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Catedral de Palencia

Otra mirada a la bella desconocida

Un proyecto cultural propone nuevas maneras de acercarse al visitante invitándole a descubrir su rico interior

ALMUDENA ÁLVAREZ
17/04/2017

 

Situada en el barrio más antiguo de la ciudad, la catedral de Palencia se asienta sobre los restos de la antigua catedral románica y de un templo visigodo del que todavía hoy se conserva una parte, en la cripta de San Antolín. En su recorrido se suceden varios estilos artísticos porque su construcción duró 195 años, y su exterior austero, con cinco puertas que nada tienen que ver entre sí, una torre maciza que hasta pensó en demolerse, y su armonioso ábside, no anuncian el esplendor y la riqueza patrimonial y artística que guarda en el interior.

La visita arranca, con el guía Rubén Fernández Mateos, en el lugar donde están los orígenes de la seo, la cripta de San Antolín a la que se accede atravesando el trascoro que mandó hacer el obispo Rodríguez de Fonseca para otorgar a la cripta la monumentalidad que se merecía. Una obra de arquitectura y escultura en la que se mezcla el gótico y el plateresco, donde aparece su escudo, junto al de los Reyes Católicos, en la que destaca un políptico importado de Flandes donde están pintados, en siete tablas, los siete dolores de la Virgen. Delante, la escalinata que conduce al pasado más remoto, a la cripta, donde se renueva cada año la tradición de beber el agua del pozo por sus poderes sanadores y curativos.

Al fondo pueden admirarse los restos del templo visigodo, construido en el siglo VII para albergar las reliquias de un mártir desconocido y a continuación la ampliación que se hizo en el siglo XI en un románico muy primitivo, cuando, en época de Sancho III, se trajeron las reliquias de San Antolín de Francia para restaurar el obispado de Palencia.

De tiempos visigodos y proto románicos viajamos en el tiempo a la Capilla del Sagrario, una de las primeras construcciones tardo góticas que hubo en la corona de Castilla y que construyó el arquitecto francés Isambart en torno a 1420. Esta capilla guarda las reliquias de San Manuel González. Fue la capilla mayor y cuenta con una decoración escultórica «exquisita» con nervios llenos de lóbulos, cogollos vegetales, cabezas de ángeles, ángeles músicos que no pueden verse porque fueron tapados por una falsa bóveda construida para hacer de este, un espacio más recogido para la oración. En su interior descansan los restos de doña Urraca y bajo su sepulcro, el de Inés de Osorio que falleció tres siglos después y yace junto a su doncella, a la que durante siglos han tirado de la coleta las jóvenes casaderas buscando la complicidad errónea de una reina, doña Urraca, que en realidad es una sirvienta.

La siguiente parada está en la Capilla Mayor cuyo retablo es el más antiguo de estilo renacentista que hay en la Corona de Castilla, cuando el reino era tan ancho que iba desde Galicia, Asturias y País Vasco hasta Andalucía. Lo promueve económicamente otro obispo, Fray Diego de Deza, lo ensambla el vallisoletano Pedro Guadalupe y lo esculpe en 1505 Felipe Bigarny, uno de los más importantes de la época. Se amplió posteriormente con las pinturas de Juan de Flandes, que dedicó los últimos diez años de su vida a esta catedral y dejó su autorretrato como firma. Rubén Fernández destaca el colorido vivo, la minuciosidad y el detalle del trazo, el lujo y la suntuosidad de la pintura flamenca y asegura que se trata de unas pinturas de tanto nivel que una de las tablas de este retablo se muestra en el Museo del Prado.

Pero si de admirar obras de «primer nivel» se trata, la parada es obligada en la Sala Capitular y su antesala donde se ubica un pequeño Museo Catedralicio que guarda la gran joya de la seo, un San Sebastián que pintó El Greco en su primera etapa en España, como constata su firma sobre una roca. Nadie sabe cómo llegó la pintura a Palencia.

El museo guarda un díptico de la Pasión de Pedro Berruguete (finales siglo XV); un relieve del retablo mayor de Bigarny, obras de Alejo de Bahía, y una espectacular colección de tapices, piezas muy lujosas llenas de carga simbólica en las que el obispo Fonseca mandó bordar sus escudos.
La visita también enseña otros rincones, hasta 15 capillas y un claustro tardo gótico que el arquitecto Juan Gil de Ontañón realizó en el siglo XVI y desde el que puede verse la bóveda que sirvió de modelo para la Capilla Real de Granada, donde están enterrados los Reyes Católicos. Y una nueva perspectiva aérea desde el triforio.

Siete siglos después del inicio de su construcción, la catedral propone un viaje en el tiempo a través de sus etapas constructivas que la fueron dando forma. Propone un paseo místico y religioso, arquitectónico, artístico e histórico, poblado de grandes artistas, de mecenas que fueron obispos, de avatares y leyendas populares, que quieren sacar del anonimato a la catedral menos conocida de Castilla y León.

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