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TURISMO CULTURAL

Fortalezas que dejan de piedra

Castilla y León concentra numerosas villas amuralladas. Un territorio excelso que ofrece escapadas culturales a pocos kilómetros de distancia

H. MARTÍN
11/05/2018

 

Sus villas fueron construidas como conjuntos defensivos en una época de conquistas y luchas de poder. Hoy, las murallas que aún se conservan han quedado como testimonio pétreo más de tiempos pasados que han pervivido a las nuevas construcciones.

Castilla y León aglutina un territorio privilegiado en cuanto a número y riqueza de villas amuralladas. Fortificaciones que en su día nacieron para proteger a sus habitantes, pero que hoy conservan la belleza y esplendor de glorias lejanas. Cuna y morada de reyes, sus recios muros de piedra han sido testigos de batallas históricas, conquistas y también derrotas. Recorremos algunos de los pueblos que conservan estas edificaciones defensivas. Se trata de castillos y villas amuralladas emplazadas en lo alto de cerros, generalmente sobre anteriores construcciones romanas y prerromanas.

oinciden con las antiguas y emblemáticas cabezas de comunidades de ciudad o villa y tierra medievales, que se crearon a raíz de ser repobladas desde el s. XI al XII con la particularidad de que se auto gobernaban, con funciones incluso militares, debiendo obediencia sólo ante el rey.
Junto a las magníficas murallas que permanecen en un excelente estado de conservación como las de la ciudad de Ávila, Patrimonio de la Humanidad, con dos kilómetros y medio de perímetro y doce metros de altura, podemos realizar visitas a otros lugares de nuestra geografía. Sin salir de la misma provincia encontramos ejemplos como el de Arévalo. La villa se alza en una privilegiada ubicación, entre las depresiones de los ríos Adaja y Arevalillo. La muralla, que se comenzó en el s. XII, rodeó la población adaptándose al desnivel de terreno de los ríos y fue reforzada especialmente por su flanco meridional, donde la topografía del terreno la hacía más vulnerable. Y aunque se haya perdido gran parte de sus lienzos, su perímetro aproximado llegó a ser de 1.630 metros en una extensión del recinto de unas 20 hectáreas.

VILLA DEL LIBRO

Sobre el mar infinito de los Montes Torozos se levanta la villa medieval de Urueña que además de ser Conjunto Histórico puede presumir de pertenecer a la red de los Pueblos más Bonitos de España además de ser, desde 2007, la única Villa del Libro de nuestro país.

Situada a a cincuenta y cinco kilómetros al noreste de Valladolid, merece la pena el viaje para poder disfrutar de un paseo por sus calles empedradas. La mayor parte de las murallas actuales son del siglo XIII y XIV. Conserva las dos únicas puertas: la de la Villa que mira hacia el Sur con arco apuntado, y la del Azogue, que es el camino de entrada a la villa. Se conserva el 80% del recinto amurallado, cubriendo una superficie de casi 7 hectáreas, de forma irregular. Se adapta al escarpado borde del páramo donde se asienta la villa. Las murallas se pueden recorrer por un camino de ronda, desde donde se contempla una extensa panorámica. La mejor hora es la del atardecer, cuando el sol se oculta tiñendo todo de rojo.

TIERRA DE CASTILLOS

Si hay un territorio que destaca tanto en número y relevancia de estas edificaciones defensivas ésa es Segovia. Tanto es así que ha sido calificada en numerosas ocasiones como la «verdadera Tierra de Castillos». Fortalezas que siguen conservadas en excelente estado y ubicadas en conjuntos amurallados que presentan una gran unidad visual.

Así tenemos los excepcionales conjuntos amurallados como el de la villa de Pedraza que estuvo protegida, al menos desde el siglo XI, por una doble línea de muralla. Recorrer sus calles de es viajar al pasado, a una época cargada de romanticismo. En las noches de verano se celebra el famoso concierto de las velas.

Mirando a las Hoces del río Duratón se levanta la noble y señorial Sepúlveda. Conocida como la villa de las siete puertas, por los accesos de su muralla, la espadaña que en el siglo XVIII se adosó al castillo y que está situada en el torreón central formada por dos campanas, sigue tocando cada día la ‘zángana’, el tradicional ‘toque de queda’: 33 campanadas que anunciaban el cierre de las puertas de la muralla y que hoy forman parte de la cultura inmaterial de la localidad.

Junto e estas dos localidades la provincia segoviana puede presumir de contar con otras fortificaciones como la de Maderuelo, Fuentidueña, Coca, Ayllón o Cuéllar. Ésta última, con una cerca militar de origen románico que rodea el casco antiguo de la villa, representa uno de los conjuntos amurallados más importantes y mejor conservados de la comunidad autónoma. Está formado por dos recintos, uno superior, más fortificado, y uno inferior, más urbano. La complejidad y variedad de sus puertas lo convierten en un bien patrimonial de la máxima importancia con una longitud aproximada de 2.000 m. La última restauración fue realizada en 2011. El recinto, que presenta gran semejanza con la arquitectura militar toledana del siglo XIV, fue declarado en 1931 junto al Castillo de Cuéllar, monumento artístico nacional.

Si viajamos hacia el este nos encontraremos con bellos ejemplos en la provincia de Soria, tierra de frontera entre cristianos y árabes durante la Edad Media.

Quien desee adentrarse en un lugar sacado de cuento debe descubrir Calatañazor, una increíble villa que se levanta sobre un promontorio que tiene un ambiente especial. Fue fortificada a comienzos del siglo XII, en época de Alfonso I El Batallador, momento al que pertenece la mayor parte del recinto amurallado que conserva gran parte de su perímetro.

Y en el Burgo de Osma fue el obispo militar Pedro García de Montoya, preocupado por la situación de inestabilidad que reinada en Castilla, quien mandó construir la muralla en el siglo XV. De las cinco puertas que se construyeron se conservan dos de ellas. Un espacio único junto al río Ucero.

 

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