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LA CONCEPCIÓN (VILLALPANDO, ZAMORA)

Los feos más deseados

La familia Burgos elabora desde hace cuatro generaciones unos dulces surgidos de una receta fallida que se han convertido en las pastas más conocidas de esta localidad zamorana

JOSÉ LUIS CABRERO
14/09/2018

 

Nunca un error tuvo un resultado tan provechoso. El fallo cometido por Sinforoso Burgos al elaborar una receta de pastas dio como resultado, a mediados del siglo XIX, un dulce de aspecto poco atractivo que, sin embargo, se sacó a la venta y tuvo una buena aceptación entre los clientes de la confitería que la familia regentaba en Villalpando. Cada vez más gente reclamaba los Feos, así que sus descendientes siguieron cultivando el ‘error’ hasta convertir a los Feos de Villalpando en el dulce más representativo de la localidad.

La receta de los Feos de Villalpando que Sinforoso creó sin buscarlo en 1860 nunca se escribió, a pesar de que la familia conserva un pequeño libro de recetas, escrito con pluma y tintero, muy deteriorado, en el que el primer artesano de la saga volcó las preparaciones que elaboraba habitualmente dentro de la pastelería más tradicional. La fórmula ha pasado desde entonces por la memoria y las manos de su hijo Cruz, por la de su nieto Luis Mari y ahora, desde hace apenas cinco años, se encuentra en poder de Raquel y Maite Burgos Raposo, la cuarta generación de la familia hoy al frente de la confitería La Concepción, donde se elaboran igual que entonces.

Bajo los soportales de la plaza Mayor de Villalpando, Raquel y Maite siguen haciendo los feos todas las semanas con la implicación, ya voluntaria, de su padre jubilado. Almendras, azúcar, harina y huevo. Esa es la receta que los Burgos están dispuestos a desvelar. Ni proporciones, ni sistema de elaboración. «Las almendras troceadas se mezclan con el resto de los ingredientes», explica Luis. El resultado es una masa fuerte y dura, muy pesada y difícil de trabajar que las hermanas manejan a cuatro manos sobre la mesa del obrador para formar un rulo que cortan en varios pedazos. Ahí empieza el secreto familiar. «La calidad de la materia prima que empleamos es fundamental, pero en la forma de hacerlos», añade, es donde está parte del misterio. Las piezas se cortan a mano y, tras pasar por el horno, el resultado es una pasta irregular y crujiente con un intenso sabor a almendra. «Es verdad que son muy feos, pero también es cierto que están muy ricos y que cuando pruebas uno te invita a seguir», dice Luis Mari. «Pastas de este tipo se hacen en otros sitios, pero no son los Feos de Villalpando», asegura Maite.

Lo que los Burgos señalan es que «el proceso se realiza de forma totalmente manual». Solo el batido se realiza con una máquina, el resto corre a cuenta de la pericia del pastelero. «La receta no ha cambiado en absoluto, no se nos ocurriría», dice Raquel, y la manera de elaborarlos tampoco, más allá de sustituir el horno de adobes por el eléctrico, los peroles de cobre por los de acero inoxidable y las espátulas de madera por las de silicona.

Los Feos de Villalpando son el producto estrella de la confitería La Concepción. En los meses de verano, cuando el pueblo duplica su población, llegan a hacer 120 kilos a la semana.

Villalpando ha sido siempre un punto de paso y parada en el trayecto por carretera entre Madrid y La Coruña y, aunque ahora la autovía obliga a ejercitar la voluntad para detenerse un rato, muchos de los viajeros han seguido siendo fieles aficionados a los Feos de Villalpando. «Cuando es puente en Madrid se nota en las ventas, porque la gente para y entra a comprar dulces», dice Luis. Sobre todo los Feos, que se llevan en cajas de medio kilo, a 9,80 euros, o de cuarto, a 4,90, pero también bolsas de margaritas, «madalenas hechas con aceite que duran mucho», o las pastas tradicionales que se exhiben a un lado del mostrador de la pastelería en todo su esplendor.

Los Feos de Villalpando sólo se encuentran en la propia confitería, en algún restaurante y establecimiento de la localidad y en tiendas gourmet y de productos de la tierra de la capital zamorana.

 

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