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VALLADOLID

En la senda del rescate de la audición

El IBGM trabaja para obtener células humanas con el fin último de realizar terapias regenerativas.

E. Lera
11/09/2018

 

El oído es uno de los sentidos más importantes del ser humano. De él depende la capacidad de relacionarse con los demás. En niños está íntimamente unido a la atención, la percepción y la discriminación. En adultos, una adecuada salud auditiva permite mantener el equilibrio físico. Entre los síntomas que delatan esa pérdida están el pedir que la gente te repita las cosas, oír algunas letras mejor que otras y la necesidad de concentrarse para oír a alguien hablar. Una enfermedad que en los adultos suele empezar a partir de los 50 años y en la que tiene mucho que ver el abuso de auriculares y la sociedad actual donde el tráfico y el ocio provocan un ruido ambiental que supera el umbral permitido. De hecho, hay profesiones que están condenadas, es el caso del personal de control de tierra en aeropuertos, los mineros, los pilotos de Fórmula 1, los camareros de discotecas, los jardineros o los mensajeros motorizados. No son los únicos pero sí los que sus lugares o medios de trabajo superan los 85 decibelios. Para prevenir el problema, hay que utilizar protección auditiva y combinarlo con una dieta saludable, en la que el alcohol y el tabaco no aparezcan ni de visita en ocasiones especiales. También es necesario mantener a raya algunos disolventes o fármacos.

La clave está en no hacer oídos sordos a los problemas de sordera. La cuestión es que, a veces, se escapa de tus manos. La investigación es la encargada de dar luz a diferentes vías que persiguen restaurar la audición. Y es que según la Organización Mundial de la Salud, unos 466 millones de personas padecen pérdida de audición, lo que viene a ser el 5% de la población mundial y se cree que este porcentaje irá aumentando hasta un 10% de cara a 2050. En España los números tampoco arrojan buenas perspectivas. La sordera afecta a un millón de personas de las que casi el 72% tiene más de 65 años y entre uno y cinco recién nacidos de cada 1.000 llegan al mundo con algún tipo de problema auditivo, según el Instituto Nacional de Estadística.

Por ello, un equipo de investigadores del Instituto de Biología y Genética Molecular (IBGM) y de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona trabaja para obtener células similares a las que se degeneran y originan la pérdida de audición, las células ciliadas, que permitan realizar estudios detallados de su biología y fisiología de cara a potenciar su supervivencia en condiciones adversas –por ejemplo, la exposición a ciertos antibióticos, a algunos fármacos usados en tratamientos contra el cáncer o a ruidos intensos–, así como para usarlas en posibles terapias regenerativas en un futuro.

«En la actualidad no existe ninguna forma eficaz de insertar células exógenas en el epitelio sensorial coclear, que es donde residen las células ciliadas responsables de percibir la señal sonora. Este epitelio es un tejido extremadamente organizado, compuesto por células de varios tipos que están dispuestas de una forma precisa, y muy reacio a la entrada de posibles células donantes», puntualizan los investigadores Thomas Schimmang y Beatriz Durán.

A diferencia de otros grupos de investigación, los científicos vallisoletanos no usan ni células embrionarias ni células madre de pluripotencia inducida, ya que, aunque tienen «un gran potencial» de diferenciación, adolecen «ciertos problemas importantes». Por estos inconvenientes, utilizan fibroblastos humanos, células de la piel que ya están totalmente diferenciadas, con lo cual se evita el riesgo de inducir la formación de tumores al ser trasplantadas. Además, añaden, son fáciles de conseguir –los cultivos se obtienen a partir de pequeñas biopsias de piel de donantes, un procedimiento nada invasivo–, lo cual posibilitaría el preparar células dirigidas hacia el linaje del oído a partir de una biopsia del propio paciente, evitando problemas de compatibilidad.

El método que han seguido consiste en «la expresión forzada» de tres genes que juegan un papel esencial en la diferenciación de las células ciliadas óticas. De ahí que su procedimiento sea «mucho más rápido» que cualquiera de los existentes. Es, además, una metodología más factible que generar células madre de pluripotencia inducida, puesto que esta última vía requiere «conocimientos técnicos muy específicos» y acarrea «un alto coste económico».

Es verdad que el modelo propuesto por los investigadores del IBGM conlleva problemas, entre otros, el número de células disponibles para los experimentos o la resistencia de los fibroblastos a diferenciarse hacia otro linaje celular. A esto se une la utilización de virus para obligar a los fibroblastos a expresar genes que interesan para el estudio.

