos ver los resultados de estas inversiones en los próximos años», insiste Pedro Mielgo, con la vista puesta ya en una nueva ampliación de las instalaciones palentinas, que doblaran su superficie en 2.020 para comenzar a elaborar productos de quinta gama en 2021.

En menos de una década Cabo Vírgenes ha logrado «cerrar el círculo desde la pesca hasta la comercialización con el procesamiento para darle mayor valor añadido».

Además en los últimos años han apostado por la diversificación del producto y en los últimos años se han abierto a otras variedades de langostino de cultivo como el vannamei, el calamar y la vieira, que traen desde Perú. Productos que comercializan desde el origen o ya procesados desde la planta de Palencia, y que llevan a más de 70 países, aunque su principal mercado es el nacional que se come el 52 % de la producción.

 

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