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VALLADOLID

Veladores del sueño nocturno infantil

Investigadores de la UVA analizan la actividad eléctrica del cerebro en niños que padecen apnea del sueño. Buscan encontrar relación entre la aparición de problemas cognitivos con este trastorno respiratorio.

E. LERA
15/10/2019

 

Observar a un niño dormir es cautivador. Cuando esto no es así, el pequeño presenta un problema que hay que estudiar a fondo. Tener el sueño fragmentado y no reparador provoca múltiples efectos secundarios, que van desde alteraciones en el comportamiento a un trastorno respiratorio más grave llamado apnea del sueño. Afecta al 5% de la población infantil y consiste en la aparición de episodios de ausencia total o disminución significativa de la respiración, que se repiten durante toda la noche.

Los síntomas más habituales son pausas respiratorias, así como la aparición de ronquidos. En el caso de los niños, una de las señales de alerta es el agrandamiento de las amígdalas y de las vegetaciones, lo que deriva en un estrechamiento de la vía aérea superior. Durante el sueño, la disminución natural del tono muscular y dicho estrechamiento provoca que el aire pase con dificultad hacia los pulmones. Pero ahí no se queda el problema, esta dolencia está asociada a otras graves enfermedades cardiometabólicas. Entre sus principales consecuencias se encuentra la fragmentación del sueño y que este no sea reparador. No obstante, la aparición de déficits cognitivos y trastornos conductuales son vistos como algunos de los efectos negativos más dañinos para los niños, debido a que pueden afectarles durante años impidiéndoles alcanzar objetivos académicos y de madurez.

El tratamiento más habitual, y también el más eficaz, es la cirugía para quitar las amígdalas y las vegetaciones, que, además, ha demostrado su eficacia revirtiendo los síntomas cognitivos. No obstante, con los niños hay que tener especial precaución antes de aplicarlo, sobre todo si son muy pequeños. Por ello, la investigación se coloca en un lugar destacado. Conocer los porqués es básico para avanzar por el camino correcto.

Investigadores del grupo de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Valladolid (UVA) analizan la actividad eléctrica del cerebro de los niños durante el sueño con dos propósitos. En primer lugar, quieren saber si existen diferencias en dicha actividad entre los pequeños que padecen apnea del sueño y los que no. En segundo, buscan conocer si esas diferencias pueden decir algo acerca de la capacidad cognitiva de los afectados por la enfermedad.

Para ello, cuentan con más de 700 niños divididos en diferentes grados de severidad de la dolencia, incluso el no padecimiento de esta. Para reclutar a tantos sujetos y establecer sus diagnósticos han contado con la colaboración de investigadores de la School of Medicine de la University of Missouri Health y de la Unidad del Sueño del Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid.

El proyecto, tal y como explica Gonzalo César Gutiérrez, investigador postdoctoral en el grupo de Ingeniería Biomédica de la UVA, es innovador porque no existe hoy en día un protocolo para establecer si un niño con apnea del sueño presenta afectación cognitiva, y mucho menos uno basado en el análisis automático del electroencefalograma, como sería el caso si esta propuesta llegase a implementarse.

La tecnología en la que se basa es un procesado automático de señales biomédicas. En concreto, análisis de redes correlacionales, es decir, un análisis avanzado de las relaciones entre las diferentes informaciones obtenidas del electroencefalograma y el resultado de tests neurocognitivos –como los que dan el coeficiente intelectual– practicados a los pequeños.

En su opinión, algunas de las principales ventajas derivan de que se mediría la afectación cognitiva de manera automática a través del análisis del electroencefalograma nocturno registrado durante la propia prueba diagnóstica. Esto supone, según sostiene Gutiérrez, que la determinación de la afectación cognitiva sería más objetiva por no depender de la valoración subjetiva de un especialista concreto. Además, añade que sería mucho más rápida, «en cuestión de segundos». Ambas circunstancias facilitarían tanto la toma de decisiones terapéuticas como si es necesario practicar la cirugía o, por el contrario, se puede esperar un tiempo a que el niño tenga más edad y aguante mejor la intervención. «También haría que estas decisiones fueran más rápidas, disminuyendo el tiempo que los pacientes requerirían para acceder al tratamiento».

El investigador de la UVA considera que la iniciativa es pionera porque, hasta donde llega su conocimiento, no existen estudios que pretendan realizar una evaluación automática de la afectación cognitiva en niños que padecen apnea del sueño. En esta línea, indica que el proyecto arrancó en enero de 2018 y finalizará el próximo año. ¿Cómo surgió? Fue un «paso natural» en la unión de las líneas de investigación clásicas desarrolladas por el grupo de Ingeniería Biomédica de la UVA: el estudio de la apnea del sueño y el análisis del electroencefalograma para el estudio de diferentes enfermedades neurodegenerativas.

Gonzalo César Gutiérrez ha sido premiado con el Young Investigator Competition Awards por este trabajo. Un «extra de motivación» para seguir avanzando. El siguiente movimiento es intentar encontrar marcadores de afectación cognitiva en los niños con apnea del sueño. Hasta el momento, comenta que se han encontrado los indicios de que esos marcadores existen en el electroencefalograma, pero les falta determinar con exactitud la información que va a permitir decir claramente que esa afectación cognitiva existe.

A esto se suma el análisis de otro grupo de sujetos pediátricos cuya actividad eléctrica se registrará en sus domicilios en vez de en un hospital. «Pretendemos ver si las posibles diferencias entre niños sanos y niños afectados son más fiables si el registro se realiza en su entorno de sueño habitual», avanza. Para ello, contarán con la empresa de terapias respiratorias Oxigen Salud, que prestará apoyo económico y logístico para hacer los registros en las casas de los más pequeños.

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