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VALLADOLID

Un marcapasos de ‘flechazo’

El Clínico implanta por primera vez en Europa un tercer cable que mejora la terapia que reciben los pacientes a los que se les coloca un desfibrilador. Por E. Lera

E. LERA
24/10/2017

 

Marcan el ritmo de los latidos en corazones enfermos. Son dispositivos para tratar la insuficiencia cardíaca, una dolencia que se produce cuando el corazón está debilitado y no puede bombear adecuadamente la sangre. Tanto el marcapasos como el desfibrilador descargan trabajo al órgano y ayudan a que sus receptores puedan dar decenas de pasos sin fatigarse. Una tecnología beneficiosa que hasta hace un tiempo se enfrentaba a dos problemas. Por un lado, la colocación. En ocasiones, los médicos situaban el aparato en un lugar incorrecto. Es decir, el dispositivo requería demasiada energía para poder estimular el corazón y esa acción ocasionaba contracciones molestas en el tórax. Por otro, podía desplazarse y el resultado de la terapia no era el esperado.

Para solucionar estas cuestiones, se han diseñado dos cables diferentes. Uno de ellos con cuatro puntos desde los cuales se puede estimular. Entonces, si desde un sitio el enfermo tiene muchas contracciones torácicas pues se cambia a otro. El segundo cable lleva incorporado una pequeña hélice, que se clava en la vena e impide que el electrodo se desplace. La innovación que ha realizado el Hospital Clínico Universitario de Valladolid es implantar, por primera vez en Europa, un nuevo cable que aúna los beneficios de los anteriores y «mejora significativamente» la calidad de vida de los pacientes. «Tiene una hélice y, además, cuatro polos, con lo cual se puede estimular desde todos los lugares y mejorar la contracción del corazón», explica Jerónimo Rubio, responsable del Área de Conocimiento de Arritmias y Estimulación Cardíaca del complejo vallisoletano.

Desde agosto se ha implantado en tres pacientes, ya que, tal y como expone, no todas las personas con insuficiencia cardíaca son subsidiarios de que se les coloque este tercer cable. Sólo algunos que cumplen unas características especiales. La primera es que el electrocardiograma refleje una onda ventricular muy ancha. O, en otras palabras, que las paredes del ventrículo izquierdo, la parte más importante del corazón que manda sangre a todo el cuerpo, se contraigan asincrónicamente (que tarde mucho en llegar la electricidad de una parte a otra). Otra característica «fundamental» es que no respondan al tratamiento médico durante tres meses. «Que tengan trastornos en la conducción», apostilla.

Utilizar estos dispositivos, según estima el médico del Clínico, podría beneficiar a «entre un 30 y 40%» de los pacientes con insuficiencia cardíaca, una de las dos «grandes epidemias» dentro de las enfermedades del corazón. ¿Qué peligro tiene la intervención? «El riesgo de colocarlo es muy bajo», apunta. De hecho, se precisa menos de 24 horas de ingreso y es «muy raro» que se produzcan complicaciones graves. «El mayor riesgo que puede haber es colocarlo. Eso ocurre en un 10% de los pacientes que se lo intentamos poner y no se puede», expone.

Una operación con anestesia local y realizada por cardiólogos que da lugar a muchos beneficios, si bien no todos responden de igual manera: «Hasta un 30%, a pesar de que se cumple todo, no responde al tratamiento», manifiesta Rubio, quien asegura que, en ocasiones, cambiando la programación o el cable de lugar, sí que responden. Aquellos que logran que el dispositivo vaya por el camino que los profesionales quieren, consiguen mejorar sus síntomas y, por ende, prolongar la vida.

El marcapasos y el desfibrilador son aparatos que funcionan a pilas. Si éstas se gastan, hay que cambiarlas. La duración es de alrededor de diez años. «Cuando se gasta la pila se cambia y ya está porque los cables, que son los difíciles de poner, se quedan ahí», expone. La cuestión es que ahora las personas viven más años y los dispositivos tienen que estar más tiempo en el cuerpo. Con el tiempo se deterioran, e incluso, pueden infectarse. El siguiente paso es una intervención «relativamente sencilla». No obstante, advierte de que con el tercer cable no tienen experiencia y no saben lo que va a pasar. «Teóricamente se espera que puedan durar más. Lo que sabemos es que los cables de los marcapasos y desfibriladores a los diez años se han degenerado alrededor del 10%», sostiene el cardiólogo del Clínico de Valladolid.

Aclara que no requiere ningún tipo de mantenimiento, eso sí, una persona que lleva un dispositivo de estas características necesita revisiones que los profesionales hacen por internet y también en la consulta. Además, Rubio quiere dejar claro que un paciente con marcapasos o desfibrilador no está protegido de las enfermedades cardíacas. «Puede tener un infarto porque si fuera así a todas las personas mayores de 50 años se les colocaría uno».

El responsable del Área de Conocimiento de Arritmias y Estimulación Cardíaca del Clínico recalca que las ventajas de este tercer cable son que puede estimular el corazón al mismo tiempo desde diferentes puntos y que al tener una hélice no se desplaza. Es verdad, dice, que es «más caro» que otros que existen en el mercado, pero «la relación coste-beneficio es muy alta», ya que evita tener que cambiar los cables de forma más frecuente, volver a operar... En la actualidad señala que es la primera opción en la mayoría de los pacientes, puesto que la intervención dura entre una y dos horas y la mejora de la calidad de vida es «muy importante».

Esta tecnología se une a otras que diseñan e implantan en este servicio. El complejo vallisoletano también cuenta con un dispositivo que garantiza que el tratamiento marcado para cada paciente está llegando al corazón. Avisa al médico de todo lo que ocurre y así se puede actuar lo más rápido posible. También fue pionero en colocar sistemas debajo de la piel, que graban la información del músculo más importante del cuerpo humano, lo envían al teléfono móvil y éste en tiempo real lo traslada a los facultativos. Espías para controlar a pacientes que sufren alteraciones del ritmo cardíaco. Los destinatarios principales son personas que han sufrido un ictus y esa trombosis cerebral ha sido provocada por una taquicardia silenciosa llamada fibrilacion auricular.

 

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