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VALLADOLID

La manta verde que da vida al barrio

Estudiantes de arquitectura de la UVA firman un proyecto para rejuvenecer Crescenzago en Milán / Están clasificadas para la final internacional del premio de arquitectura Isover, que se fallará en junio

E. Lera
14/05/2019

 

Busca ser una comunión entre arquitectura y naturaleza. Dibuja una realidad para sus vecinos. Interviene el paisaje sin perder la esencia pero aplicando innovación. La idea de Greenexion –así se llama el proyecto– surge del empeño de conectar las tres parcelas del barrio de Crescenzago en Milán con espacio público mediante formas orgánicas para eliminar las barreras arquitectónicas. La ecuación está formada por edificios en un estado de deterioro importante y zonas de aparcamiento, en las que construir viviendas. El resultado: casas con diferentes edades, comercios y espacios para albergar actividades, como un mercado semanal.

Marta Martínez, Elena Sanz y Patricia Vallelado se pusieron manos a la obra y decidieron en la zona de rehabilitación actuar en la fachada para aislarla térmica y acústicamente. «Esta parte fue complicada porque queríamos que se viera claramente la relación y la unidad con las otras dos parcelas», exponen al tiempo que comentan que no querían que la restauración implicase sacar a la gente de sus casas. A la hora de construir, desarrollaron el sistema de manta de manera que se diferenciaran dos niveles: comercial abajo y residencial arriba, conectados mediante rampas, que permiten crear un paseo continuo y accesible.

En este sentido, exponen que el diseño de las casas responde a un montaje fácil, rápido, económico y adaptable a las necesidades de las distintas unidades familiares. Por esa razón, les pareció una buena idea el sistema de cajones prefabricados. «Intentamos crear un bloque con terrazas, una fachada dinámica, ciertas zonas de sombra... Por ello, separamos los pasillos y accesos de la vivienda, creando un sistema de pasarelas exteriores que aprovechamos para incluir la manta verde», explican. De hecho, este sistema ecológico también es el encargado de unir estas dos parcelas con la tercera y generar un espacio en el que albergar el citado mercado, un parque, etc.

La innovación del proyecto, según indican, reside en el uso de materiales poco convencionales, como la madera contralaminada, que destaca por ser un material ecológico, buen aislante y que no contamina durante el proceso de construcción. Además, las estudiantes de arquitectura de la UVA han creado un sistema que genera un microclima gracias al movimiento del aire y la interacción del agua de lluvia. «Este sistema, planteado en un principio como algo adicional, ha pasado a convertirse en uno de los elementos principales del proyecto», cuenta.

La vegetación tiene «un papel fundamental», ya que, además de dar sombra y contribuir a mejorar la calidad del aire, funciona como barrera de sonido y en la parte de rehabilitación colabora como aislante térmico. Y es que, tal y como recalcan, cada uno de los trazos que han dado sobre el papel ha priorizado la eficiencia energética y la sostenibilidad. De ahí que sean muchos los elementos que desvelen esos aliados, como es el caso de los sistemas para generar ese microclima, que trabajando de forma conjunta generan uno más complejo.

Este sistema está distribuido a lo largo del proyecto. Por un lado, han buscado el aprovechamiento del agua de lluvia, diseñando embudos que recogen y dirigen el agua a un estanque de retención para su posterior uso en el riego del sistema verde. En paralelo y complementario a este sistema, Marta Martínez, Elena Sanz y Patricia Vallelado han colocado unas torres que por diferencia de temperatura succionan la masa de aire de abajo y generan movimiento. «El aire en movimiento pasa por el estanque, por la vegetación y por el sistema de riego, enfriándose y filtrándose», precisan.

En cuanto a las viviendas de nueva construcción, se basan en la tecnología del prefabricado. Apuestan por la rapidez en obra además de que así se contamina menos en el proceso de construcción. «La prefabricación unida al diseño permite dar gran variedad de opciones de vivienda, haciendo pequeñas variaciones, en función del tipo de familia que se vaya a alojar en cada casa».

Respecto a las ventajas, a escala de barrio, el microclima da unas mejores condiciones de temperatura, humedad y salubridad al aire exterior. «Crea un ambiente más idóneo para dar la vida en comunidad. Además, la fomentamos con la creación de espacio público de calidad y actividad comercial», argumentan las estudiantes de la UVA, quienes tienen claro que el sistema de viviendas, basado en el estándar Passive House, supone «un gran ahorro económico» para la vida en las casas, ya que reduce «notablemente» la necesidad de calefacción y refrigeración.

En su opinión, el mayor ahorro está en el tema energético. En este punto, detallan que el sistema para la creación del microclima, por ejemplo, se realiza por medio de procesos naturales, es decir, no emplean sistemas mecánicos u otros elementos que suponen un gasto por sí solos. «Las torres de viento se calientan y ese aumento de temperatura es el que absorbe el aire de alrededor enfriando el ambiente, los paraguas recogen el agua de lluvia para aprovecharla, etc.», exponen.

Cada uno de los pasos que han dado les ha ayudado a salir de su zona de confort y crear un proyecto con dosis de buena arquitectura y trazos distintos. Una iniciativa diferente, adaptada a las necesidades del entorno, al lado de las vías del tren, y dando a todo una unidad de conjunto. Dicen que se podría aplicar a otras zonas, si bien está pensado para ciudades calurosas en verano. Lo que es indiscutible es que la idea ha gustado, y mucho. Tras obtener el segundo premio en la fase nacional de la décima quinta edición del concurso estudiantes Isover, acudirán en junio a Milán donde tendrán que competir con 60 equipos de todo el mundo.

Quién sabe si regresarán con el reconocimiento internacional bajo el brazo, lo que está claro es que han superado muchos obstáculos y han aprendido a colocar las piezas del puzle para que encajen con la realidad. Están «satisfechas» con el resultado. «Más allá del premio, lo enriquecedor también está en ver cómo se trabaja en otras escuelas y cómo ante un mismo problema existían un montón de soluciones distintas», reconocen y añaden que si ganan sería «una alegría enorme» porque el proyecto ha supuesto muchas horas de trabajo duro.

 

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