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PERSONAJES ÚNICOS / LAURA DIEGO

La jefa del azúcar en Europa

Esta ingeniera química vallisoletana, forjada entre pipetas, es la directora de la fábrica de Azucarera en Toro / Es la primera mujer en ostentar este cargo en el grupo AB Sugar / Dirige una plantilla de 110 personas fijas y más de 200 durante la campaña remolachera.

E. LERA
29/05/2018

 

Su talento y su perseverancia le brindaron las llaves que abren el camino hasta el timón de mando, un territorio hasta hace poco tiempo vedado para mujeres. Una estudiante brillante desde la infancia. Aplicada, perfeccionista y llena de sueños. Esta oscense de nacimiento pero vallisoletana de corazón –se trasladó siendo una niña a la ciudad del Pisuerga– fue formada sin barreras y educada para no tener miedo a nada. Por ello, sus pasos son firmes y muestran que riesgo y responsabilidad van unidos. Se lanza al vacío con sus ideas y defiende a su equipo, un grupo heterogéneo que endulza la vida de medio mundo. Laura Diego es la directora de la fábrica de Azucarera en la localidad zamorana de Toro.

Un cargo que podría ser uno más dentro de la empresa líder del azúcar en España. La peculiaridad es que está ostentado por una mujer, la primera que ocupa un puesto de estas características en el grupo AB Sugar. Estudió Ingeniería Química en la Universidad de Valladolid (UVA) aunque estuvo a punto de decantarse por Teleco. «Fue una decisión de cara o cruz», reconoce al tiempo que se alegra de haber elegido esta carrera que le ha dado tanto. El último semestre lo cursó en Lund, al sur de Suecia. Apunta que se fue de Eramus porque siempre pensó que le abriría muchas puertas. Y tanto. Eso sí, Diego sostiene que, aunque ha demostrado que vale, estuvo en el momento correcto en el lugar adecuado.

Tras licenciarse comenzó a echar currículos por su ciudad con la idea de que si no la salía nada se iría a Madrid como muchos de sus compañeros de promoción tenían en mente. Una de las empresas en las que lo hizo fue en Azucarera, que precisamente estaba buscando un becario para su centro de I+D a través de la Fundación General de la Universidad de Valladolid (Funge). No se enteró de la oferta y ella envió el documento sin seguir la plantilla marcada por la institución universitaria. «Que fuera diferente les llamó la atención y conseguí una beca de seis meses», recuerda. Después le hicieron un contrato por obra y servicio y al mes y medio surgió una oportunidad para Azucarera en Granada y la enviaron allí. Estuvo cuatro años en Puleva Biotech.

En la capital granadina desarrolló alimentos funcionales a partir de la sacarosa. Con los proyectos rematados regresó a Valladolid donde siguió aprendiendo y formándose en la misma línea pero con más responsabilidad en la parte de tratamiento de agua, valorización de productos ecológicos, fermentaciones... En ese tiempo el centro de I+D se trasladó de Peñafiel a Toro. Durante ocho años estuvo trabajando codo con codo con el que siempre considerará su jefe: Fernando Martín, director de I+D de Azucarera.

En 2016 recibió una noticia que la dejó «en shock» por el reto que suponía abandonar las pipetas y pasar a planta, un mundo dominado por hombres que ya habían rebasado la barrera de los 50. Juan Luis Rivero, consejero delegado de la empresa, le comunicó que quería que fuera la directora de la fábrica de Toro. «No me lo podía creer», expone la ingeniería química de 38 años para, a continuación, dejar claro que está «muy agradecida» y que todo ha sido mucho mejor de lo que se lo esperaba. «La gente te metía miedo pero la verdad es que todo ha sido magnífico». «Mi mayor temor –prosigue– era ver cómo iba a encajar con la plantilla y ver cómo me iban a ver».

Diego rompió todo tipo de barreras y la primera campaña remolachera estuvo al pie del cañón día y noche. Sus mañanas estaban repletas de reuniones y las tardes –fuera de su horario laboral– las dedicaba a conocer a cada uno de los miembros que forman la plantilla de Azucarera. Bajo sus órdenes están 110 personas fijas y más de 200 en campaña. «Es verdad que me agobié porque lo quería hacer todo de golpe pero poco a poco fui conociendo a la gente y formando mis opiniones y, aunque fue una paliza enorme, mereció la pena». La segunda campaña fue ‘más relajada’, no obstante, la vallisoletana siguió a ras de fábrica cada uno de los movimientos para que nada se saliera del guión marcado. Ahora se lo toma con más calma, si bien no deja de trabajar en aquellos campos donde considera que no lleva todo «al dedillo».

Insiste en dar las gracias a los directivos que confiaron en ella, sin embargo, al hablar de Martín el afecto se desprende de cada una de las palabras que le dedica. Su relación es muy estrecha a pesar de que Laura Diego mira los proyectos de I+D desde otra perspectiva. Una perspectiva amplia que la colocó en el lugar en el que está ahora. Siempre ha trabajado en dos lineas. Por un lado, era la persona que estaba ahí para solucionar los problemas que surgían en cualquier fábrica en una etapa concreta del proceso del azúcar o cuando el grupo iba a lanzar una modificación. «Dábamos una especie de soporte en campo, lo que nos ayudaba a conocer las instalaciones y a la gente». En paralelo, sobre todo en los últimos años antes de convertirse en la jefa de la fábrica de Toro, trabajó en el desarrollo de nuevos productos, una labor que le permitió estar en contacto con las áreas agrícola y comercial.

Preguntada por la situación de la investigación y la innovación en Castilla y León, asegura que lo que echa en falta es una visión de industria en los trabajos que salen de las universidades y de los centros tecnológicos. «No sé si es un problema de formación que se puede ir trasladando en la época universitaria o después, no obstante, lo que es clave es que los proyectos busquen soluciones prácticas que den sentido a cada uno de los esfuerzos que se han puesto para su desarrollo», afirma la vallisoletana.

Diego presume de empresa y manifiesta que Azucarera valora el talento y le retiene. «Es verdad que la primera oportunidad la tienes que dar sin conocer su talento, sin embargo, cuando se ve ‘algo’ es de locos no quedarse con la persona y seguir moldeándola para que continúe creciendo», concluye no sin antes volver a agradecer a todas las personas que confiaron en ella para un puesto en el que podían haber colocado a un jefe de producción pero decidieron romper los esquemas y apostar por un ingeniera química de bata blanca.

 

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