Thomas Schimmang y Beatriz Durán exponen que en la actualidad se presentan dos caminos para restaurar la audición. Por un lado, se ha comprobado que existe una población muy pequeña de células que actúan como células progenitoras en modelos animales de recién nacidos, que permiten cierta regeneración de células ciliadas al nacer, pero estas células no se activan ya después de pasados unos días, con lo cual incluso esa pequeña capacidad se pierde. «Se ha estudiado en animales, pero nunca en humanos», puntualizan para, más tarde, manifestar que el siguiente paso sería caracterizar las células progenitoras e intentar conseguir activarlas para obtener una reparación desde el centro del mismo órgano auditivo. Ya se ha avanzado en la caracterización, sin embargo, todavía no se ha encontrado el botón que encienda la activación en animales adultos.

Por otro, se busca obtener células lo más similares posible a las células ciliadas del oído interno a partir de otro tipo de células que sean exógenas al órgano auditivo. Hasta el momento, se han realizado varios estudios utilizando células embrionarias de ratón y humanas y también de células madre de pluripotencia inducida, así como otros tipos celulares con capacidad para diferenciarse a distintos linajes celulares, como las células madre mesenquimales.

«Los mayores logros se han obtenido con las células madre embrionarias y las células madre de pluripotencia inducida, puesto que son más plásticas, es más fácil dirigir su diferenciación y se puede trabajar con ellas sin que el número de células sea un factor limitante a la hora de hacer experimentos», afirman a la vez que admiten que tienen un lado negativo que se encuentra en la posibilidad de que haya células en los cultivos obtenidos que, o bien no se han diferenciado, o que se han diferenciado parcialmente, lo que puede dar lugar a la formación de tumores si se trasplantan a un organismo; además de los problemas éticos que plantea el uso de células madre embrionarias humanas.

Los fibroblastos humanos no tienen contraindicaciones e intentan acabar con un problema que todavía no tiene solución. Cuando las células ciliadas están dañadas falta «el intermediario» para percibir el sonido. En algunos casos se pueden emplear implantes cocleares, que estimulan las neuronas; sin embargo, estas prótesis no siempre funcionan y la calidad de las señales percibidas puede estar lejos de lo deseado. «Y es que las células ciliadas del oído del mamífero no pueden regenerarse. El daño es irreparable y progresivo, llegándose a una pérdida permanente de la audición», lamentan los investigadores del centro vallisoletano.

Su trabajo busca, a largo plazo, establecer un tratamiento que permita corregir cualquier mutación patogénica que llevara un paciente. Después de ese paso, los fibroblastos aislados de la piel del paciente podrían reprogramarse hacia diferentes tipos de células que necesitaran ser reparadas, como las células ciliadas en el oído.

THOMAS SCHIMMANG Y BEATRIZ DURÁN / INVESTIGADORES DEL IBGM

«No hay mecanismos suficientes para incorporar a los jóvenes investigadores al mercado laboral»

Thomas Schimmang y Beatriz Durán aseguran que la investigación básica es importante para desarrollar nuevos productos para el mercado. «Aunque hay algunas iniciativas para mejorar la financiación en este sector, la cantidad de dinero que se destina sigue siendo muy inferior a la invertida en comunidades como Cataluña y el País Vasco», exponen para, más tarde, dejar claro que esta circunstancia hace «prácticamente imposible» llevar a cabo líneas de investigación competitivas que puedan llevar productos al mercado y así devolver a la sociedad la inversión que se ha hecho en investigación.

Por este motivo, sostienen que las administraciones, que están haciendo «un mayor esfuerzo» para mejorar el apoyo a la investigación, con proyectos que permitan la contratación de investigadores cualificados o para centros de excelencia, tienen que mantener estas iniciativas y aumentar más los fondos para que Castilla y León sea competitiva a nivel nacional e incluso internacional.

Schimmang y Durán no son muy positivos a la hora de hablar de contratación. Según exponen, «no hay mecanismos e inversiones suficientes que permitan la incorporación de jóvenes investigadores al mercado laboral». «Están bastante bien preparados –continúan–, pero desde el inicio de la crisis económica se ha cerrado el mercado laboral para estos jóvenes investigadores. Ahora existe un tapón para la entrada al mercado laboral porque durante muchos años no hubo suficientes contratos y plazas».

En este sentido, describen un escenario nada halagüeño para la economía española: «Durante las vacaciones en otros países europeos como Alemania y Reino Unido uno suele encontrarse con muchos jóvenes investigadores españoles que han emigrado y probablemente no volverán porque las condiciones allí son más favorables». En España dicen que el trabajo de un investigador está normalmente «mal pagado» y, además, no hay suficientes contratos y plazas en las universidades o el CSIC, con lo cual hay una tendencia a que la gente con más talento opte por no seguir en investigación.

 

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