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ÁVILA

Tratar el cáncer de cérvix en una operación

El Servicio de Obstetricia y Ginecología del Complejo Asistencial utiliza una técnica que permite conocer, en tiempo real, si el ganglio centinela está infectado sin necesidad de una segunda intervención quirúrgica.

E.L.
12/06/2018

 

Cada año más de 500.000 mujeres desarrollan un cáncer de cérvix en el mundo, y alrededor de 266.000 mueren por esta patología, lo que representa una mujer cada dos minutos. La principal causa es la infección persistente por el virus del papiloma humano, un proceso de transmisión sexual altamente contagioso y frecuente. El cuerpo de la mayoría de las afectadas es capaz de combatirlo pero en ocasiones conduce a un cáncer. El tumor da la cara y con él la hemorragia anormal vaginal y las molestias durante las relaciones sexuales. Entonces, toca tratarlo ante la rabia y la impotencia de quien lo sufre. Detener la enfermedad en estadios iniciales es vital para mejorar el pronóstico de las pacientes.

El Servicio de Obstetricia y Ginecología del Complejo Asistencial de Ávila utiliza una técnica que permite conocer, en tiempo real, si el ganglio centinela está infectado sin necesidad de una segunda intervención quirúrgica. El proceso consiste en aplicar un colorante fluorescente (verde de indocianina), junto con un sistema de luz de infrarrojos cercanos y un avanzado sistema de reproducción de imágenes, para visualizar el sistema linfático alrededor del tumor en los cánceres de endometrio y cérvix sin necesidad de radiactividad.

«El ganglio centinela es el primer ganglio que recibe el drenaje linfático del tumor primario. Su identificación y posterior biopsia en el acto quirúrgico permite valorar la progresión del cáncer desde su lugar de origen a través del sistema linfático. De esta forma, evitaría realizar un vaciamiento de toda la cadena de ganglios linfáticos para estadificar los tumores y disminuiría la agresividad de la intervención, los riesgos y los posibles efectos secundarios de la misma», explica María José Velasco, jefa de Servicio de Obstetricia y Ginecología del Complejo Asistencial de Ávila.

Hasta la aparición de esta técnica, la identificación del ganglio centinela se solía realizar inyectando un trazador radiactivo en las proximidades del tumor que posteriormente se detectaba en el acto quirúrgico mediante sistemas avanzados de sondas que determinaban la actividad radiactiva. Estos sistemas de detección del ganglio centinela requerían la manipulación de trazadores radiactivos, que sólo podían realizarse en los servicios de medicina nuclear.

En los hospitales que no disponían de este tipo de servicio, como es el caso de Ávila, las pacientes debían ser trasladadas a otra ciudad, que contara con una Unidad de Medicina Nuclear, para que realizaran la inyección del radiotrazador; en su caso, este paso solía llevarse a cabo el día anterior –la paciente era trasladada a Salamanca al Servicio de Medicina Nuclear, inyectaban el trazador y volvía esa misma tarde al hospital abulense– y al día siguiente era intervenida para detectar el ganglio centinela, cuenta Velasco.

La ventaja que tiene este nuevo sistema es que no utiliza trazadores radiactivos, por lo que no requiere de un Servicio de Medicina Nuclear; la inyección se lleva a cabo en el mismo acto quirúrgico y la identificación del ganglio se realiza por visión directa. Evita, por tanto, desplazamientos de las pacientes y proporciona un método visual de identificación en vez del contaje de la actividad radiactiva, detalla para, a continuación, añadir que este procedimiento está validado a nivel nacional e internacional en numerosas patologías y en la actualidad varios grupos de trabajo lo utilizan ya en el manejo del cáncer de endometrio y cérvix.

En el caso de estas dos últimas enfermedades, expone que entra en juego otra discusión: la cirugía mínimamente invasiva. La tendencia es realizar este tipo de intervenciones mediante laparoscopia, es decir, por una serie de técnicas endoscópicas que permiten realizar el mismo procedimiento quirúrgico sin necesidad de abrir a la paciente. A día de hoy se puede aplicar en gran parte de los cánceres ginecológicos, con los mismos resultados oncológicos en cuanto a supervivencia o recidivas, pero con mejor tolerancia por parte de las pacientes, recuperación más temprana y menor agresividad quirúrgica, reconoce la jefa de Servicio de Obstetricia y Ginecología del Complejo Asistencial de Ávila.

La realización de la biopsia selectiva del ganglio centinela se inició en cánceres de mama y posteriormente en el cáncer de vulva, pero poco a poco se ha ido aplicando a otras patologías. De hecho, el hospital abulense ha sido el primero de Castilla y León que ha llevado a cabo un proceso de estas características para el cáncer de cuello uterino. De momento, es pronto para determinar más ventajas pero María José Velasco tiene claro que el hecho de no depender de un Servicio de Medicina Nuclear es «un gran avance» para la seguridad y la mejora de la calidad asistencial de los pacientes.

Este complejo hospitalario fue uno de los primeros de la Comunidad que realizó intervenciones de cánceres por laparoscopia. Comenzó en el año 2007 con esta técnica que, tal y como explica, es un procedimiento más complicado que requiere «una amplia formación de los profesionales» y que a pesar de estar reconocida su eficacia, la realidad es que su utilización es «poco homogénea» en los diferentes hospitales; algunos servicios realizan gran parte de las intervenciones por este procedimiento, mientras que otros lo usan únicamente para operaciones de poca dificultad como la patología anexial benigna (quistes, embarazos ectópicos, ligaduras de trompas…) o como mucho para realizar histerectomías no complicadas (extirpación del útero por hemorragias o miomas pequeños, entre otros).

«Las intervenciones por patología oncológica tienen mucha mayor dificultad, sobre todo porque van unidas, en muchos casos, a la extirpación de los ganglios linfáticos que suelen estar cercanos a los grandes vasos, lo cual complica mucho este tipo de intervenciones; sin embargo la ventaja para las pacientes es muy grande, ya que el posoperatorio es mucho mejor y el tiempo de ingreso disminuye de forma considerable», concluye.

 

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