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TURISMO

Una caja de sorpresas en el Tiétar

Candeleda. Situada en la conocida como 'Andalucía de Ávila', esta tierra destaca por su clima templado, una naturaleza exuberante y una cultura sorprendente

ANTONIO GARCÍA
13/09/2019

 

Decenas de personas caminan por el centro de Candeleda (Ávila) detrás de quienes tocan la bandurria y el laúd, mientras los acompañantes cantan una ronda de calle cuyo estribillo resuena por las estrechas calles de la localidad: «Desde que te vi, ya no puedo más, tus ojos morena me van a matar, me van a matar, me tienen a mí, malito en la cama desde que te vi».

«Dame tu morenura, morenita morenita, dame tu morenura?», continúa otra parte de una ronda que se mete en la cabeza y en el corazón por lo que dice y por cómo lo dice, en un ambiente festivos y de camaradería en el que todo el mundo participa recitando, al menos, el pegadizo estribillo. Todo ello forma parte de la idiosincrasia de esta parte del sur de Ávila, cuyo folclore y cultura tienen mucho de verato, dada su proximidad a esa parte de la vecina Extremadura, con la que los candeledanos tienen tanta afinidad.

Situada a 100 kilómetros al suroeste de la capital abulense, Candeleda es toda una caja de sorpresas para quien simplemente piense que es un bonito pueblo del sur de la provincia de Ávila. Siendo eso verdad, lo cierto es que esta localidad de 5.000 habitantes es mucho más. En una encrucizada de fronteras entre las provincias de Ávila, Cáceres y Toledo, Candeleda es un lugar de clima templado, que buena parte del año marca las máximas temperaturas de Castilla y León. No en vano, se encuentra ubicada en la denominada ‘Andalucía de Ávila’, ya que algunas de sus costumbres y formas de vida tienen que ver con el sur de España, aunque su cercanía a Extremadura la hace beber de algunas de sus costumbres.

La entrada principal desde la cercana localidad abulense de Arenas de San Pedro es toda una carta de presentación, con una avenida repleta de grandes palmeras, que hace plantearse al visitante si en realidad está en Ávila, una provincia relacionada en el imaginario colectivo con otro paisaje y otro clima bien distinto.

Una vez en el pueblo, la escultura de una cabra hispánica, emblema de la cercana Sierra de Gredos, recibe al visitante dándole la bienvenida a una localidad en la que los cabreros forman parte importante de su cultura y sus costumbres, así como de su economía, si bien hace unas décadas su peso fue mayor.
Ahora la cabaña caprina, aunque sigue teniendo importancia, ha visto reducir el número de cabezas significativamente, aunque desde el punto de vista gastronómico su peso sigue siendo significativo con su famoso queso de cabra y su delicioso cabrito, alimentado en la vertiente sur de Gredos.

Ese macizo montañoso también impregna una parte de su personalidad a Candeleda, en cuyo término municipal se encuentra una parte del Parque Regional de la Sierra de Gredos.

Muy cerca, en El Raso, anejo de Candeleda, se encuentra uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de una provincia repleta de importantes castros vettones. En una destacada ubicación sobre el río Alardos, el castro de El Raso, ocupado en los siglos II y I a.C., se sitúa en un lugar estratégico desde el que sus habitantes controlaban los accesos a la montaña, así como el inmenso valle que se divisa a sus pies y que abarca parte de Cáceres y Toledo. El castro, de imprescindible visita por su imponente enclave, sus inmejorables vistas y su relativo buen estado de conservación, está protegido por un fortín, un foso y una muralla que encierra veinte hectáreas de terreno. En su interior se conocen varios barrios con varios tipos de casas, algunas de las cuales han sido reconstruidos para que los visitantes se hagan una idea más certera de cómo vivían sus habitantes.

Se han hallado herramientas de hierro para trabajar la tierra, la piedra y la madera, así como distintos tipos de cerámicas. En su exterior se han hallado varias necrópolis y un santuario.

Muy cerca de allí, en un lugar de exuberante vegetación, se encuentra uno de los lugares más venerados y queridos por los candeledanos: el Santuario de la Virgen de Chilla, patrona de la localidad. Construido entre los siglos XVI y XVII, el pequeño templo se encuentra rodeado de naturaleza por los cuatro costados, con Gredos de fondo y con vistas al cercano pantano de Rosarito.

