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Matemáticas para luchar contra el cáncer

Investigadores de la Universidad de León trabajan en un modelo que sirva para detectar tumores malignos de colon, mama y próstata / Buscan con pruebas más sencillas mejorar la eficiencia de la prevención secundaria.

E. LERA / VALLADOLID
12/02/2019

 

Afectará a uno de cada dos hombres y a una de cada tres mujeres. El cáncer es un mal temido por las personas. Está ahí. No desaparece por no pronunciarlo. Todo lo contrario. Dar voz a esta enfermedad ayuda a normalizarla. A sufrirla, a superarla y a desterrarla, de una vez por todas, del camino. Los ojos y la sonrisa suelen ser los muros y los imanes de los pacientes. Se aferran a ellos para no caer, para levantarse. Sin mirar atrás.

El momento más complicado es cuando el médico pronuncia la temida frase: ‘Tiene cáncer’, si bien muchas veces son pequeñas consecuencias las que tumban el castillo de naipes, pilotado por la energía que emana de un cuerpo y una mente que, como ya no puede hacer nada más, tira hacia adelante. Una de ellas es perder el pelo. Es verdad que es una patología que mata pero muchas personas se derrumban al verse calvas.

Hasta llegar a ese punto se tiene que recorrer un camino que arranca en el momento en el que algo no va bien. En algunos casos una molestia que no remite, pérdida de peso sin motivo aparente, fiebre, un análisis de sangre con demasiados asteriscos salvan la vida. En otros, es tan silencioso que ese silencio acorta los días al alargar el diagnóstico.

La edad también es importante porque aparecen los cribados, pruebas estratégicas que se aplican sobre una población sin signos de enfermedad por un motivo concreto. El problema es que a veces saltan las alarmas y al final todo se queda en un susto. Para acabar con esos sustos, investigadores de la Universidad de León (ULE) trabajan en un modelo matemático que sirva para detectar cánceres de colon, mama y próstata de una manera más sencilla.

El proyecto consiste en obtener información genética, metabólica y de factores de riesgos ambientales (dieta, actividad física, consumo de alcohol y tabaco, etc.) para estratificar mejor el riesgo y hacer más eficiente las estrategias de cribado de esos tumores malignos.

En la actualidad, expone Vicente Martín, director de la Unidad Consolidada de Investigación 109 de la ULE, el único criterio que se sigue para la prescripción de cribados poblacionales de cáncer es la edad. «Esto discrimina muy poco y da lugar a un elevado número de falsos positivos y pruebas innecesarias», lamenta, antes de comentar que seleccionar mejor a aquellas personas de muy bajo riesgo para no hacer pruebas y aquellas de alto riesgo para intensificar las acciones, mejorará la eficiencia de la prevención secundaria.

En este sentido, recuerda que hasta un 50% de los cánceres se podría prevenir, pero, a su juicio, la prevención primaria en adultos ha fracasado, ya que los estudios de intervención de hábitos no han demostrado eficacia.

Este trabajo es innovador porque, por un lado, permite hacer genotipados y estudios metabólicos a coste razonable que, además, en un futuro será más barato llevarlos a cabo y, por otro, avanzar en el conocimiento de aquellos genotipos y metabolomas que tienen capacidad para discriminar y clasificar más correctamente a los pacientes es «muy necesario» para dar información relevante a los clínicos, argumenta Vicente Martín.

Los pasos que están dando se apoyan en tecnologías llamadas ómicas, es decir, técnicas de biología molecular que analizan una gran cantidad de información biológica, en su caso, de variantes genéticas y metabólicas. A estas herramientas se suman metodologías matemáticas y epidemiológicas que sean capaces de discriminar entre tanta información disponible: randomización mendeliana –consiste en asignar al azar a los participantes en un ensayo a dos o más grupos de tratamiento o de control–, análisis de pathways, entre otros.

Presume de que la técnica propuesta estratifica mejor a los pacientes y, por ende, es más eficiente. Comenzaron en 2009 en un proyecto que se llama MCC-Spain que intenta conocer las interacciones genéticas y ambientales de esos cánceres. En él se analizaron a más de 10.000 personas: 2.000 casos de cáncer colorrectal, cerca de otros 2.000 con cáncer de mama, 1.000 con cáncer de próstata, 500 con tumor gastroesofágico y 500 con leucemia linfocítica crónica. El estudio dispuso de 4.000 controles. Todos los participantes tenían que tener entre 20-85 años y provenir de doce provincias españolas (Asturias, Barcelona, Cantabria, Girona, Granada, Guipúzcoa, Huelva, León, Madrid, Murcia, Navarra y Valencia).
Vicente Martín sostiene que el cáncer sí que se puede prevenir. «El tabaco, el alcohol, la dieta y la obesidad son factores asociados al cáncer y son prevenibles», afirma. Por tanto, dice que no fumar, no consumir alcohol, estar en nuestro peso, tener una dieta en frutas y vegetales frescos y baja en carnes rojas y procesadas reduce la posibilidades de padecer tumores malignos.

Sus planes son seguir trabajando en la investigación de la interacción entre factores genéticos y ambientales en la prevención del cáncer. También trabaja en otros proyectos de investigación como Predimed, que busca la pérdida de peso con dieta mediterránea hipocalórica y promoción de la actividad física en la prevención de diabetes tipo II en personas con síndrome metabólico o el estudio del efecto de una intervención intensiva sobre el estilo de vida a base de una dieta mediterránea tradicional con restricción de energía, actividad física y tratamiento conductual sobre la prevención de enfermedad cardiovascular.

El primero se basó en un ensayo multicéntrico de prevención primaria a dos años, que se llevó a cabo en hombres de entre 55 y 75 años, y mujeres de edades comprendidas entre 60 y 75 años, con un índice de masa corporal mayor o igual a 27 y por debajo de 40 kg/m2, y síndrome metabólico. La novedad es que se basaba en una intervención intensiva cuya base principal era dieta mediterránea tradicional. Para seguir esa dieta mediterránea se entregaba a los participantes de forma mensual un litro de aceite de oliva virgen y 150 gramos de frutos secos.

 

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