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SORIA

Una lucha contra el cáncer desde dentro

Una investigadora sienta las bases de una nueva estrategia que permitirá aprovechar los mecanismos que tienen las células humanas para destruir proteínas malignas de la enfermedad a través de un nuevo tipo de fármacos.

N. F.
26/09/2019

 

La ciencia ha avanzado considerablemente en terapias efectivas contra el cáncer, pero todavía queda mucho por hacer. Cada tipo de cáncer es una enfermedad y cada paciente tiene sus particularidades. Por ello es tan importante desarrollar nuevas estrategias terapéuticas que arrojen resultados positivos y explorar otros caminos que permitan clasificar a los pacientes para combatir esta enfermedad.
La científica soriana Cristina Mayor Ruiz (Ágreda 1989) acaba de publicar un estudio que sienta importantes bases de una nueva estrategia terapéutica contra el cáncer: la degradación de proteínas dirigida, que permitirá aprovechar los mecanismos que ya están en las células para destruir proteínas a través de un nuevo tipo de fármacos, denominados degradadores.

Es un proceso que permite luchar contra el cáncer desde dentro, «ese es el gran poderío de esta estrategia, ya que trata de manipular mecanismos que existen en nuestras células para que hagan lo que nosotros queremos», explica Cristina Mayor.

Los degradadores pueden unirse a proteínas malignas, como las que causan el cáncer, las etiquetan y las mandan a « la trituradora celular, gracias a ellos engañamos a nuestras células para eliminar las proteínas que queremos», subraya la experta. Esta estrategia es un enfoque novedoso para el desarrollo de fármacos en terapias prometedoras contra el cáncer.

Los fármacos denominados degradadores suponen un cambio en el paradigma en lo que se refiere al futuro desarrollo de nuevas terapias, ya que conseguirán eliminar las proteínas malignas. Hasta ahora, los fármacos tradicionales solo consiguen inhibirlas. Además los degradadores permitirán abordar un abanico más amplio de este tipo de proteínas. En la degradación de proteínas dirigidas es suficiente con desarrollar medicinas que las «toquen» sin necesidad de inhibirlas y eso permite que muchas de esas proteínas malignas relevantes sean accesibles a los fármacos que conseguirán eliminarlas.

Los expertos en este campo habían comenzado a entender la nueva farmacología basada en los degradadores, pero los efectores celulares que gobiernan la eficacia y la sensibilidad de la degradación de proteínas dirigida permanecían inexplorados.

Por ese motivo, el laboratorio del doctor Georg Winter, del Centro de Investigación en Medicina Molecular de la Academia de Ciencias de Viena (Austria), a cuyo grupo de investigadores pertenece Cristina Mayor Ruiz, se propuso identificar la red genética que determina la eficacia de la degradación de proteínas dirigida.

Esta soriana, doctora en Bioquímica, Biología Molecular, Biomedicina y Biotecnología, tras realizar su tesis en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de Madrid decidió continuar su carrera científica en el Centro de Investigación de Viena dentro del grupo del doctor Winter porque le atraían los aspectos relacionados con la degradación de proteínas dirigida. Empezó hace año y medio su postdoctorado en Viena y en ese periodo ha publicado y liderado su primer estudio, a la vez que explica que el trabajo en equipo es fundamental.

El trabajo de laboratorio ha sido importante para definir toda la maquinaria. El grupo de investigación seleccionó un conjunto de cinco fármacos que degradan proteínas de relevancia clínica y llevó a cabo estudios de resistencia en una línea de leucemia. Pudieron encontrar los mecanismos celulares esenciales para su funcionamiento. En este proceso se han usado, entre otras técnicas la genómica funcional y la proteómica cuantitativa. Es el primer estudio que disecciona exhaustivamente los determinantes celulares de los degradadores.

La conclusión más novedosa del estudio de Cristina Mayor es que se ha conseguido definir los componentes de las células humanas que son imprescindibles para que los degradadores funcionen y esto permitirá clasificar a los pacientes que respondan adecuadamente a este tipo de terapia.
Otro de los aspectos que se abordó en el estudio fue el de los posibles mecanismos de resistencia, un problema muy recurrente en la quimioterapia. «Comenzar a abordarlos ahora puede ayudar a superarlos en futuro clínicamente», aclara la experta.

En el estudio, que se ha publicado recientemente, se hace hincapié que la degradación de proteínas dirigida hace uso de sistemas propios de las células que se redirigen para eliminar proteínas implicadas en determinadas enfermedades. Son sistemas que han evolucionado de forma natural para ser eficientes, por lo que si se aprende a reprogramar este mecanismo con el uso de fármacos, los degradadores, pueden ser realmente transformadores y eficaces para combatir el cáncer. Una lucha desde dentro en toda regla.

«Nosotros arrojamos luz», indica Mayor, «pero queda mucho por explorar para entender perfectamente cómo funciona la degradación de proteínas y eso es la base de un nuevo enfoque terapéutico, hay que seguir investigando para desarrollar fármacos efectivos», añade.

La firma farmacéutica Arvinas es la primera que ha comenzado a hacer ensayos clínicos con este tipo de fármacos, que son los degradadores, y lo ha hecho para tratar el cáncer de próstata. Además ha anunciado un segundo ensayo clínico para el cáncer de mama, Cristina Mayor sostiene que si estos ensayos terminan con resultados positivos es fácil que se puedan emplear clínicamente «muy pronto». No solo esta farmacéutica está interesada en los degradadores hay muchas que cuentan con programas destinados a desarrollar terapias con este tipo de fármacos, por lo que estudios como el que ha realizado Cristina Mayor resultan de gran interés.

El Centro de Investigación en Medicina Molecular de la Academia de las Ciencias de Viena, en la que trabaja en la actualidad esta investigadora soriana, tiene como objetivo lograr la máxima innovación en medicina molecular para mejorar la atención médica. La investigación en el centro se basa en tecnologías postgenómicas y se centra en enfermedades importantes como el cáncer, los trastornos inmunes y los trastornos metabólicos.

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