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SORIA

Vitamina D para envejecer de forma saludable

Investigadoras de la Uva demuestran que su deficiencia en longevos está asociada a estados de depresión y ansiedad

N. F.
03/12/2019

 

Es algo incuestionable que la esperanza de vida ha crecido de manera significativa en las últimas décadas, aunque quizá no ha llegado acompañada de la calidad de vida deseada entre las personas longevas, por ello se hace cada vez más necesario el dar ‘vida a los años’, es decir conseguir que el envejecimiento sea en mejores condiciones físicas y psíquicas.

La investigadora soriana Zoraida Verde, que pertenece al departamento de Bioquímica de la Facultad de Ciencias de la Salud Campus Universitario de la Universidad de Valladolid, lleva años investigando sobre temas relacionados con el envejecimiento y con su último estudio puede aportar luz a esta cuestión. Acaba de publicar un artículo científico, en el que detalla la relación de los niveles de vitamina D con la calidad de vida entre la población mayor, del que se pueden extraer importantes conclusiones. La más destacada es que los niveles bajos de esta vitamina están asociados a estados elevados de ansiedad, depresión y carencias en movilidad, por lo que su ingesta en longevos podría ser efectiva para prevenir estas patologías.

La vitamina D está relacionada con el envejecimiento y «se ha convertido en un nuevo biomarcador muy importante a tener en cuenta», explica Zoraida. Sin embargo, cuenta con un efecto pleiotrópico, es decir, es poco específico, al estar relacionado con un deterioro en general no afecta a una patología concreta. La vitamina D está involucrada en la absorción y distribución de calcio, por eso se la relaciona habitualmente con las enfermedades óseas, pero además se han observado otros efectos.

Los receptores de esta vitamina (VDR) y las enzimas activadoras están presentes en diferentes tejidos. La deficiencia de vitamina D se ha asociado con un mayor riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes, cardiovasculares y la demencia. Se ha convertido en un problema de salud pública, en especial en los grupos de población de riesgo y juega un papel fundamental entre los adultos mayores, porque tienen un alto riesgo de tener niveles bajos de esta vitamina.

Por ello, el estudio de Zoraida Verde planteó como objetivo inicial examinar los valores de vitamina D en una muestra de 273 sorianos, mayores de 65 años a los que se examinó la relación entre el biomarcador de la vitamina D y su estado o función física. Este estudio ha sido desarrollado en colaboración con el laboratorio de Bioquímica del Hospital Santa Bárbara y los Departamentos de Enfermería y Bioquímica y Biología Molecular de la UVA.

El grupo de trabajo interdisciplinar ha permitido relacionar lo datos bioquímicos con los resultados sociosanitarios, lo que ha otorgado una gran fiabilidad a la investigación que es bastante completa.
La muestra se seleccionó entre población sana, sin enfermedades renales, ni demencias, sin problemas de movilidad o trastornos psíquicos que pudiesen afectar al metabolismo óseo. Del grupo de la muestra, el 47% eran hombres, el resto mujeres. La edad media se situó en los 75,7 años, dentro de un rango de 65 a 94 años. Todos los longevos evaluados residían en sus domicilios, es decir que no estaban internados en geriátricos y a todos ellos se les tomaron muestras para evaluar la vitamina D y otros marcadores metabólicos como el calcio, el fósforo, la albúmina y el paratiroides, para los que se contó con la colaboración del laboratorio del Hospital Santa Bárbara de Soria.

Zoraida Verde explica que se eligieron estos marcadores metabólicos porque «son niveles que disminuyen con la edad». Además, dentro del estudio se evaluó a cada persona para ver si tenían problemas de demencia. Los niveles de creatina, calcio o fósforo sirvieron para excluir posibles patologías que pudiesen ser las causantes de la modificación de los niveles de vitamina D.

