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BODEGAS SUBTERRÁNEAS

Arquitectura del vino

Hoy son lugar de reunión y disfrute, manteniendo viva la esencia de la elaboración el vino. Con cuatro conjuntos Bien de Interés Cultural, Castilla y León atesora un patrimonio al que es fácil asomarse para descubrir la arquitectura del vino

JOSÉ LUIS CABRERO
14/09/2018

 

Cientos de bodegas centenarias definen el perfil de Castilla y León en comarcas tradicionalmente vitivinícolas. Es la arquitectura del vino que se esconde bajo tierra, la huella de una cultura que en muchos casos desapareció y en otros muchos aun se conserva. Todavía hoy, a pesar del paso del tiempo, es facil asomarse a auténticos laberintos de bodegas centenarias y viajar a un tiempo en que no había familia que no tuviera un majuelo y conociera los secretos de la elaboración del vino. Los términos zarcera, respiradero, descargadero, lucera, lagar, huso, viga, cuba o sisa formaban parte del vocabulario cotidiano y la fórmula del prensado de la uva y la transformación del mosto en vino pasaba de unas generaciones a otras.

Hoy zarceras, chimeneas, respiraderos, descargaderos y luceras son la bandera visible del legado que nuestros antepasados nos han dejado bajo tierra. En el interior, lagares, husos, grandes vigas y carrales, estancias frescas con techos abovedados, olor a humedad y a alcohol, a horas de trabajo y a calor familiar. Un aliento del pasado que hoy todavía puede sentirse en muchos pueblos de Castilla y León donde se mantienen en pie barrios enteros de bodegas subterráneas, autenticos templos del vino que hablan de costumbres, de tradiciones y de sus gentes, que regalan impresionantes vistas panorámicas y hasta la oportunidad de disfrutar de un vaso de vino.

Astudillo, Torquemada, Palenzuela, Castrillo de Don Juan, Dueñas, Cevíco de la Torre, Baltanás, Fuensaldaña, Trigueros, Cubillas, Cigales, Mucientes, Aranda de Duero, Atauta,…suman cientos de cavidades subterráneas que asoman y emergen de la tierra como pequeños poblados, en unos casos, y forman laberintos de galerías bajo el casco urbano, en otros.

Pero solo cuatro han sidodeclarados como BIC en la categoría de conjunto etnológico. Las de Aranda de Duero, en Burgos;. Baltanás y Torquemada en el Cerrato palentino; y el conjunto de bodegas ‘El Plantío’ de Atauta, en San Esteban de Gormaz, en Soria.

AIRES MEDIEVAL ES EN ARANDA

Con una longitud total cercana a los 7 kilómetros y excavadas a unos 13 metros de profundidad, las bodegas subterráneas de Aranda se han convertido en uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad, con visitas guiadas y catas que hablan de la historia de la Ribera del Duero, y de cómo los arandinos de los siglos XIV y XV, en la Edad Media, excavaron un entramado de increibles túneles bajo sus casas para conservar el vino que contribuía al sustento de la economía familiar. Hoy se conservan menos bodegas de las que se construyeron y se ha ido perdiendo la comunicación que existía entre todas y que convertía el subsuelo de Aranda en una gran ciudad subterránea, aunque en muchos casos siguen comunicadas por una puerta de madera. Pero todavía siguen en pie 135 bodegas subterráneas, excavadas a una profundidad de entre 8 y 11 metros, que se conservan en muchos casos gracias a la labor de los vecinos y las peñas. La mayoría se encuentran en las calles Isilla, Cascajar y Barrio Nuevo, donde hay 52 bodegas, la zona de Santa María con 25 y en las calles Ricaposada y San Gregorio con 20 bodegas.

Y además se pueden realizar visitas a las bodegas históricas y al Centro de Interpretación de la Arquitectura del Vino (CIAVIN), que abre sus puertas al conocimiento de bodegas silenciosas y lagares con enormes prensas de madera que forman parte de la rica cultura del vino en la Ribera del Duero.

PROFUNDIDADES EN BALTANÁS

Construidas a partir del siglo XV en las afueras del pueblo, las bodegas de Baltanás se amontonan en un único cerro, -el cerro donde antiguamente se encontraba el Castillo-, dibujando a lo lejos un paisaje lunar en el que se cuela la silueta de la torre de la iglesia de San Millán. Éste es un conjunto etnográfico único en Castilla y León, tanto por la extensión (55.080 metros cuadrados) y el número de bodegas, 374 (aunque llegó a haber más de 500), como por su buen estado de conservación y su antigüedad ya que hay referencias de 1.543 aunque algunas podrían remontarse a la Edad Media.

