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LEÓN

Simulaciones numéricas para la sociedad

El Centro de Supercomputación de Castilla y León es un referente internacional que busca focalizar su trabajo en la investigación.

E.L.
03/07/2018

 

Es una herramienta fundamental para la investigación tanto para almacenar y generar grandes cantidades de datos como para la aplicación de modelos computacionales que ayuden a entender la realidad, imitarla y ver cómo afectan los sistemas naturales a las personas con la meta de adelantarse a sucesos. El supercomputador es una máquina que es capaz de realizar una gran cantidad de operaciones por segundo. Operaciones que acaban en distintos derroteros: desde simuladores del clima a modelos de cerebro, sin pasar por alto los trabajos encaminados a prevenir y tratar enfermedades cardiovasculares.

Castilla y León cuenta desde hace 10 años con su propio Centro de Supercomputación, con sede en el campus de Vegazana de la Universidad de León. Scayle –así se llama– tiene la misión de fomentar el uso de las tecnologías relacionadas con la computación para la mejora de la competitividad de empresas y administraciones de la Comunidad, en particular de las universidades y centros de investigación.

Gestiona infraestructuras y colabora en proyectos de investigación que llevan a cabo otras entidades. También, como medio propio de la administración regional y de los centros universitarios, aporta servicios en la nube, consultoría y colaboración en tecnologías de la información y la comunicación. Una apuesta por estar en la vanguardia que, en opinión de Vicente Matellán, director general de la Fundación Centro de Supercomputación de Castilla y León, es fundamental para el bienestar de cualquier sociedad. «La coincidencia en el tiempo con la creación del Incibe, entonces Inteco, ha ayudado mucho a generar un ecosistema TIC en la comunidad autónoma y en León, en particular. Es evidente que ha supuesto un antes y un después», expone.

Scayle gestiona dos infraestructuras diferentes y distintos servicios para diversas administraciones y entidades. La infraestructura más conocida es el supercomputador Caléndula. «En realidad, no se trata de un ordenador enorme, que es lo que la gente suele pensar. Ya hace mucho, antes incluso a la creación de este centro, que los superordenadores son realmente complejos con miles de máquinas que utilizan unos sistemas especiales de gestión de los programas, de los ficheros, etc. para poder abordar problemas muy complejos», aclara para, a continuación, matizar que Caléndula tiene sus más de 7.000 cores organizados en clusters que permiten ajustarse a las necesidades de los usuarios, aquellos que necesitan nodos con mucha memoria, otros mucho almacenamiento...

La segunda gran infraestructura que gestiona el Centro de Supercomputación de Castilla y León es la Red Regional de Investigación y Desarrollo (RedCAYLE), que se basa en una red de fibra oscura de más de 1.400 kilómetros que llega a los campus universitarios de las capitales de provincia de la Comunidad, así como a los de Béjar y Ponferrada. Además, se sigue extendiendo para alcanzar los hospitales o centros de investigación, como el Centro de Desarrollo de Energías Renovables (Ceder) de Soria.

Pero no sólo gestiona infraestructuras hardware, también, según explica Matellán, controla software, en el caso de la plataforma de virtualización que da servicio a la Gerencia Regional de Salud de Castilla y León.
Presume de que, a pesar de la crisis económica, el primer éxito es su mantenimiento. Expone que otros como el de Murcia tuvo que cerrar. El saber hacer de esta máquina gigante se reflejó en la demostración de la existencia de ondas gravitacionales, una investigación que obtuvo el premio Nobel. «Los éxitos son de los científicos que usan sus servicios para desarrollar nuevos materiales, por ejemplo, en la captura de CO2 para mejorar genéticamente las razas de producción animal o para predecir tormentas».

De cara al futuro, Scayle va a caminar hacia tres destinos. En primer lugar, Matellán quiere focalizar el centro en el entorno de la investigación. «Aunque seguimos apoyando a la administración pública en proyectos de cloud, tanto las propias administraciones como el mercado van teniendo experiencia y capacidad, por lo que Scayle creo que ha cumplido con éxito su misión de prospector tecnológico en ese campo y ya no debe ser su misión principal», sostiene.

En segundo lugar, la idea que tiene el director general de la Fundación Centro de Supercomputación de Castilla y León es convertir este pilar digital en «un socio estratégico» para los grupos de investigación en su búsqueda de financiación competitiva. «Hasta ahora habíamos sido más una herramienta que un socio, creemos que podemos aportar ese valor añadido», detalla y añade que, entre otros logros, han firmado ahora mismo con la Comisión Europea un proyecto que liderará la Universidad de Valladolid sobre modelos de evolución forestal.

