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LAS CARAS DEL ÉXITO / PAN DE ÁNGEL

El fino pan que alimenta a los ‘ángeles’

Azúcar, harina, huevo y mucho tacto se necesita para elaborar las obleas que desde 1985 fabrica la empresa Pan de Ángel. Con la misma receta que hace siglo y medio usaban sus antepasados, Fabián Martín Tapia creó un negocio que produce hoy 16.000 obleas a la hora y vende en toda España

ANTONIO GARCÍA / SALAMANCA
06/08/2018

 

«Quien come obleas y bebe un vaso de leche al día, llega a los 100 años sin pasar por la enfermería». Esta frase pronunciada hace años por un médico de la pequeña localidad salmantina de Cipérez se ha mantenido con el paso del tiempo para describir lo que las obleas significan para este pueblo de la comarca de Vitigudino y lo que este pueblo es para este producto tan sencillo como exquisito.

Elaboradas desde hace 160 años, las obleas se han convertido en una seña de identidad para esta localidad salmantina que alberga desde 1985 la empresa Pan de Ángel, cuyo nombre se debe a la forma en que los clientes pedían el producto.

Es el «pulmón económico» de la comarca. Así lo asegura Fabián Martín Muñoz, hijo, nieto y bisnieto de quienes han sacado adelante este dulce que, pese a los avances tecnológicos, se sigue elaborando de una manera artesanal, guardando la receta de sus impulsores.

Primero fue Gaspar Martín Moreno, después su hijo Fabián Martín Arroyo y más tarde el nieto del primero, Fabián Martín Tapia, que a sus 83 años se sigue pasando a diario por las instalaciones que Pan de Ángel tiene en Cipérez, tal y como señala su hijo, Fabián Martín Muñoz, quien asegura que si su padre ve que algo no está bien hecho les tira de las orejas.

«Todos los días desayuna obleas», apunta Martín Muñoz sobre su padre, que fue quien en 1985 puso en marcha la empresa como tal, después de regresar de Alemania tras permanecer allí quince años trabajando en una fábrica de coches.

En aquel país nació quien ahora lleva las riendas de Pan de Ángel, aunque precisa que él es español 100%, ya que se vino con sus padres a su tierra cuando apenas tenía tres meses.

En ese momento, su padre puso en marcha en la zona una granja con 2.000 cerdos, pero la peste porcina obligó a sacrificarlos, viniéndose abajo el que consideraba que iba a ser su futuro en el retorno a su tierra.
Como no hay mal que por bien no venga y teniendo en cuenta que Fabián Martín Arroyo, padre de Martín Tapia y abuelo de Martín Muñoz seguía elaborando las deliciosas obleas, el tercer miembro de la generación decidió crear a mediados de los ochenta una empresa que con el esfuerzo y el trabajo de muchas personas se ha convertido en toda una referencia en la producción de obleas en España, con presencia en las principales cadenas de distribuicón de alimentos.

Actualmente cuenta con una plantilla de 23 personas y unas instalaciones que fueron ampliadas en 2015 con una nueva planta de 1.500 metros cuadrados, que se sumó a la antigua de 700 metros cuadrados. Fabián Martín Muñoz destaca la valentía de su padre al decidir apostar por esta comarca charra. En este sentido, lamenta que las administraciones no sigan el ejemplo de Martín Tapia, creando riqueza en el medio rural y contribuyendo a evitar la despoblación.

La apuesta por la tierra no queda ahí, ya que los productos que se necesitan para elaborar las obleas –azúcar, harina y huevo–, proceden de Castilla y León. La receta no ha variado desde que Gaspar Martín Moreno comenzó a desplazarse pueblo a pueblo por las casas de los ganaderos «fuertes» para elaborar las obleas en las planchas que llevaban, mientras que los clientes aportaban la materia prima.
Así durante muchos años de esfuerzo y trabajo. Fabián Martín Muñoz señala que de las pocas cosas que han cambiado en la elaboración es el uso de la leña por el gas y la introducción de la maquinaria, que ha propiciado el constante incremento en la producción.

Mientras que antiguamente podían elaborar en torno a setenta docenas en un día, ahora esta cifra se ha disparado hasta las 16.000 obleas a la hora, gracias a los 301 moldes de que disponen en la fábrica, a partir de tres líneas de producción. Una fábrica en la que los trabajadores y trabajadoras siguen empaquetando las obleas en docenas de forma manual y sin equivocarse.

La clave, según Fabián Martín Muñoz, está en el «trato y el esmero» con el que se saca a diario un producto «muy delicado» y con un milímetro de grosor que sale de unas planchas en las que aparecen, además del nombre de la empresa, las espigas y el típico botón charro. En las bolsas aparece también la catedral de Salamanca.

Este producto, tan sencillo y exquisito, se empleaba en algunos lugares de España para obsequiar a las visitas, de ahí que se lo vincule con la fiesta. Actualmente ha sido incorporado a los desayunos diarios, debido a su elevado valor nutritivo. Además, son un buen complemento de la miel, el queso blando, la leche o la mermelada. Incluso, se ha convertido en un elemento imprescindible para elaborar deliciosas y crujientes tartas de chocolate.

Aunque muy recomendables para el conjunto de la población, las obleas resultan especialmente aptas para los más pequeños y para los más mayores, pero también para quienes padezcan de estómago.
Con todas estas ventajas, no es extraño que Pan de Ángel haya ido creciendo año tras año, hasta llegar a los actuales dos millones de facturación al año, dando empleo de la gente de la comarca y de comer a miles de españoles de todos los puntos.

Ahora, los objetivos de Fabián Martín Muñoz se centran en «seguir creciendo», para impulsar desde la pequeña localidad Salmantina de Cipérez este producto artesano que ha comenzado a ‘viajar’ por países como Portugal, Francia, Suiza e Inglaterra. Eso sí, pese a los avances producto de los tiempos, Fabián Martín Tapia seguirá cada días pasándose por la empresa para supervisar si se hacen bien las cosas y, de lo contrario, para tirar de las orejas a quien corresponda.

LA FICHA DE LA EMPRESA

Historia. Aunque la historia de Pan de Ángel se remonta al siglo XVIII, no fue hasta 1985 cuando se constituyó como empresa en la provincia de Salamanca.

Producto. Elabora 16.000 obleas a la hora.

Plantilla. Cuenta con 23 trabajadores.

Facturación. Factura dos millones de euros al año.

Ventas. Pan de Ángel vende fundamentalmente en España, aunque ya ha comenzado a exportar pequeñas cantidades a países de Europa, como Portugal, Francia, Suiza o Inglaterra.
Instalaciones. Posee una antigua nave de 700 metros cuadrados y otra nueva de 1.500.

 

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