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BURGOS

La radiografía del suelo que mejora el vino

Agrae realiza «mapas de suelo» en viñedos de la DO Ribera y Rioja para conocer mejor sus características y ahorrar costes.

A. ÁLVAREZ
14/11/2017

 

Tomando como base el concepto de ‘terroir vitivinícola’, en el que la personalidad de la uva depende del trinomio suelo, clima y planta, y partiendo de que la mayoría de los proyectos de investigación se centran en la planta y el clima, los ingenieros agronomos Jorge Miñón y Alejandro Manrique, junto con el teleco Gonzalo Ruiz, han desarrollado un método para conocer mejor el suelo. Por un lado, las características del suelo son fundamentales para obtener un buen vino, señala Jorge Miñón. Y por otro, en años tan secos como este, «una correcta gestión del suelo marca la diferencia entre ganar o perder dinero», agrega, porque si el viñedo tiene un sistema radicular muy superficial será menos resistente a sequías ya que sus raices no llegan a encontrar el agua que está en niveles más profundos.

Dicho esto, es evidente que «antes de que se desarrolle el cultivo tienes que conocer el suelo», afirma. Por eso, desde Agrae, una empresa burgalesa que pone la investigación al servicio de la agricultura y el medio ambiente, decidieron apostar por la viticultura de precisión y centrarse en el análisis del suelo para aprender a gestionarlo mejor, a nivel hidríco y de nutrientes, e incluso para tener el viñedo segmentado en función de la calidad del suelo y de los matices que puede dar a la uva. «El suelo condiciona la orientación del viñedo y que la uva madure mas o menos o tenga más o menos taninos y eso repercute en la calidad y aromas finales del vino», aclara Miñon. Además saber lo que es diferente en el suelo donde crece el viñedo permite hacer después una «microvinificación», destinando la uva de cada tipo de suelo a la elaboración de vinos diferentes dentro de un mismo viñedo.

Para conocer el suelo han desarrollado una técnica apenas conocida en España, pero que se emplea desde hace años en Estados Unidos, Argentina o Francia, y que consiste en «radiografiar» el suelo a través de conductividad eléctrica aparente. «Hay muchas empresas que trabajan en viticultura de precisión pero usando drones para mapear el vigor del cultivo. Nosotros somos los únicos de España que estamos haciendo mapas del suelo», afirma el ingeniero.

Para ello emplean un equipo «novedoso» en España, –que ya han probado en viñedos de la DO Ribera del Duero y Rioja–, con el que recorren la parcela y sondean la resistencia del suelo al paso de la corriente electrica. Pero además, «lo novedoso y diferenciador de nuestro trabajo es que realizamos el mapeo del suelo a dos profundidades, a 36 y a 90 centímetros». El resultado es «una radiografía del suelo» en la que se ven valores de conductividad que relacionan con la textura y la estructura del suelo a dos niveles de profundidad. Según explica Miñón, los valores altos de conductividad eléctrica indican que es un suelo compactado o con un elevado contenido en arcillas, y los suelos con conductividad eléctrica aparente baja son arenosos o tienen poca compactación. Pero además también relacionan los valores de conductividad con la permeabilidad del suelo y realizan mapas de permeabilidad para saber cómo si infiltra el agua en el suelo cuando llueve y cómo la retiene para que las raices puedan llegar a ella. «Toda esta información nos permite segmentar el suelo y clasificar el viñedo por tipos de suelo», explica.

Después en cada segmento se toman muestras del suelo que se analizan en el laboratorio. «Analizamos los nutrientes que tiene cada tipo de suelo y lo caracterizamos a nivel nutricional». Toda la información obtenida se representa a través de mapas, en lugar de en tablas como se hace habitualmente, en los que se ve si es un suelo es arenoso o arcilloso, la distribucion de los nutritientes, del nitrógeno, fosforo, potasio, carbonatos, caliza activa, sodio, magnesio, calcio… la materia orgánica, el ph...etc. Y con esa información se sacan conclusiones a nivel estructural y nutricional que son «muy interesantes» para gestionar el suelo. A nivel estructural para evitar la erosión y permitir una mejor infiltración del agua. Y a nivel nutricional elaborando programas de fertilización más acordes a cada tipo de suelo, haciendo planes de fertilización localizados y variables para el viñedo o haciendo correcciones nutricionales en el viñedo, anticipándo los problemas.

Pero ademas complementan y validan la información que obtienen del suelo con la información que obtienen del cultivo a través de sistemas de teledetección satelital y de estaciones meteorológicas (anemómetros, pluviómetros, veletas). Los primeros permiten hacer un seguimiento del cultivo y elaborar un mapa de vigor del viñedo y las estaciones meteorológicas medir la temperatura y la humedad del ambiente, la radiación solar o la temperatura del suelo.

Ademas estas estaciones meteorológicas están conectadas a un dendómetro que mide la dilatación del tronco de la planta. «Si el tronco está estresado porque le falta agua o hace mucho calor o ha venido una ráfaga de viento fuerte, el tronco se contrae, mientras que si ha llovido o la humedad ambiente mejora se dilata». El registro de estas pequeñas variaciones en el tronco de la planta sirve para relacionarlo con los datos del suelo y de la planta a través de la teledección y por ejemplo ajustar las dosis de riego, algo fundamental en campañas tan complicadas como la actual. «Podemos saber qué plantas están teniendo mejor acceso al agua y qué plantas no», insiste. Y esto permite pensar en medidas concretas de cara a la campaña siguiente: hacer un subsolado para romper el suelo y que las raices encuentren un camino y lleguen a más profundidad, o instalar cubiertas vegetales para que el agua que caiga permanezca en la superficie y se vaya infiltrando poco a poco según la permeabilidad del suelo.

En definitiva todo permite sacar conclusiones y determinar futuras campañas de forma más eficiente e inteligente. Y sobre todo ahorrar costes a largo plazo, ya que se consiguen suelos más sanos, más estables a nivel nutricional, más activos y autónomos y segmentados. «El objetivo final es saber el suelo que tenemos para obtener una calidad de uva diferente», concluye Miñon. Y avanzar en la viticultura 4.0 para dejar de mirar al cielo.

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