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JUDÍAS DE EL BARCO DE ÁVILA

La perla de Tormes cumple años

Esta legumbre con Indicación Geográfica Protegida (IGP) cumple tres décadas de su aprobación como Denominación Específica

ANTONIO GARCÍA
11/01/2019

 

Uno de los platos típicos de la cocina abulense tiene como protagonistas absolutas a las deliciosas judías de El Barco de Ávila, convertidas en un producto tradicional y delicioso. Su finura, suavidad y mantecosidad hizo que esta legumbre se convirtiera el 5 de enero de 1989 en la primera seca española que vio aprobado su Reglamento de Denominación Específica y su Consejo Regulador.

Aquella fecha supuso todo un hito para esta comarca que se movilizó durante algo más de diez años hasta lograr este reconocimiento del que ahora se cumplen tres décadas en las que se ha impulsado esta legumbre cuyas siete variedades se cultivan en una zona de montaña, con topografía accidentada y de grandes cambios de altitud, pendiente y orientación.

Atravesada por los ríos Aravalle y Tormes, de ahí el apelativo de ‘La perla del Tormes’, esta comarca se encuentra enclavada en la zona norte de Gredos, donde las huertas se sitúan en altitudes que varían desde los 600 hasta los 1.200 metros.

En este lugar privilegiado se siguen cultivando hoy en día estas legumbres cuyo reconocimiento respondió al empeño de toda una comarca, que se volcó para conseguir que las judías de El Barco de Ávila obtuvieran ese marchamo de calidad por parte del entonces Ministerio de Agricultura. Para ello, la entonces Unión de Campesino de Ávila se marcó este objetivo por el que comenzó a luchar en el año 1978 acudiendo a Madrid, impulsando movilizaciones entre los productores y los propios vecinos de la comarca, llegando incluso a dirigirse al entonces presidente del Gobierno, el abulense Adolfo Suárez.

La eliminación del fraude, la consecución del sello de garantía para el producto y la venta conjunta y al mejor precio posible, figuraba entre los objetivos iniciales de quienes se embarcaron en esta aventura que el 27 de julio de 1984 veía cómo el Ministerio de Agricultura aprobaba con carácter provisional la Denominación Específica, hasta completar los trámites que la elevaran a definitiva.

Esos trámites aún se demoraron cuatro años y medio más hasta el regalo de Reyes Magos que se anticipó al 5 de enero de 1989, con la resolución del Ministerio de Agricultura, dando marchamo de calidad a un producto que hoy en día sigue formando parte de la cultura gastronómica abulense, combinado habitualmente con ingredientes del cerdo como el chorizo, la oreja o el rabo.

Hasta llegar al consumidor, el Consejo Regulador de la IGP ‘Judías de El Barco de Ávila’ es el que se encarga de certificar tanto la calidad, como el origen del producto, con el objetivo de garantizar su máxima calidad para los consumidores.

Los controles abarcan todo el ciclo productivo, desde la semilla a las parcelas de cultivo, pasando por las labores tradicionales, la selección y el empaquetado en las plantas envasadoras. Una vez superados todos los rigurosos controles, tienen la autorización para el envasado najo la marca y el logotipo de ‘Judías de El Barco de Ávila’. Desde el Consejo Regulador se insiste en que las judías de la zona son envasadas con la contraetiqueta numerada del Consejo Regulador.

El director técnico de dicho Consejo, Nicolás Armenteros, destaca la labor de «divulgación» que se realiza desde este organismo con el objetivo de «disuadir y persuadir» a los consumidores de que adquieran judías a granel, sin los mínimos controles de calidad exigidos.

Junto a esta labor divulgativa, otra parte del trabajo que realiza el Consejo se centra en la promoción de este producto, asistiendo a diferentes ferias para «mantener viva la imagen de marca» de esta legumbre cuya producción se ve marcada, entre otros factores, por su ubicación geográfica en una zona semimontañosa.

Esa circunstancia hace que el cultivo de judías se realice en parcelas pequeñas o huertas de en torno a una hectárea, según Nicolás Armenteros, que cifra en 40 las hectáreas cultivadas por otros cuarenta productores. Se trata de una cifra baja, dadas las dificultades orográficas para este cultivo que requiere un trabajo prácticamente manual al 100%. Pese a todo, se ha mantenido tanto la producción, como el número de productores, algo que parta Armenteros constituye un «logro».

Las campañas, que comienzan en torno a mayo o junio y culminan normalmente en octubre, rondan las 50 toneladas de judías, con una producción media por huerta de algo más de 1.000 kilos por hectáreas.

Sin embargo, de las siete variedades de judías, el 70% de la producción corresponde a la ‘blanca riñón’, debido a su «calidad extraordinaria», tal y como destaca el director técnico del Consejo Regulador. A mayor distancia, con cerca de un 20% de la producción total, se encuentra el delicioso ‘judión’, característico por su gran tamaño, pero también por su terneza y suavidad. Nicolás Armenteros considera que esta variedad podría dar mucho más de sí, de no ser por el hecho de que se trata de un «cultivo manual 100%», algo que a su juicio «limita sus posibilidades», al requerir mucha mano de obra. No obstante, el hecho de que el ‘judión’ tenga tanta demanda, puede hacer crecer en el futuro la producción.

El resto de variedades –arrocina, blanca redonda, planchada, morada larga y morada redonda- supone el restante 10% de la producción de esta legumbre que se encuentra «indisolublemente ligada» a El Barco de Ávila, según sostiene el concejal de Cultura del Ayuntamiento barcense, Víctor Morugij. Durante este año el Ayuntamiento tiene previsto organizar diferentes actividades para conmemorar las tres décadas de la IGP, al mismo tiempo que se siguen desarrollando diferentes iniciativas, junto al Consejo Regulador, para impulsar su producción y consumo. Esta colaboración se sustancia impartiendo cursos de formación, tanto para agricultores existentes, como para los nuevos, y creando un ‘banco de tierras’ que trata de facilitar terrenos disponibles a los potenciales arrendatarios, así como otro ‘banco’ de demandantes de estos terrenos.

Junto a estas medidas, existe una línea de subvención para fomentar la adquisición de semillas de calidad y autóctonas de la zona. Tanto el Consejo Regulador, con el Ayuntamiento de El Barco de Ávila tratan de fomentar el cultivo entre los más jóvenes, tal y como ha sucedido durante el último año. Todas estas iniciativas podrían contribuir al rejuvenecimiento de unos productores cuya edad media se sitúa actualmente entre 55 y 60 años, según apunta el director técnico de este Consejo Regulador.

La distribución y venta de esta legumbre de consumo es mayoritariamente local y provincial, ya que la zona de El Barco de Ávila, aunque también el resto de la provincia, suponen en torno al 50% de las ventas de este producto. El resto de la comercialización se lleva a cabo a través de tiendas delicatessen o especializadas en legumbres.

Las judías de El Barco de Ávila, en su treinta aniversario como marchamo de calidad, continúan manteniendo en todo lo alto el prestigio de la deliciosa gastronomía abulense.

 

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