Horadadas en diferentes niveles, -hasta seis- y con incontables formas, entre todas modelan una montaña en pleno nucleo urbano, con calles horizontales a las que se accede por el camino de la Torre, el camino Alto y el camino Llano.

En lo arquitectónico, chimeneas, humeros y zarceras dibujan la forma exterior de este singular barrio, cuadrados o circulares, mas grandes o más pequeños en funcion de su uso, y con la hipótesis de que su atractivo pudo incluso encandilar a Gaudí y servirle de inspiración en el diseño de las chimeneas de la casa de La Pedrera de Barcelona.

Junto a ellos, los descargaderos por donde se echaba la uva que caía en el lagar. Y las fachadas, construiadas en mampostería de piedra y sillería en las esquinas, con las típicas puertas de madera alineadas, orientadas al norte para que no entre el sol y con aberturas para que el vino respire. Y los bancos de piedra para sentarse, conversar y admirar algunas de las mejores vistas de Baltanás y del Cerrato palentino.

Ya por el cañón de bajada, uno se teletransporta en el tiempo admirando sisas cubiertas por bóvedas donde reposa el vino y se almacenan las cubas, el lagar donde se prensa la uva gracias a la mécanica casi romántica que se establece entre la viga y husillo, la cocina con chimenea, fogón y bancos para sentarse, el pozal donde se va almacenando el vino procedente del lagar y la pila en la que se recoge el mosto. Una magia que se puede contemplar en algunas de ellas, las que han mantenido la elaboración artesanal del vino, aunque casi todas siguen en uso solo para meriendas y reuniones de amigos.

BODEGAS DE TORQUEMADA

Otro caso excepcional es el de Torquemada, con casi mil bodegas separadas en dos barrios, Ladrero y Carrevillamediana, más espectacular el primero que el segundo por su tamaño, 477 bodegas subterráneas horadadas en una superficie de 13 hectáreas, a pesar del lamentable estado en que rehabilitaciones posteriores lo han dejado. Bloques de hormigón, coloridos alicatados, ladrillo caravista, puertas de chapa y antenas de televisión afean la belleza de este conjunto que hoy es testimonio del poderío vitivinícola de este municipio, considerado, en el siglo XIX, como una de las bodegas más importantes de Castilla.

Situadas al oeste del casco urbano y construidas con un gran desnivel hasta alcanzar una profundidad de unos ocho metros para poder alcanzar la temperatura y la humedad óptima del vino, estas bodegas tradicionales representan la importancia que tuvo el cultivo del majuelo y la crianza de caldos en esta comarca regada por el rio Arlanza. El conjunto se desarrolla en cinco barrios de desigual tamaño, -Valdesalce, bodegas de Ladrero, bodegas de Barrionuevo, bodegas del Paramillo y bodegas de Carrovillamediana-, todos caracterizados por calles rectilíneas, casi paralelas, que configuran el poblado de lagares donde antiguamente se elaboraba el vino.

LA JOYA BAJO TIERRA DE ATATUA

Las bodegas de El Plantío en Atauta, en el municipio soriano de San Esteban de Gormaz, han sido las últimas en sumarse a la red de conjuntos etnográficos de la Junta de Castilla y León. Basta asomarse al Paraje del Hondo para admirar la peculiar configuración urbanística y paisajística de las 141 bodegas subterráneas situadas a los pies del pueblo de Atauta. Construidas en su mayoría durante el siglo XIX, aprovechando los terrenos arcillosos impermeables que facilitaban la excavación de las galerías, y conservadas hasta hoy por los vecinos, el conjunto bodeguero, -que incluye lagares y lagaretas construidos en adobe o mamposteria de piedra- se descubre en un paraje natural rodeado de viñas y tierras de labor, rodeado de caminos rurales. Y puede contemplarse sin obstáculo alguno desde todos los cerros que lo rodean, incluido el pueblo de Atauta situado en lo alto de una rocosa cornisa de unos 970 metros de altitud. A la vista se descubren 141 bodegas subterráneas, 15 lagares, 9 lagaretas, tres castillos y cuatro palomares salpicando una superficie de 24.200 metros cuadrados.

 

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