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LEÓN

Talento recuperado para reconvertir la mina

El investigador Juan Riaza busca las mejores alternativas para aprovechar las escombreras de minas cerradas de Castilla y León / Su objetivo es minimizar el impacto medioambiental mejorando los espacios.

E. LERA
26/09/2019

 

Juan Riaza cogió el petate y se marchó a crecer como profesional. Tras acabar su tesis doctoral, este ingeniero de minas asturiano emigró para buscar oportunidades. No lo hizo solo. En todo momento estuvo acompañado de su mujer, con la que comparte sueños y amor. Durante cinco años vivieron en Edimburgo, y luego en Leeds. Tenían estabilidad laboral y podrían haberse quedado para siempre, sin embargo, querían regresar a España. Anhelaban mucho su vida, el entorno natural y a su familia.

Ahora han vuelto siendo tres con una mochila cargada de conocimiento y vivencias. Talento recuperado que seguirá creciendo en el Centro Internacional de Materiales Avanzados y Materias Primas de Castilla y León (ICAMCyL), que trabaja desde León comprometido con el desarrollo de la competitividad y crecimiento de las industrias de la Comunidad. Riaza trabaja en varios proyectos regionales e internacionales.

Tarantula –así se llama el que está financiado por la Unión Europea– tiene como objetivo la recuperación del Wolframio, Niobio y Tántalo presentes en los residuos y subproductos de los procesos mineros de extracción y separación de otros metales. «Estos metales son considerados estratégicos debido a que solo abundan en ciertos países y son esenciales para nuevas aplicaciones tecnológicas, lo que genera una enorme dependencia del exterior», explica.

En el proyecto Valuecyl, este asturiano busca las mejores alternativas para aprovechar las escombreras de minas cerradas de Castilla y León. «La minería metálica de hace tan solo unas décadas no tenía la tecnología de la que disponemos ni la necesidad de ciertos metales que ahora son muy reclamados por la industria debido a sus aplicaciones en nuevas aleaciones especiales o electrónica», apunta para, a renglón seguido, matizar que estos minerales metálicos se encuentran en las escombreras de minas antiguas y es necesario rescatarlos. Un nuevo concepto de minería que «maximiza» la recuperación de recursos en explotaciones mineras y «minimiza» el impacto medioambiental mejorando el espacio minero.
A la vez también intenta conseguir financiación para avanzar en la investigación en nuevas iniciativas de captura de CO2 en procesos industriales, nuevos materiales de carbono, valorización de cenizas de carbón o biomasa y aplicación de energías renovables como la energía solar en procesos mineros. Pero ahí no se quedan sus aspiraciones. El ingeniero de minas quiere reconvertir los espacios mineros abandonados o en proceso de restauración en cultivos energéticos.

En este sentido, Riaza señala que la minería requiere de movimiento temporal de gran cantidad de materiales creando extensos huecos y acopios de materiales residuales en escombreras. «Estos terrenos han de ser restaurados conforme a la ley de minas para que la naturaleza recupere su espacio, minimizando el impacto medioambiental al final del proyecto minero. Algunas minas cesaron su actividad antes de que existiera dicha ley y por tanto se encuentran abandonadas sin restaurar», subraya y agrega que esta circunstancia representa «un impacto muy negativo» en el medio ambiente y la salud de las personas.

Por este motivo, recalca que la restauración implica «un gran reto», debido a la ausencia de materia orgánica, escasez o ausencia de suelo y su acidez por la oxidación de los minerales del subsuelo. «Hay casos de restauración ejemplares en España donde se ha conseguido recuperar en poco tiempo lo que fue un espacio minero y se ha transformado en un paraje integrado con el entorno natural». Aun así, detalla que en muchos casos estos terrenos no suelen ser aptos para el cultivo de alimentos o pasto de ganado debido a la presencia de metales en el suelo, por lo que se convierte en un terreno marginal de escaso valor y uso.

«El cierre a una mina implica pérdida de empleo y de una fuente de riqueza». Motivos que le empujan a seguir avanzando para cultivar especies de ciclo corto que generen biocombustibles de forma sostenible, como pueden ser pellets, biodiesel o biogás. Así, Riaza comenta que se podrá alimentar «la creciente demanda de biocombustibles» para generación de calor y bioenergía renovable. Su fin último es generar una actividad económica alternativa con el cultivo, el procesado y la transformación de la biomasa en energía o biocombustibles.

En su opinión, es necesario trasladar la investigación y la innovación que se desarrolla en universidades y centros de investigación al tejido empresarial. Además, el asturiano considera clave que los programas de retorno del talento deberían replicarse a nivel nacional para evitar «regionalismos que limitan que el talento español pueda optar al retorno en otras comunidades». «El contexto de crisis e incertidumbre económica –continúa– no ha ayudado a que estas convocatorias sean del todo exitosas. Para aquellos que ya están plenamente asentados en el extranjero regresar supone un riesgo muy alto si no se asegura la estabilidad laboral. Pero soy optimista y espero que esto pueda cambiar para que podamos atraer mayor talento».

Juan Riaza sostiene que formarse o vivir una experiencia en el extranjero es «muy recomendable y enriquecedora». Sin embargo, afirma que es importante crear más oportunidades laborales para regresar. A esto se une, dice, que la ciencia e innovación requieren de «un marco regulador y presupuestario estable a largo plazo y la publicación del calendario de convocatorias, que suponen un gran avance que permite cierta planificación y disipa mucha incertidumbre». Peticiones a las que se suma la reducción de plazos para lograr un proceso de evaluación objetivo.

Para el investigador asturiano, la divulgación científica permite acercar la ciencia al gran público y en consecuencia lograr un mayor reconocimiento social de la carrera investigadora y la innovación. «Espero que esa cultura innovadora permita también una mayor salida laboral y movilidad del talento innovador entre investigadores académicos y tejido empresarial», concluye.

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