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El Campo

El ‘campo’ lleva las riendas del maíz

De suministrar zanahorias frescas en los años 70, El Campo pasó a convertirse en un emporio de la mazorca de maíz. 25 años cumple ya la marca. Desde Sanchonuño viajan a toda Europa e incluso llegan a Singapur. Comprometida con la sociedad y el medio ambiente, la empresa da empleo a 75 personas.

TERESA SANZ TEJERO / SEGOVIA
09/10/2017

 

Empezaron suministrando zanahorias frescas, sin procesar, pero a aquella empresa, que fundó Teodoro Muñoz, se fueron incorporando desde 1992 sus hijos, que vieron la necesidad de trabajar nuevos productos. Así recuerda Silvia Muñoz, hija del fundador y desde hace nueve años directora general de Precocinados El Campo, los comienzos de la factoría puntera que hoy emplea a 75 trabajadores fijos y cuya plantilla suma más de un 60% de mujeres: «con contrato indefinido».

«Es indudable la capacidad manual que tenemos las mujeres para seleccionar y cuidar el producto, igual que no es discutible la fortaleza física de los hombres», sostiene.

Esta licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales, con fama de trabajadora infatigable y comprometida con su tierra, dirige desde los 34 años el emporio de la mazorca de maíz, que exportan a toda Europa.

La internacionalización que llegó hace quince años ha sido una de las claves del éxito empresarial de la marca El Campo, porque, como explica quien lleva las riendas del maiz, aunque va creciendo en España, «no existe aún esa cultura de consumo de maíz dulce en mazorcas, como se consume masivamente en Europa».

Precocinados El Campo exporta más del 80% de su producción a todos los países europeos y acaba de estrenarse con Asia, a través de Singapur. El resto de su producción se distribuye en el mercado nacional a través de Mercadona.

Las cifras describen el creciente volumen de negocio que hace solo 25 años exportaba «dos o tres palets semanales», mientras que el último año la exportación superó los seis camiones que salen preparados de las instalaciones, cercanas al casco urbano de Sanchonuño.

Cuenta Silvia Muñóz, echando la vista atrás, que una de las decisiones más difíciles, pero acertada, fue dejar atrás la comercialización de la zanahoria, con la que la empresa nació. «El mercado de producto fresco estaba saturado; había mucha gente que hacía lo mismo y apostamos por crear un valor añadido, transformar el producto y diversificar la actividad». Así surgió la quinta gama y la especialización hacia el maíz y la remolacha.

La marca cumple este mes 25 años de existencia. Viendo la ubicación de sus instalaciones, nadie duda de dónde procede el nombre: «Sanchonuño es campo; la comarca más fértil, y el producto que hacemos viene de El Campo y vivimos el campo de forma natural», subraya su directora, que acude a diario a trabajar a la empresa en bicicleta, como hacen otros muchos trabajadores.

Hablando de las claves del éxito de una empresa que lleva invertidos más de 12 millones de euros y sigue renovando instalaciones con un ritmo de inversión anual de un millón de euros, Silvia cree que «la flexibilidad es garantía de adaptación a los cambiantes mercados». De ahí su empeño por acudir a ferias internacionales donde se puede observar la tendencia de consumo.

Sobre la calidad del producto, sostiene que la producción de máximo nivel se debe a la profesionalidad de los agricultores de Valladolid y Segovia, que son quienes cultivan el producto que cuenta en este término con unas condiciones meteorológicas aseguradas. El clima de Sanchunuño garantiza condiciones meteorológicas óptimas.

El maíz empieza a sembrarse en las principales áreas de cultivo en abril, cuando la tierra ha cogido cierto calor. Cuando empieza a madurar a partir de junio, comienza la recogida que, dependiendo de cada año, llegará hasta octubre.

A punto de acabar esta campaña, especialmente compleja por las condiciones de sequía, el producto llega a las instalaciones en forma de mazorca con hojas y brácteas (los pelillos del maíz). El proceso mecanizado acabará limpiando el producto, cortando sus extremos y homogeneizando la producción que brilla desde los envases de film especial siempre en formatos de 13 centímetros.

El envase al vacío permite dotarlo de un periodo de caducidad de entre seis meses y un año. «Este ha sido otro punto clave para poder destacar en el mercado europeo», explica esta empresaria de éxito.
Asegura que una de las facetas empresariales que más le satisface es la responsabilidad social que cumple su firma. El Campo colabora con la Federación Española de Bancos de Alimentos, para repartir anualmente más de 75.000 kilos de producto que se dona a medio centenar de bancos de alimentos de toda España.

«Tenemos unos estándares de calidad alimentaria tan altos que cualquier producto con un pequeño defecto de envasado se retira de la comercialización, aunque la garantía alimentaria esté asegurada. Esos productos deben aprovecharse», subraya.

Así llevan ya 20 años. «La responsabilidad social fue posible cuando las cuentas de la empresa estuvieron saneadas», apunta. Empezaron a patrocinar eventos deportivos dentro de una campaña llamada ‘Disfruta comiendo sano’. «Vimos la necesidad de enseñar a consumir nuestros productos, muy demandados en Europa y que en España el consumidor no conocía», dice.

Silvia no escatima en el recuerdo de los malos años que ésta, como otras empresas, atravesó en tiempos de crisis. «Fue duro ir a los bancos a suplicar préstamos; afortunadamente, la situación mejoró y ahora tenemos unos datos estables», señala.

Hace cinco años que crearon su propia planta de tratamiento de aguas. «En una factoría de quinta gama como ésta, el consumo de agua es muy importante: equivalente a dos piscinas olímpicas diarias. La planta de tratamiento nos permite devolver limpia el 80% del agua que sale de pozos de nuestras perforaciones, controlados por la CHD; el resto la usamos para otros procesos de lavado», explica.

Asume los veinticinco años de éxito creciente de la empresa con absoluta normalidad. «Todo esto ha sido posible porque otros lo iniciaron», dice recordando a su padre. Ella, que comenzó a trabajar en tareas administrativas, dados sus conocimientos sobre la normativa europea, ahora sí ha encontrado su puesto en la empresa familiar. «Trabajar en equipo es gratificante y hacerlo desde una empresa localizada en tu tierra, da aún más satisfacción», asegura.

 

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