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PÁRAMO DE LA ESGUEVA

Pistachos con tempranillo

JAVIER PÉREZ ANDRÉS
11/05/2018

 

Jose María es agricultor de toda la vida. Nació en Villafuerte de Esgueva, en el marco de una comarca natural que comprende términos municipales de Valladolid, Palencia y Burgos. Es decir, la comarca del valle del río Esgueva que, por estas tierras, se escribe también en femenino, La Esgueva. José María Rey defiende la viña en el solar de sus mayores, pero también el cultivo del pistacho. Y lo hace ante una curiosa paradoja: él es fruticultor y apuesta por las plantaciones de pistacho, toda una innovación en esta tierra, que todavía conserva la arquitectura tradicional de bodegas. Así emerge un fruto nuevo, junto a otro que lleva toda la vida cultivándose, como es la viña y sus uvas. Lo curioso es que ambos crecen al mismo tiempo. Cuando era niño, José María conoció más de una veintena de bodegas familiares que elaboraban vino y que vendimiaban todos los años. Por eso, a mediados de los 90 decidió plantar cepas de tempranillo en su pueblo, sumándose a un racimo de viticultores empeñados en mantener la viticultura en este lugar de Valladolid, que algunos denominan ‘la sexta zona’ vitícola de la provincia.

José María Rey es de la añada del 63. Todavía llegó a conocer el esplendor de la viticultura en todo el valle, cuando las manchas de viñedo y los majuelos ocupaban gran parte de las laderas del entorno, desde Renedo a Tórtoles de Esgueva, pasando por la también cerrateña villa de Castrillo de Don Juan. Villafuerte llegó a tener casi cien hectáreas de viña. Hoy, al menos quedan un par de majuelos sueltos y alrededor de diez hectáreas de nuevas plantaciones. Siete de ellas las plantó José María en el Páramo de la Iruela, que está en la parte alta del sur de la localidad, cuya fortaleza es la sede de la asociación provincial de Amigos de los Castillos, que defiende esta singular arquitectura medieval. Un aspecto que no oculta este viticultor-fruticultor, que sueña con el día de poder recibir a los enoturistas en su nueva bodega para catar sus vinos y probar sus pistachos, después de que hayan visitado el Castillo de Villafuerte.

Todo esto llegará, pues hace años ya apostó por devolver la viña al paisaje rural de su pueblo. Su plantación en espaldera tiene un marco de 3 por 1,50 metros y cada año produce alrededor de 30.000 kilos de uva. Parte de la materia prima la vende a otras bodegas de la provincia, pero una buena cantidad la destina a la elaboración de cerca de 10.000 botellas de media al año, que salen al mercado con la etiqueta Páramo de la Esgueva. Si bien la viña y la uva están en Villafuerte, el lagar y la nave de crianza -con sus 80 barricas de roble- están al otro lado del valle, en el del Duero, en una bodega alquilada en Pesquera. Por causas mayores -principalmente por las dificultades a la hora de encontrar el terreno apropiado para construir una nueva- se vio obligado a cerrar el ciclo del tempranillo de Villafuerte a unos kilómetros de su pueblo.

Al mismo tiempo, José María ha apostado por las plantaciones de pistacho y cuenta con siete hectáreas, entre los términos municipales de Fombellida y Villafuerte, con un marco de plantación de siete por seis metros, de las que espera obtener una producción de mil kilos por hectárea. Sin embargo, junto a su mujer, Ana María Llorente, por fin este año se cumplirá su sueño: construir la bodega en Villafuerte. De esta manera se confirma otro ejemplo más que demuestra la vitalidad y el buen momento que vive la vitivinicultura en el valle. Sus Páramos de la Esgueva fermentarán en casa y seguramente ya no quedará muy lejos el día en que los visitantes degusten los frutos secos de producción propia y caten los vinos de sus viñedos. Pistachos con tempranillo.

 

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