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PERSONAJES ÚNICOS / DAVID FUERTES

El informático de los satélites

Es vallisoletano y ha montado una empresa en Francia para aplicar la información que obtiene de la atmósfera y la superficie al cambio climático o la agricultura / Su primer contacto con la investigación fue con el grupo de Óptica Atmosférica de la UVA.

E.L.V.
18/04/2017

 

Es un artista apasionado y su actividad creativa no conoce límites. Y eso, junto a su conocimiento de la tecnología, da rienda suelta a un genio que ha revolucionado el mundo de los satélites. David Fuertes (Valladolid, 1986) es ingeniero informático porque desde muy pequeño quería inventar y vio en esa profesión, el pasaporte para poder generar productos con un mínimo de inversión. Rodeado de ordenadores –el primero llegó a su vida siendo solo un bebé–, tenía claro que su futuro se escribía en código binario. No podía ser de otra forma.

Estudió en el colegio García Quintana y el Instituto Zorrilla y alimentó aún más, si cabe, esa pasión por la computación. Su siguiente paso fue matricularse en la Universidad de Valladolid (UVA). Allí, sembró y recogió muchos frutos. Según reconoce, no fue el mejor estudiante, pero sí que fue a curso por año. Su primer contacto con la investigación llegó de la mano del grupo de Óptica Atmosférica. Fuertes contactó con ellos para hacer el proyecto de fin de carrera, pero su idea no cuajó, sin embargo, dejó tan prendados a los físicos que meses después, con financiación bajo el brazo, decidieron contactar con él para dar rienda a su imaginación.

Desarrolló un software informático para una red de instrumentación conectada con la NASA. Por un lado, mejoró su gestión, es decir, qué instrumento está midiendo y en qué lugar. Por otro, optimizó el proceso de recogida de datos y tratamiento en tiempo real. Tanto se implicó con la física atmosférica, que decidió estudiar un máster para poder estar a la altura del resto de miembros del equipo. Así podría desarrollar la parte informática, pero con conocimiento de causa del campo al que la estaba aplicando.

En este grupo de investigación no sólo aprendió conocimientos, sino que estrechó lazos con sus compañeros, en especial con uno de ellos, Benjamín Torres. «Él estaba haciendo el doctorado y nos dimos cuenta de la importancia de crear grupos multidisciplinares, ya que los dos juntos éramos capaces de progresar más rápido que de forma individual», manifiesta.

Pero sus caminos se separaron. Benjamín se marchó a la Universidad de Lille en Francia para hacer un postdoctorado. El destino o que el talento llama a talento hicieron que a David le contrataran como ingeniero informático en el mismo lugar donde su compañero de viaje se había ido a estudiar. Su tarea fue optimizar un algoritmo capaz de extraer múltiples datos de la atmósfera de la Tierra a partir de las imágenes obtenidas por satélite.

En 2015 Torres y Fuertes decidieron crear una empresa para revalorizar el conocimiento que nace en la universidad. En este proceso hay un nombre clave: Oleg Dubovik, un profesional que trabajó durante diez años en la NASA y, además, fue el creador del algoritmo con el que empezó todo. Juntos se embarcaron en un viaje que en el primer año de vida facturó medio millón de euros. Los resultados de GRASP –así se llama su negocio– se pueden aplicar a la agricultura, la estructuración del territorio en incendios o inundaciones, al cambio climático, a la calidad del aire...

Sus aliados son los aerosoles, partículas que flotan en la atmósfera y pueden provenir tanto de la naturaleza como de la intervención del hombre. Entre las primeras, se encuentran las tormentas de arena, la sal del mar, mientras que en las segundas, la principal es la polución. «Todos estos aerosoles afectan a la salud, al clima y a las actividades humanas», apunta Fuertes, quien detalla que tienen contratos con la Agencia Espacial Europea (ESA) y con la agencia meteorológica europea (EUMETSAT) y están en conversaciones con las agencias espaciales chinas y la americana.

Lo curioso de la base de su empresa es que el algoritmo que utilizan es de código libre. Eso permite que otros desarrollen, lo modifiquen, lo corrijan y contribuyan a su mejora. «Se puede usar con fines científicos porque queremos que la gente vea que no hay trampa ni cartón». «Nadie aplica nuestra metodología. Eso hace único nuestro producto», explica Fuertes. Una exclusividad que esperan que sirva para convertir este negocio en referencia mundial.

Para este vallisoletano, España es «un pequeño jugador» en investigación e innovación en comparación con el resto de países europeos. Pone como ejemplo Francia, donde la inversión que hacen en esas dos parcelas de conocimiento es «mucho mayor», y por tanto, las posibilidades de desarrollar allí proyectos punteros son más amplias. «No quiero ser el que más me queje de esto porque yo gracias a la UVA he podido dar el salto», expone.

La historia de este ingeniero informático no forma parte de los relatos de licenciados con un currículo lleno de metas cumplidas que hacen el petate para buscar trabajo fuera de su país, si no de alguien que emigró por buscar mejores oportunidades laborales. «Tengo un trabajo internacional donde estoy en contacto con personas de todo el mundo. En Castilla y León, estos trabajos son minoritarios», lamenta.

En su opinión, hay dos perjudicados por la crisis económica. El primero, la sociedad que forma gente para que desarrolle aquí sus conocimientos y pueda servir al país. El segundo, la persona que tiene que hacer las maletas para poder trabajar de lo que siempre soñó. «No hay que olvidar que lo padecemos todos, el que se va porque se tiene que ir y todos porque ese talento se va», reflexiona, muy apenado.

Desde su posición de ingeniero informático de éxito, anima a la gente a progresar con una receta: suerte y trabajo duro. «Cuando trabajas duro, levantas posibilidades y dentro de esas siempre hay ofertas interesantes». Fuertes se considera un privilegiado que ha llegado hasta donde está gracias a Benjamín Torres, su compañero, su amigo y su socio.

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