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PERSONAJES ÚNICOS / ANA MATRÁN-FERNÁNDEZ

La intérprete de los números

El último proyecto de esta ingeniera de Telecomunicaciones se centra en desarrollar un sistema que restaure la sensibilidad a personas que han sufrido una amputación en la mano / Su equipo ha ganado el bronce en los primeros juegos olímpicos biónicos.

E. L.
02/11/2016

 

La vida y la obra de Ana Matrán-Fernández están marcadas por el cine. Apasionada y apasionante, esta vallisoletana estudió Ingeniería de Telecomunicaciones en la Universidad de Valladolid (UVA) porque quería ser programadora. Un buen día viendo una película decidió que el lenguaje de los números sería su camino. Sus ganas de aprender eran poéticas; y su potencia, calmada. Pero, en su decisión de distinguirse de los demás y lograr su sueño, se revistió de un distanciamiento propio de un alma libre que la llevó a abandonar España tres días después de terminar la carrera.

En la Universidad de Surrey realizó un máster de Ingeniería Biomédica, y después regresó a su tierra natal para buscar trabajo, pero siempre con la mirada puesta en Inglaterra. Consiguió una beca para realizar un curso en Parma (Italia) y allí conoció al que más tarde sería su supervisor de tesis en la Universidad de Eseex. Como parte de su doctorado, tuvo la suerte de hacer una estancia en el centro de la NASA, en California, donde participó en una iniciativa que trataba de aumentar las capacidades humanas por medio de interfaces cerebro-ordenador colaborativas. «Estas conexiones sirven para controlar un dispositivo externo utilizando señales cerebrales», apunta, antes de indicar que se utilizan para mandar órdenes a un ordenador, y hacer que personas con grados severos de discapacidad puedan emplear esta tecnología para comunicarse o controlar una silla de ruedas motorizada.

En la actualidad trabaja en la universidad británica en un proyecto europeo llamado DeTOP, que pretende restaurar la sensibilidad a gente que ha sufrido una amputación en la mano. «Las prótesis actuales tienen muchas limitaciones, y nuestro consorcio se centra en mejorar el control de la prótesis utilizando electrodos implantados en el brazo del paciente». De esta manera, sostiene que se puede transferir la información del aparato al cerebro a través de la estimulación de los nervios del brazo, y las personas, además, serán conscientes de su textura, de la presión que tienen que ejercer para que no se caiga lo que están sujetando...

Matrán-Fernández ha creado una startup junto con un compañero, en la que desarrollan una herramienta llamada EyeWink que se coloca como una diadema y permite controlar otros dispositivos por medio de guiños de ojos, pestañeos y combinaciones de ambos. «Cuando lo creamos nos centramos en poder manejar el reproductor de música del móvil, pero en realidad lo vemos como una interfaz para otras tecnologías, como televisores inteligentes o aplicaciones de domótica». También permite monitorizar a la persona que la lleva puesta de modo que si un conductor se está quedando dormido puede emitir una alarma.

A título personal, está colaborando con un chico de 19 años y su familia. Él tiene parálisis cerebral de nacimiento y sólo puede comunicarse mediante pestañeos para decir ‘sí’. Lo que está intentando es crear un sistema personalizado que le permita escribir mensajes más elaborados para interactuar con los demás.

A pesar de su juventud ya cuenta con un trofeo en su estantería. Su equipo de la universidad británica logró la medalla de bronce de Cybathlon, los primeros juegos olímpicos para atletas con discapacidad y que emplean algún tipo de asistencia biónica celebrados en Suiza. Según afirma, ha supuesto un reconocimiento a la «gran labor» que ha realizado todo el grupo a lo largo de los dos últimos años. Cuenta que los BrainStormers son estudiantes de doctorado que no sólo se enfrentaron a la tarea de desarrollar el sistema que les permitió la tercera posición en una carrera en la que competían con los mejores centros de investigación de interfaces cerebro-ordenador, sino que no tuvieron los recursos que tenían otros laboratorios y aún así se colaron en el podio.

«Tuvimos que escribir propuestas para hacer becas para poder realizar el viaje y pagar los gastos de desplazamiento a nuestro piloto. Y encontrarlo también fue una tarea hercúlea», reconoce.
Por otro lado, la ingeniera de Telecomunicaciones de la UVA opina que la investigación y la innovación nunca han sido los puntos fuertes de Castilla y León. «Incluso en los momentos en los que se intentó más seriamente se fomentaron algunos aspectos concretos, pero siempre muy lejos de lo que han hecho en otras comunidades y, desde luego, en otros países», sostiene. En este sentido, manifiesta que «si no se emprenden acciones para favorecer estas parcelas, perderemos todo lo que habíamos avanzado en décadas».

La crisis ha tocado de lleno a los investigadores y, a su juicio, los jóvenes han sido los más perjudicados. «Ahora mismo no hay dinero para mantener en posiciones de investigación a la gente que ha terminado el doctorado, así que se acaban yendo al extranjero a trabajar o encuentran un trabajo en otro campo». Una situación que años atrás no pasaba, ya que la gente se iba fuera para formarse y tener un currículo más valioso, pero ahora se van obligados por la situación económica, lamenta Matrán-Fernández.

En su opinión, la sociedad no apuesta por la talento. Recuerda que hace un tiempo las empresas acudían a las facultades y seleccionaban a los licenciados más prometedores para formarlos y contratarlos. «Esta práctica ha desaparecido. Ya no se apuesta con riesgo, sino que hay muchos concursos en los que las habilidades de los participantes se ponen a prueba y las empresas se limitan a esperar hasta el final y contactan con el ganador, puesto que ya ha demostrado que tiene los conocimientos necesarios», señala, antes de valorar que es un modelo «muy oportunista».

La investigadora vallisoletana se entristece con que muchas publicaciones alaben el talento de los hombres, mientras que de las mujeres solo resalten su belleza. «Es cierto que la ciencia es un campo dominado por hombres y yo no pretendo hacer campaña feminista, pero la sociedad no debería sorprenderse de los logros de las mujeres como parece que ocurre en la actualidad», sentencia.

 

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