De vuelta al casco urbano de Candeleda, el visitante se dará cuenta de que el clima benigno hace que sus vecinos hagan mucha vida en unas calles repletas de rincones preciosos, especialmente dentro de un singular casco histórico, repleto de casas encaladas de blanco y con vigas de madera. Las calles del Pozo o del Moral son un ejemplo de ello.

Además, una de las características de este pueblo es el colorido de unos balcones que parecen engalanados durante todo el año, gracias a las decenas de geranios los adornan, llamando la atención de quien pasea junto a ellos, sin más remedio que alzar la mirada hacia el cielo en busca de estos lugares tan mágicos.

Uno de los ejemplos más significativos de este tipo de ‘floridos’ edificios es la Casa de las Flores, que alberga el original Museo del Juguete de Hojalata. Situado en pleno centro de Candeleda, el inmueble, que data de 1862, cuenta con ocho balcones repletos de flores todo el año. Cuando uno los mira, permanece embelesado y sin poder retirar la mirada del edificio y de sus cuidadas macetas.

Desde ese céntrico lugar, es recomendable pasear por las estrechas y adoquinadas calles del centro de esta localidad en la que sus vecinos se caracterizan por la cercanía, la hospitalidad y la sencillez. Además, al hablar por primera vez con ellos, se detecta un acento alejado del de la mitad norte de la provincia. Se trata de un acento con un cierto deje extremeño, que también llama la atención del visitante.

Muchas de esas personas con las que se puede hablar mientras se pasea, trabajaron hasta no hace demasiado tiempo en el campo y algunas aún continúan haciéndolo. Unas con el ganado, otras en la ya prácticamente desaparecida producción del tabaco y otras en la elaboración del pimentón, conocido como el ‘oro rojo’.

La producción de este último, que aún continúa realizándose aunque a menor escala que antaño, ha marcado, no sólo la economía de esta zona del Bajo Tiétar, sino también una parte de la arquitectura tradicional del municipio, con los numerosos sequeros que aún pueden contemplarse en preciosos parajes.

Se trata de singulares construcciones empleadas desde el siglo XVII hasta nuestros días para secar el pimiento con el que se elabora el famoso pimentón candeledano. Sin duda, constituyen uno de los mayores tesoros etnográficos del Valle del Tiétar.

El pimentón marca una parte de la gastronomía de Candeleda, que cuenta entre sus exquisiteces con el riquísimo queso de cabra, el cabrito, las migas del pastor, las patatas revolcones o las sopas de cachuelas y las carillas, sin olvidar los higos, también típicos de la comarca.

Muchos personajes más o menos conocidos han disfrutado de estos manjares y del entorno que ofrece Candeleda. Entre ellos el rey Alfonso XIII, que visitó el municipio en julio de 1911, o el exprimer ministro británico, John Major, que suela visitar esta localidad que hace unos años le dedicó una avenida y le erigió un monolito en agradecimiento a la proyección exterior que su presencia ha dado a Candeleda, situada en ese cruce de caminos entre tres provincias.

Un municipio que también cuenta con otros atractivos como la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en cuyo interior puede verse un singular retablo de cerámica, realizado en 1540 por el talaverano Juan Fernández, autor de una parte de los azulejos del Monasterio de El Escorial. Entre su patrimonio también figura la ermita en honor a San Blas y el Museo Etnográfico, dividido en dos plantas. En la primera se recuerda el centenario de la visita de Alfonso XIII y en la segunda pueden verse dos exposiciones: ‘La Candeleda medieval’ y ‘Celtas al sur de Gredos’. Todos estos ingredientes, y muchos más que hay que descubrir por uno mismo acudiendo a esta zona, hacen de Candeleda un lugar muy recomendable para una estancia que no defraudará y en la que el visitante tendrá la oportunidad de disfrutar de la historia, la cultura y el patrimonio. También de una deliciosa gastronomía y una naturaleza en estado puro, que invita a realizar algunas rutas de singular belleza y distinta dificultad en función de las fuerzas y de las ganas.
Quienes acudan a esta zona de la vertiente suroeste de Gredos, tendrán la oportunidad de relajarse con caminatas de dificultad media o baja, aunque la proximidad del macizo gredense ofrece la posibilidad de disfrutar con otro tipo de rutas de gran dificultad.

 

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