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Ornamentos Arquitectónicos

El arte de reducir el Patrimonio a miniatura

Ornamentos Arquitectónicos lleva 25 años reduciendo monumentos a pequeña escala. En este tiempo sus artesanos han copiado con fidelidad milimétrica más de 600 modelos y han vendido más de medio millón de maquetas. La lista es monumental.

ALMUDENA ÁLVAREZ / PALENCIA
07/08/2017

 

Ornamentos Arquitectónicos lleva 25 años reduciendo el patrimonio a pequeña escala. En este tiempo sus artesanos han copiado con fidelidad milimétrica más de 600 modelos y han vendido más de medio millón de maquetas.

La Sagrada Familia, la Universidad de Salamanca, la iglesia de San Pablo de Valladolid, el Palacio de la Magdalena, la fachada de Sacré Coeur y hasta el patio de los leones de la Alhambra. La lista es monumental. Iglesias, catedrales, palacios, colegiatas, monasterios, castillos, pilas bautismales y pueblos enteros en miniatura se han ido incorporando al catálogo de Ornamentos Arquitectónicos.
Un taller artesanal, vinculado a la Fundación Santa María la Real, que desde 1992 surte a particulares, empresas, instituciones y coleccionistas, de reproducciones arquitectónicas hechas a escala en Aguilar de Campoo (Palencia).

Todo empezó con la idea de dar una salida laboral a los jóvenes que estaban sin trabajo y a la vez difundir el patrimonio, recuerda César del Valle, encargado de esta empresa artesanal. Corrían los años 90, se habían desarrollado las primeras escuelas taller en las que se formaron los canteros, carpinteros, albañiles y herreros que rescataron de la ruina el Monasterio premostratense de Santa María la Real de Aguilar de Campoo y había que seguirse reinventando para no dejar hueco al desempleo.

Es así como de una escuela taller de maquetismo surge este taller del que han salido, desde entonces, 600 modelos distintos y más de medio millón de maquetas a escala de los monumentos más representativos del patrimonio nacional e internacional.

«Todo comenzó de una forma muy modesta». Las primeras maquetas se hacían en barro y en una sola pieza y se centraban en reproducciones del románico palentino, aprovechando toda la información de que se disponía en la Enciclopedia del Románico. Pero con el tiempo la cosa fue creciendo y hoy hacen reproducción del patrimonio mundial.

Un trabajo artesanal que pone en valor la pieza única, el trabajo hecho a mano. «Cada pieza está pintada y retocada a mano y no hay ninguna idéntica a otra», afirma Del Valle, asegurando que hay muy pocas empresas en el mundo que desarrollen un trabajo artesano de este tipo.

Cada pieza tiene detrás un laborioso trabajo de documentación -planimetrías, bibliografías, fotografías- y toda la información que pueden proporcionar los dueños de los edificios, las administraciones y, por supuesto, el equipo de historiadores de la Fundación Santa María la Real, ya que «se trata de hacer la reproducción exacta y fidedigna».

De eso sabe mucho Rosa Martín, que trabaja en este taller desde sus inicios y que fue maestra de escuela taller antes que maquetista. En estos años el trabajo ha crecido y ha evolucionado mucho. Desde las primeras maquetas a escala 1:50 que se hacían en madera con todo detalle y que se podían abrir para ver el interior a joyas patrimoniales de apenas cinco centímetros. «Aquellas maquetas llevaban mucho tiempo y eran muy grandes», señala Rosa. Por eso, y pensando en la gente que quería tener la iglesia de su pueblo en casa o en el turista que quería llevarse un pequeño recuerdo, empezaron a hacer maquetas más pequeñas, a escalas que van desde 1:300 a 1:1000 y piezas que miden entre 5 y 25 centímetros. También hubo que evolucionar en la técnica y los materiales.

«Íbamos aprendiendo sobre la marcha», explica. El barro sustituyó a la madera y durante años fue suficiente para reproducir edificios románicos que son «bajos y toscos». Pero una vez se metieron con las catedrales y estilos como el gótico, la cosa fue requiriendo de más detalle y filigrana. El barro ya no servía y fue sustituido por yeso, escayola, plástico, metal y hasta plastilina.

La creación del prototipo (del que luego se saca la serie de maquetas deseada) siempre es un trabajo laborioso y depende de la dificultad del modelo, porque no es lo mismo reproducir una sobria iglesia románica que la Sagrada Familia. Tanto que el original de una pieza sencilla puede estar listo en un par de semanas, mientras que otras pueden llevar hasta dos meses de desarrollo. Algunas han sido «muy dificultosas» como la fachada de la casa Batlló o la portada de la iglesia de San Pablo de Valladolid y la de la Universidad de Salamanca, tal y como asegura.

Hoy la empresa tiene varias líneas de negocio. Las maquetas a pequeña escala que se hacen a petición del cliente, particulares, asociaciones, instituciones o empresas, y las que por iniciativa del taller van engordando el catálogo de la colección Euromonumenta. Y por otro lado las maquetas a gran escala, que pueden medir entre uno y cuatro metros y reproducir edificios históricos como el monasterio de Coria en Cangas de Narcea que se replicó en tres épocas diferentes. O maquetas de territorio como la que puede verse en el Centro Expositivo ROM de Aguilar que representa el pueblo de Revilla de Santullán en 1.200, echando mano de mucha historia para recrear un momento histórico en el que la actividad de canteros, herreros, orfebres y carpinteros bullía por sus calles.

Son las recreaciones que se destinan a museos, centros de interpretación las que más les gusta realizar, ya que «a la labor de reproducción se une una labor de investigación muy importante».
La mayor parte del negocio, el 60%, está hoy en los encargos privados de instituciones o empresas que piden reproducciones personalizadas para eventos y el 40% en la venta individual o al por menor de maquetas de la colección Euromonumenta con destino a tiendas de regalos y joyerías. Fundamentalmente en el mercado nacional, que absorbe el 80% del negocio, mientras que el 15% se va a Francia y el resto a manos de coleccionistas privados seducidos por la calidad y el nivel de detalle de estas joyas patrimoniales.

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