Asimismo todas las personas que participaron en la muestra se sometieron a dos test sociosanitarios que permitieron conocer su calidad de vida y su fuerza muscular, El primero (EQ-5D) recogió datos sobre movilidad, cuidado personal, actividad diaria, dolor, estado de depresión y ansiedad. El segundo, algo más subjetivo, permitió a cada individuo autoevaluarse sobre su estado de salud. Las investigadoras comprobaron que los resultados de ambos estaban correlaccionados. Es decir, aquellos individuos que se calificaron con un estado de salud bueno fueron los que obtuvieron mejores resultados en los cinco parámetros del EQ-5-D, citados anteriormente, y al contrario, los que se sintieron peor coincidieron con una peor evaluación. La recogida de datos se realizó en dos periodos. Entre enero y mayo de 2018 y entre enero y mayo de 2019.

Los resultados del estudio a la población de la muestra indicaron que el 65% de las personas presentaban niveles deficientes de vitamina D , para otro 25% eran insuficientes y solo para el 10% restante eran adecuados. En la confrontación entre las muestras bioquímicas y los test de calidad de vida se observó que las personas con bajos niveles de vitamina D estaban relacionados con aquellos que presentaban más ansiedad y depresión, por un lado, y con menor movilidad y fuerza muscular, por otro.

Por ello, de este estudio se extrae la necesidad de identificar de manera temprana los niveles inadecuados en la población mayor y así poder mejorar la calidad de vida. «La ingesta de la vitamina D podría ser una estrategia para atenuar la dependencia de la edad en la salud», según se recoge en el estudio de las dos investigadoras, «pero para ello se requieren de más estudios para superar estas estrategias y fortalecer sus beneficios para aumentar la calidad de vida de los adultos», según se desprende del estudio.

Verde considera que sería importante contar con estudios de suplementación de este tipo de vitamina para poder establecer protocolos clínicos y posibles futuras terapias.

Este es el primer estudio que asocia los biomarcadores del metabolismo óseo con cada una de las cinco dimensiones de calidad de vida en una población mayor de 65 años.

Las investigadoras consideran que la muestra de población que ha sido sometida a las pruebas es suficiente para ofrecer datos concluyentes.

Zoraida Verde puntualiza que la investigación sigue abierta y para ello va a recopilar muestras de otros biomarcadores relacionados con el envejecimiento, con el fin de completar los estudios y los datos ya publicados. Además, ahora que se conoce que los niveles bajos de vitamina D son habituales entre la población mayor «tenemos también que determinar dónde están las causas del origen de esta deficiencia», aclara la experta, quien señala la idoneidad de analizar los factores genéticos y relacionarlos con los valores que ya se conocen.

El estudio de estas dos investigadoras y profesoras de la Facultad de Ciencias de la Salud forma parte de una línea de trabajo más amplia que está enfocada a la Gerociencia, con la que se pretende estudiar el envejecimiento, que arrancó en 2015, en el Campus Universitario soriano.

Uno de los aspectos que tiene en cuenta la Gerociencia es la comorbilidad. Con la edad aparecen distintas enfermedades crónicas que no pueden ser atacadas a la vez, hay algunas que han tenido más desarrollo en su investigación, y por tanto el tratamiento es más exitoso que otras, por lo que el aumento de longevidad no suele venir acompañado de un aumento en la calidad de vida.

El daño en el adulto mayor aparece de forma logarítmica al final de la vida debido al proceso de envejecimiento y no al simple hecho del paso de los años. Entonces el principal factor de riesgo de las enfermedades crónicas es el envejecimiento como tal y «si nos centramos en conocer ese proceso de envejecimiento nos podremos centrar en atacar más enfermedades y dolencias que vienen con el envejecimiento» , explica Ana Fernández.

En los años que han trabajado en esta línea de investigación, los estudios desarrollados han abordado diferentes procesos de envejecimiento, tanto los aspectos genéticos como los bioquímicos que ayudan a envejecer mejor. «Porque nadie se opone a que, gracias a la ciencia, hayamos alargado la vida, pero si la alargamos que sea con buena calidad de vida», concluye Ana Fernández.

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