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PATRIMONIO

Las Edades del Románico

Las Edades del Hombre brindan una oportunidad para descubrir la mayor concentración de arte románico de Europa en templos rurales

ALMUDENA ÁLVAREZ
08/06/2018

 

Puede decirse que este año la sombra de Las Edades es alargada porque conecta directamente, ya desde el título ‘Mons Dei’ y su epílogo ‘Eclesia Dei’, el arte sacro reunido en las sedes de Santa Cecilia y La Colegiata de San Miguel de Aguilar de Campo (Palencia) con la Montaña y el Románico Palentino. Las Edades del Hombre se prolongan así, en su 23 edición, por una comarca salpicada de templos románicos que abren sus puertas al visitante para mostrar la huella que dejó la Edad Media en la Montaña Palentina. De hecho, en esta comarca, situada al norte de Palencia, uno puede acceder a la mayor concentración de románico de Europa, sin tener que hacer grandes desplazamientos, y disfrutar, por el camino, de un entorno natural y paisajístico que ofrece una montaña de posibilidades.

Es Aguilar de Campoo, donde se ubican las dos sedes de Las Edades del Hombre, y el olor a vainilla y galletas impregna el ambiente, el epicentro del arte románico. En esta localidad, el Monasterio de Santa María la Real, el Centro Expositivo del Románico ROM, el Monasterio de Santa Clara o la ermita de Santa Cecilia, invitan a viajar al pasado, mientras los bulliciosos locales que miran a la Colegiata de San Miguel, asentada sobre una fundación visigótica en plena Plaza Mayor, llaman al descanso y al disfrute pausado de la vida.

Entorno a Aguilar estructuramos un recorrido por aquellos espacios sagrados que revelaban lo trascendental a los mortales y que hoy son testimonio de un arte que todavía sigue confesando sus misterios. Ejemplos perfectos del románico más puro localizado en pequeños pueblos orgullosos del arte que conservan y que en muchos casos enseñan los propios vecinos. Modestas edificaciones de piedra y altas espadañas que recortan un paisaje de valles, montañas y rocas.

AL SUR DE AGUILAR

Desde Aguilar de Campoo hacia el sur, en dirección a Palencia, nos detenemos en Becerril del Carpio, un municipio articulado en tres barrios a los que ponen nombre sus iglesias: Santa María, San Pedro y San Vicente, tres templos de pequeñas dimensiones reconocibles por la típica espadaña que apunta a la montaña y singulariza todo el románico norte palentino. Después, en Santa María de Mave, la iglesia, que fue el templo de una antigua abadía benedictina, se conserva en su estado primitivo con tres naves y un sistema de cubrición de las naves importado de Francia que no es frecuente en la arquitectura española y que se convierte en uno de los rasgos más característicos de este templo, en el que tampoco hay que perderse el cimborrio con su esbelta cúpula de media naranja, los capiteles vegetales de la portada.

Hay que detenerse también en el Monasterio de San Andrés de Arroyo, fundado por Doña Mencía en 1190, que conserva la iglesia de una sola nave y tres ábsides y un claustro espectacular donde destaca una columna más gruesa que el resto, que además está totalmente tallada; en la iglesia de San Juan Bautista en Moarves de Ojeda con una fachada románica en la que sobresale un friso dorado con su pantócrator en el centro; o el monasterio de Santa Eufemia en Olmos de Ojeda que conserva perfecta su iglesia del siglo XII. Y por supuesto en la Iglesia de los Santos Justo y Pastor, en Olleros de Pisuerga, una iglesia rupestre excavada en la roca que imita la tipología de los templos románicos con dos naves acabadas en ábsides semicirculares y con la cubierta tallada en forma de bóvedas de cañón en la roca natural. Un templo que, por su gran tamaño, se convierte en algo excepcional entre las iglesias excavadas.

