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OLIBHER

Un ‘aliño’ en la mesa de tres generaciones

Z Vicente Hernández sembró en 1965 el fruto de Olibher en Valladolid. 53 años después es una empresa en expansión en toda España de envasado, venta y distribución de aceitunas, encurtidos, legumbres... y jamones ibéricos. Venden en sus seis tiendas y en reconocidas cadenas de supermercados

MAR PELÁEZ / VALLADOLID
30/07/2018

 

En la raíz: Vicente. En el tronco: Bernardo. En las hojas: Diego y Emma. La aceituna se ha convertido en el hilo conductor de tres generaciones de la familia Hernández desde que Vicente, el abuelo, sembrara en 1965 el fruto de Olibher en Valladolid. «Él se dedicaba a comprar en su pueblo aceitunas para una viuda, pero un año ella no le pudo pagar y le ofreció, como moneda de cambio, traspasarle el negocio en una casa molinera del vallisoletano barrio de La Farola». Así es como, «sin haber salido antes del pueblo», Vicente, su mujer y sus dos hijos trasladaron toda su vida en un camión, en un mes de noviembre «extremadamente frío», desde Sotoserrano (Salamanca) a Valladolid.

Han pasado 53 años desde la mudanza y aquel negocio heredado, y muy modesto, se ha convertido hoy en toda una empresa en expansión por España de envasado, venta y distribución de aceitunas y encurtidos, legumbres, conservas artesanales, especias, bacalao... y «otros productos nuevos», como miel a granel e incluso gazpacho. Todo bajo la marca Olibher, y ‘aderezado’, por aquello de proceder de tierra chacinera, con los jamones y embutidos ibéricos que comercializan desde 2010 con el nombre Diego Hernández.

Los inicios fueron «duros», rememora Bernardo que, a sus 68 años, «es todavía el primero que entra en el almacén y el último que se marcha». Aún recuerda aquellos tiempos, desde que contaba con 14 años, en que subido al camión de madrugada descargaba con su padre y su hermano las aceitunas, llegadas a granel desde Extremadura, en cestos de 50 kilos que había que trasladar a mano al almacén. Las aderezaban y las metían en toneles de madera de 900 kilos para su fermentación. «Eso sí que era trabajo físico», explica.

El espacio en «aquel callejón, en la calle Goya» se quedó pequeño y 16 años después la familia adquirió un terreno en La Flecha. Allí comenzó la expansión. Amplió la cartera de clientes, su ‘carta’ incluyó los encurtidos, pero no creció en personal. Bernardo descargaba, aderezaba, despachaba en el almacén, repartía y llevaba con «boli y libreta» las cuentas.

Sin embargo, el gran ‘aliño’ lo echaron en septiembre de 1998 cuando padre e hijo –Bernardo y Diego– alinearon sus deseos para abrir la primera tienda. «Era mi sueño», explica Bernardo. «Y yo era demasiado inquieto como para seguir estudiando», añade Diego que por aquel entonces estrenaba mayoría de edad y ya estaba curtido en eso de participar en los repartos con su padre. Y la empresa volvió a sus orígenes, al barrio de La Farola.

En el Camino de la Esperanza levantaron la persiana de la primera tienda. Pero «no conformes», cinco años después se instalarían también en el barrio de Parquesol. Luego llegó la del Paseo Zorrilla y la de la Bajada de la Libertad –«la que nos ha dado mayor popularidad»– y hace tres años que abrieron en Palencia. A esto hay que sumar su reciente apertura (el jueves pasado) en el centro comercial de Río Shopping «donde se despiertan los cinco sentidos». «No es una tienda al uso. Allí, además de comprar, se pueden degustar en barra y en terraza los productos que vendemos», apunta Diego, el director de operaciones, quien añade: «Fueron ellos los que nos vinieron a buscar».

Seis tiendas propias en total y dos franquiciadas, abiertas en Burgos y en Santander, mantienen la tradición, conjugándola con un «sabor actual», una imagen moderna y muy cuidada. Al olor característico de las aceitunas se suma el sabor de las banderillas de pulpo o de anchoa, el bacalao, el color de las legumbres o de las latas apiladas con esmero... En sus estanterías no hay pan, ni huevos, aunque sus clientes se lo piden, ya que el lema de la familia es «no dañar al comercio tradicional».

El producto estrella in situ continúa siendo las aceitunas en cualquiera de las 25 variedades que comercializa, aunque, como comenta Diego, «los gustos han evolucionado mucho» desde que él comenzó hace 20 años. «A los jóvenes les gustan los sabores y aliños más raros. Ya no quieren la típica aceituna negra o la morada, prefieren la pico limón», sostiene a modo de ejemplo.

Las aceitunas... y el jamón ibérico. Ese jamón entero o cortado a cuchillo que Diego mima como si de un violín se tratara. Llevan su propia marca. Introdujo el corte en el ‘menú’ de la tienda como una forma de ganar credibilidad y respeto de una clientela que le «veía muy joven» para despachar el mejor producto.
Loncha a loncha se ha convertido en uno de los mejores cortadores de jamón del mundo: Doble récord Guinnes de velocidad de corte, a una rapidez de 2.160 lonchas de 0,5 centímetros de espesor, campeón de España en 2008 y una proyección internacional que le ha permitido pasear su maestría por 33 países.

Olibher vende en sus tiendas, pero su radio de acción llega a toda España. Varias reconocidas cadenas de supermercados, restaurantes, hoteles y bares figuran entre sus más de 300 clientes fijos. Entre todos, consumen al año 160.000 kilos de aceitunas y encurtidos de la marca.

Toda la mercancía pasa por el almacén y centro de envasado que posee actualmente en la carretera de Burgos. En él reciben legumbres de Salamanca, conservas de Galicia, bacalao de Islandia... y preparan «a mano» las cebolletas de Zamora, los pepinillos de Logroño, las aceitunas llegadas de Sevilla y de Cáceres, y les dan su «toque secreto».

No estarán por mucho tiempo en esa ubicación. Tras sortear la crisis sin tocar en hueso, su intención es trasladarse de nuevo a Arroyo el próximo mes de febrero. Ya están construyendo un nuevo centro de envasado que, con 1.600 metros cuadrados, duplicará al actual emplazamiento. Crearán un lineal para envasar en lata pequeña, grande o en cristal; otro refrigerado para aderezar los productos y que salgan de forma uniforme hacia las tiendas, y una zona más de loncheado de jamón.

«No nos conformamos con nada», subraya Diego cuando se habla de futuro, si bien Bernardo es más partidario de «procurar tener un pie asentado antes de dar un paso adelante». Con la mente y la calculadora puesta en las dos ultimas y grandes inversiones, «con cero euros de ayuda pública», el padre sentencia: «El objetivo es en tres años cimentar bien el negocio» y luego... «que se agarre los machos la competencia», concluye el hijo.

LA FICHA DE LA EMPRESA

Historia. El negocio arranca en Valladolid en 1965 de la mano de Vicente. En 1998 Bernardo y Diego, hijo y nieto, abren su primera tienda en la ciudad. Ya cuentan con seis establecimientos y dos franquiciadas.

Producto. Envasa y vende 160.000 kilos de aceitunas y encurtidos al año, además de legumbres, conservas artesanales, bacalao, bajo la marca Olibher, y jamones y embutidos ibéricos ‘Diego Hernández’.

Plantilla. Cuenta con 38 trabajadores.

Expansión. En febrero inaugurará un nuevo almacén y centro de envasado, y acaba de estrenar una tienda degustación en Río Shopping.

 

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