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VALLADOLID

Vuelos sin aterrizajes forzosos

Drontecnic diseña un dron con un sistema que evita que el equipo se caiga cuando el motor falla / Cuenta con una ‘autoescuela’ para pilotos de estos vehículos.

E. LERA
02/05/2018

 

Graban y fotografían el mundo. Son cronistas con hélice del tamaño de una caja de zapatos que permiten descubrir lugares que antes ni imaginaría. Levantan vuelo y, guiados por control remoto, desaparecen. O No. Los vehículos aéreos no tripulados, conocidos como drones, han colonizado la existencia de la mano de la robótica y de la inteligencia artificial. Facilitan la vigilancia y la observación en tiempo real de catástrofes naturales, y permiten un mayor control del tráfico, del funcionamiento de una fábrica y del paso del tiempo en el patrimonio y en la agricultura. Son aliados con aplicaciones infinitas que se encuentran en modo de espera por la paralización de la normativa de uso, cuyo Real Decreto se aprobó el pasado mes de diciembre.

Equipos hay muchos pero made in Spain no tantos. En Valladolid, en concreto en la localidad de Laguna de Duero, Enrique Miguelsanz es el fundador de Drontecnic, una empresa que fabrica drones destinados, sobre todo, a la industria. Además, cuenta con una escuela de vuelo, en la que sacarse el carné para pilotarlos. Sus usuarios son muy variados y en su cartera de clientes se encuentran empresas de la talla de Eural, Fomento de Construcciones y Contratas y Socamex. También ha impartido formación a miembros de Acor y Probisa. En este sentido, avanza que en próximos días se reunirá con la Policía Municipal de Valladolid para informar sobre sus equipos y ver la manera de trabajar juntos.

Un camino que ya ha empezado a recorrer con la Universidad de Valladolid. Aunque aún es pronto para desvelar los detalles, el electrónico industrial va a colaborar para desarrollar softwares sobre los drones. «Es un campo muy grande con vistas al futuro tanto en el desarrollo de equipos como en la protección de seguridad y control de vuelo», expone antes de comentar que, por un lado, van a estudiar la previsión de impactos con paracaídas y airbags y, por otro, la utilización de la visión artificial para sortear los obstáculos durante el vuelo.

En la actualidad cuenta con cuatro modelos habilitados por la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) y un hexacopter coaxial con capacidad de carga de un kilo que verá la luz en próximos días. Se caracteriza por llevar dos motores que evitan que cuando se produce un problema en uno de ellos, el equipo realice un aterrizaje forzoso. «Cualquier dron cuando falla el motor o la hélice se cae al suelo. No hay posibilidad ni software que recupere la posición. Con este modelo se puede evitar e, incluso, el piloto no lo notará», expone. Una ventaja competitiva a la que se une que el servicio técnico y el mantenimiento se realizan en España.

Todos sus desarrollos están adaptados a las necesidades del cliente. Apunta que, por ejemplo, se pueden embarcar cámaras multiespectrales para trabajos de agricultura de precisión, cámaras termográficas para la prevención y detección de incendios, entre otras. Los objetivos de estos sistemas aéreos pilotados de forma remota son inspecciones de tendido eléctrico, parques fotovoltaicos, inspección técnica de edificios...

Los chasis de todos sus modelos son de carbono. A esta peculiaridad se suma la controladora del equipo y un montón de accesorios destinados a recibir información del vehículo: duración de la batería, coordenadas, ubicación del GPS, entre otros datos. La transmisión en tiempo real también es «crucial», ya que desde abajo se ve lo que sucede arriba. El broche lo pone el control que son los variadores de velocidad, las hélices y los motores. El precio ronda los 3.000-4.000 euros y pueden volar de forma legal hasta los 120 metros en vertical y 500 en horizontal. Eso sí, reconoce que están preparados si se elimina la limitación del software de control hasta los dos kilómetros. «Es un tema peligroso porque podrían llegar a chocar con un Boeing 747», subraya Enrique Miguelsanz. Todos sus drones están registrados y cuentan con un número de serie.

En esta línea, indica que existe «un agujero de seguridad terrible». Son muchos los particulares que con sus equipos «comprados en Amazon o Aliexpress» toman el cielo sin ninguna preocupación y sin ninguna regulación. «Hasta que no pase algo no se tomarán medidas». De ahí que el Plan Estratégico de Drones sea tan importante para los profesionales. Permitirá su utilización en entornos donde hasta ahora no era posible como el sobrevuelo de inmediaciones de edificios, poblaciones y reuniones de personas al aire libre y en vuelos nocturnos. Pasos para adaptar su regulación al emergente crecimiento del sector.

El fundador de Drontecnic lamenta la paralización de la normativa, ya que muchos trabajos «se quedan en el cajón» porque aún no son legales. «Hay propuestas para hacer inspecciones técnicas que no se pueden llevar a cabo porque la ley lo impide. Si lo haces y no pasa nada pues ahí se quedará el asunto, pero si pasa entonces saldrá en los periódicos y se le caerá el pelo tanto a la entidad contratante como a la empresa encargada de la tarea», expone.

Otra de las líneas estratégicas de su negocio es la escuela de vuelo para personas que quieren dar un giro a su vida profesional y convertirse en pilotos de drones. Para ello, el primer paso es superar el reconocimiento médico para la obtención de la licencia de piloto de aeronave ligera. Lo realiza un médico aeronáutico autorizado por AESA. «Es muy delicada la parte de daltonismo y visión y te pueden tirar por ahí», advierte. Con el certificado bajo el brazo, el siguiente paso será apuntarse al curso que tiene tres partes: teórica de los equipos, simulador de vuelo y examen práctico.

En la primera de ellas el instructor imparte nociones sobre electrónica, componentes y las comprobaciones que se tienen que realizar antes de embarcarse en el viaje. En segundo lugar, a través del simulador de vuelo se aprende a volar y a hacer ejercicios. La obtención de este carné se logra tras superar el examen que se lleva a cabo en la localidad vallisoletana de Bocigas. Allí, Enrique Miguelsanz examina a sus alumnos a través de la realización de una serie de figuras como círculo, cuadrado y rectángulo para comprobar que tienen capacidad para volar. Entre sus pupilos se encuentran personal de empresas dedicadas al mantenimiento de carreteras, extinción de incendios, particulares que quieren aprender a volar y fotógrafos.

 

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