El broche a estos planes futuros lo pone el posicionamiento. Vicente Matellán quiere aprovechar la presencia del Incibe y el uso intensivo que necesita en el ámbito de la ciberseguridad para intentar convertir a Scayle en un referente en supercomputación en esa área. «Todas estas ideas no se implantan de un día para otro, requieren mucho tiempo. No son estrategias a corto plazo, son estrategias a largo plazo», recalca.

Defiende a capa y espada que el centro se situara en León porque se dan unas condiciones climáticas apropiadas para lo que se conoce como free cooling –enfriamiento rápido–, que es «muy importante» porque la refrigeración es uno de los costes de operación más sobresalientes, pero no es lo más relevante. «Lo más relevante es la apuesta por crear un ecosistema TIC y la Universidad de León es un agente de referencia en ese sentido».

Matellán afirma que la ciencia ha cambiado profundamente en los últimos 15 años. «Quien se imagine a un investigador en genética rodeado de probetas o a un astrofísico mirando por un telescopio está muy equivocado. Todos ellos trabajan hoy delante de una pantalla y realizan gran parte de sus experimentos en supercomputadores como Caléndula», declara.

En su opinión, la ciencia es «la mejor inversión» para garantizar el bienestar futuro. «Aquellos países que no apuesten firmemente por la inversión en investigación lo van a pagar a largo plazo. Y la supercomputación es una de las herramientas fundamentales hoy en día para casi todas las ramas de la ciencia».

Reconoce que su centro no está en la liga de los mejores del mundo porque eso sólo está al alcance de los estados, incluso ya ni eso, la Unión Europea está embarcada en el proyecto para crear la próxima generación de superordenadores y competir en China y Estados Unidos. No obstante, considera que está al nivel de cualquier centro de supercomputación mundial en cuanto a calidad de servicios prestados; la capacitación del personal técnico, que es «un activo primordial» para poder dar servicio a los investigadores, o la actualización tecnológica.

Para Vicente Matellán, la supercomputación camina hacia uno de los mayores avances que puede lograr el cálculo intensivo, la simulación y el análisis masivo de datos: la medicina personalizada.

V. Matellán / director general de la Fundación Centro de Supercomputación

«Los modelos de éxito incluyen empresas que donan dinero a los centros de investigación»

El director general de la Fundación Centro de Supercomputación de Castilla y León, Vicente Matellán, lamenta que, aunque el sector público dice creer que la ciencia es fundamental, cuando aparecen las crisis la inversión en esta rama del saber humano es de lo primero que se recorta. «No sucede lo mismo en Alemania o Corea, donde de verdad creen en ello», apostilla.

No obstante, apunta que el sector privado tampoco se preocupa de la inversión en investigación e innovación. «Muchas empresas piensan que es el Estado, es decir, los contribuyentes, los que tienen que subvencionarles por hacer investigación o colaborar con las universidades y centros de investigación. Les oigo quejarse de que el Estado no les da ayudas para I+D», sostiene para, a continuación, lanzar un mensaje contundente: «Los modelos de éxito incluyen empresas que donan, invierten, mucho dinero en las universidades y centros de investigación porque saben que a medio plazo obtendrán el talento y a largo plazo serán nuevos negocios».

Para Matellán, los ciudadanos tienen que cambiar su mentalidad. Dejar de lado las infraestructuras tradicionales, como las autovías, en pro de modelos mucho más competitivos, como, por ejemplo, la supercomputación. «¡Menos hormigón, más supercomputación! Sería un buen lema para una campaña», afirma.

El director general de la Fundación Centro de Supercomputación de Castilla y León indica que lo más importante es crear, atraer y retener talento. «Y cuando digo talento no me refiero a algo innato. Ese talento se crea, pero no es fácil hacerlo. Tenemos que transmitirle a nuestros jóvenes que hay que intentar cosas difíciles, como estudiar ciencia e ingeniería, que, aunque es complicado, tiene un retorno».

En su opinión, España paga muy mal a los científicos, por este motivo, no es capaz de atraer profesionales de calidad. Para Matellán, la clave está en atraer talento. «Si atrajésemos a los mejores científicos, nuestras empresas patentarían más y nuestras universidades serían aún mejores. ¡Dejen de preocuparse de que nuestros científicos se van fuera! Pretender que se queden aquí todos es provinciano y proteccionista. ¡Lo malo es que no vengan de fuera!», concluye. 

 

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