AL NORTE DE AGUILAR
Hacia el norte, a unos seis kilómetros de Aguilar, nos topamos con la Iglesia de San Juan Bautista, en Villavega de Aguilar, una pequeña iglesia románica rural que consta de una sola nave con un ábside semicircular en el que dos ventanas románicas se dejan atravesar por la luz del sol y una cabeza de león engulle una de sus columnas. De una sola nave es también la Iglesia de Santa María la Real de Cillamayor, donde destacan la cabecera y los canecillos que sostienen la cornisa con distintos oficios, fiestas, animales y hasta hombres desnudos; su espadaña de dos ojos y la pila bautismal que guarda en su interior, y que tiene un gran significado simbólico además de la inscripción «Pedro de Cilla me fiz». Muy bellos son también los canecillos de la Iglesia de San Cornelio y San Cipriano, en Revilla de Santullán, que con una nave única sorprende con su portada de infinitas arquivoltas y la perfección de sus tallas. De hecho, este pequeño templo muestra orgulloso una de las portadas más bellas del románico, en la que los maestros canteros dejaron tallada con detalle la Última Cena, con Cristo en la dovela clave y seis apóstoles flanqueando cada uno de sus lados. Pero además, como curiosidad, muestra la imagen del cantero que la hizo, el maestro Miguel, que se talló a si mismo sentado en una silla y con el cincel sobre la piedra, en plena faena, e incluso firmó la obra con la inscripción «Michaelis me fecit». Tampoco hay que perderse los canecillos, que representan a un arpista y a una bailarina, en la Iglesia de Santiago Apostol de Cezura, las pinturas murales del ábside y los capiteles interiores con jinetes luchando o la imagen tallada de Sansón venciendo al león.

ENTORNO AL EMBALSE

También alrededor del embalse de Aguilar se concentran importantes ejemplos del románico rural más puro. Un rosario de pequeños templos que se disponen de manera circular entorno al pantano y en los que bien merece la pena hacer una parada y tomar aire.

Desde la iglesia de Santa Eulalia, en la pequeña localidad de Barrio de Santa María, una modesta ermita que asoma al embalse y vigila el vuelo de las numerosas cigüeñas que eligen este lugar para el descanso, y que protege en su interior importantes pinturas murales del siglo XIII que trasladan a los tiempos del Juicio Final y son uno de los pocos ejemplos románicos conservados en Palencia. Pasando por Vallespinoso de Aguilar, donde hay que levantar la vista para descubrir la imponente ermita de Santa Cecilia, que está encaramada en una roca sobre un manantial, desde donde observa el devenir de los siglos y muestra orgullosa su pórtico con guerreros, centauros y demonios, y el friso que representa el calendario. Después hay que seguir la senda del río Pisuerga para toparnos con la iglesia de la Asunción de Barcenilla, un templo de un solo cuerpo que empezó a construirse en el románico y que ha ido transformándose hasta la última reforma realizada en el siglo XIX.

La siguiente parada está en la Iglesia de Santa Marina, en Villanueva de la Torre, un templo de una sola nave donde destaca la ventana de medio punto que se abre en el ábside y la torre del campanario que, adosada a sus pies, rompe con la línea de su planta, genuinamente románica.

Igualmente presume de una portentosa espadaña la ermita de San Bartolomé que hace equilibrio sobre una ladera en Bustillo de Santullán. Y también las localidades de Matabuena y Villavega de Aguilar se vanaglorian de su románico, con los templos de San Andrés y San Juan Bautista, que comparten espadaña a los pies, una sola nave y el típico ábside semicircular del románico más puro.

Muy cerca, la iglesia de San Martín Obispo es el único resto que se conserva del antiguo monasterio medieval que existió en la minúscula localidad de Matalbaniega, un templo de una sola nave rematado por un ábside semicircular a un lado y una torre hoy incompleta al otro, en el que sobresalen más de setenta canecillos que alternan entre sus representaciones músicos, figuras con poses eróticas y animales, con motivos vegetales y geométricos. Y a pocos kilómetros, la iglesia de Santa Juliana de Corvio, que se presenta como un modesto edificio de reducidas dimensiones que cumple con todos los cánones del románico y a la vez anuncia en su portada principal la llegada del gótico.

 

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