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Un hongo para liberar a la alubia del fertilizante

La ULE constata que Trichoderma puede hacer un control directo de plagas sin necesidad de aplicar productos de síntesis química / Estudia su aplicación en las enfermedades de madera de vid.

E.LERA
31/07/2018

 

Su presencia lleva a las alubias, en el mejor de los casos, a pasar una temporada en las unidades de cuidados intensivos luchando por su vida rodeadas de fármacos. En el peor, termina con ellas en el cementerio. Excrementos e insectos humanos favorecen el desarrollo de patógenos que las hacen inadecuadas para el consumo humano. Son las principales señales que hacen saltar las alarmas. Hasta la actualidad, la posibilidad de mantener a raya a estos agentes perjudiciales era la aplicación de insecticidas sintéticos, como fosfina, piretroides y organofosforados. Sin embargo, su uso preocupa por las consecuencias indirectas que provoca debido al desarrollo de resistencias en los insectos que se tratan, los peligros para la salud humana y la contaminación que se produce en el medio ambiente. Razones que han promovido la búsqueda de alternativas sostenibles para el control de la plaga.

Acanthoscelides obtectus, más conocido como el gorgojo de la alubia, es el invitado indeseado que se cuela en los cultivos y devora las semillas hasta causar daños importantes, en algunos casos pudiendo destruir la cosecha en un corto periodo de tiempo. Para frenar de raíz su avance y, sobre todo, hacerlo de una manera ecológica, aparece el grupo de investigación en Ingeniería y Agricultura Sostenible de la Universidad de León (ULE). Sus miembros encontraron en Trichoderma la solución a este problema. «Se trata de un hongo que se caracteriza por estar presente en la mayoría de los suelos de cultivos, es de rápido crecimiento y protege a la planta frente al ataque de plagas y enfermedades», explica el investigador Álvaro Rodríguez.

Por este motivo, manifiesta que muchas especies de este hongo son consideradas agentes de control biológico, es decir, organismos distintos al hombre con capacidad para reducir la población del agente causante de la enfermedad o evitar sus efectos. De ahí que se embarcaran en determinar el efecto de pulverizar esporas de diferentes cepas de Trichoderma harzianum, unas cepas silvestres y otras cepas productoras de un compuesto orgánico volátil denominado Tichodieno, frente al gorgojo de la alubia para evaluar su posible control y el efecto que causaban en su comportamiento.

El procedimiento se realizó de dos maneras. Por un lado, evaluaron si las esporas de Trichoderma eran tóxicas para los insectos. «Se pulverizaron esporas de cada cepa diluidas en agua destilada sobre unas placas donde se colocaron los insectos», relata Rodríguez. El siguiente paso fue cerrar las placas, que se mantuvieron en una cámara con condiciones controladas de temperatura y humedad durante 14 días, en los que diariamente se contabilizó el número de insectos que se iban muriendo. Por otro, para evaluar si estas esporas sobre las alubias tenían la capacidad de atraer o repeler los insectos se utilizó una estructura de plástico consistente en un contenedor central conectado a cuatro contenedores laterales mediante cilindros de plástico. Los contenedores laterales se llenaron con alubias, que previamente habían sido pulverizadas con esporas de Trichoderma, y en el contenedor central se colocaron 20 insectos –10 machos y 10 hembras–, transcurridas 24 horas se contó el número y el sexo de los insectos que se habían desplazado a cada contenedor lateral.

Las alubias tratadas con cepas del hongo estudiado proporcionaron distintos comportamientos en los insectos, apunta. Las cepas que producían Trichodieno fueron más atractivas para ambos sexos que las cepas silvestres y consiguieron matar un mayor número de gorgojos que estuvieron en contacto con las alubias tratadas. «Todas las alubias tratadas con distintas cepas de Trichoderma presentaron una menor pérdida de peso que las alubias no tratadas, siendo las cepas silvestres, T34 y E20, las que tuvieron una menor pérdida de peso que sus respectivas cepas productoras de Trichodieno», matiza el investigador.

En esta línea, sostiene que su uso puede hacer un control directo de plagas por la aplicación y producción de compuestos bioactivos, entre otros mecanismos, y puede llegar a realizar un control sin necesidad de aplicar productos químicos, haciendo de Trichoderma un método «sostenible y ecológico» que continúa la línea de las políticas agrarias comunitarias que persiguen una reducción del uso de productos fitosanitarios en favor de la producción ecológica.

El grupo de investigación en Ingeniería y Agricultura Sostenible de la Universidad de León trabaja en el uso de este hongo como agente de control biológico frente a las enfermedades de madera de vid, que, tal y como señala, carecen de «una solución eficaz» que causa millones de euros en pérdidas en todo el mundo. A esto se une, dice, la gran dificultad en el control químico debido a la cantidad de hongos que producen estas patologías, así como la vía de entrar en contacto con ellos, puesto que se desarrollan en el interior de la planta.

Otra de las línea de estudio es el control del insecto Xylotrechus arvicola, conocido como el taladro de la vid, que se ha convertido en los últimos años en la plaga más destructiva que afecta a dicho cultivo, debido a los daños directos que causan sus larvas, ya que taladran la madera de las cepas, informa Álvaro Rodríguez, antes de subrayar que distintas especies de Trichoderma aisladas en viñedos han sido evaluadas frente a este insecto, observándose «resultados prometedores» de cara a poder realizar un control biológico de la plaga, a la vez que se ha comprobado la efectividad de un modelo de trampas –Crosstrap de la empresa Econex– para su captura en el viñedo. También trabajan con el cultivo de la alubia y la IGP Alubia La Bañeza-León.

El siguiente objetivo de este equipo leonés es avanzar en el control biológico de plagas y enfermedades mediante la evaluación de otras especies de hongos beneficiosos que están presentes en el medio natural.

 

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