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PALENCIA

‘El gran hermano’ que vigila a los peces

Un grupo de la UVA ha desarrollado un tubo de nado para medir en el laboratorio la capacidad de natación de los peces.

A.ÁLVAREZ
10/04/2018

 

Cuanto tarda un pez en recorrer un tramo de un río?, ¿qué velocidad es capaz de alcanzar? o ¿qué resistencia tiene ante un obstáculo como una presa o un puente? Son preguntas a las que se ha propuesto dar respuesta el Grupo de Investigación Aplicada en Ecohidráulica (GEA) de la Uva que lleva una década trabajando en la hidráulica orientada a la ecología y a la biología. En este tiempo han diseñado 164 pasos o escalas para peces (estructuras que facilitan su curso cuando se construye una obra hidráulica) en toda España, Sudamérica y Portugal, y hoy por hoy son el único grupo de España que realiza investigación aplicada en pasos para peces y que estudia la capacidad de natación de los peces.

«Siempre que se construye una estructura hidráulica, ya sea un puente, una presa, una estación de aforos, se obstaculiza el movimiento de los peces», señala Francisco Javier Sanz-Ronda, coordinador del GEA. Pero además, para saber si una obra es un problema «necesitamos saber cuánto salta un pez y qué velocidad es capaz de alcanzar», agrega. De ahí que en los últimos años estén centrando sus investigaciones en la capacidad de natación de los peces, para conocer la velocidad de natación que tienen, el tiempo de fatiga, la resistencia, la capacidad de salto, y en definitiva, su capacidad para superar obstáculos. Una información que, según el profesor de la UVA, no existe a nivel mundial, ya que nadie se ha molestado en investigar la capacidad de natación que tienen los peces, y que es fundamental a la hora de reducir el impacto ambiental de las obras hidráulicas y de evaluar la efectividad de los propios pasos para peces.

Con este objetivo han construido en su laboratorio del campus de Palencia un tubo de nado, un desarrollo pionero, ya que «no existe nada igual en el mundo» que les permitirá determinar la capacidad de natación de los peces, y que además es portátil, lo que posibilita trabajar en laboratorio y en campo.

Como explica Sanz-Ronda este tubo de nado de laboratorio sigue la misma filosofía que el canal de nado que han construido en la localidad burgalesa de Vadocondes, en el río Duero, que además es «el único canal de natación de peces en Europa y el segundo el mundo» y fue modelo para el canal de nado más grande del mundo que está en Brasil. Se trata de un canal de 20 metros en el que han colocado antenas que detectan el paso de los peces a los que previamente se ha colocado un microchip. Con él ya han podido trazar la gráfica que dibujan al nadar los peces más emblemáticos de la Península Ibérica, la trucha, el barbo y la boga, teniendo en cuenta la velocidad de la corriente, la distancia recorrida y el porcentaje de peces.

Sin embargo este canal solo sirve para hacer un seguimiento de los peces más grandes, pero no para los más pequeños ya que el caudal es demasiado grande para ellos. «Habíamos comprendido cómo nadan estos peces, pero nos faltaba información de los peces más pequeños», explica Sanz-Ronda, refiriéndose a la boga pequeña, el gobio, la bermejuela y a otras muchas especies pequeñas que no tienen interés comercial ni desde el punto de la pesca deportiva, pero que están muy amenazados y son fundamentales en la cadena trófica y desde el punto de vista de conservación y biodiversidad.

Así que decidieron construir «la versión de laboratorio» del canal de Vadoconde y el resultado ha sido el primer canal de nado para peces pequeños que existe en el mundo y que está en el campus universitario de Palencia. Su funcionamiento es sencillo: una bomba centrífuga, construida por la empresa vallisoletana Silver Hidraúlica, sustituye al río Duero para impulsar el agua, a una velocidad controlada, por un tubo transparente, donde se han colocado antenas y cámaras de vídeo, que termina en un recipiente donde están los peces. «Los peces van a intentar salir de ese recinto porque en época de reproducción su instinto les empuja a nadar aguas arriba», explica Sanz-Ronda. Esos peces llevan un pequeño microchip y con las antenas y las cámaras colocadas en el tubo se siguen todos sus movimientos. Como harían en el río, los peces nadan, se cansan y regresan, pero en este caso observados por los investigadores que van a medir todos sus movimientos: hasta dónde han sido capaces de llegar, la distancia que han recorrido, en cuanto tiempo y la velocidad a la que lo han hecho. Toda la información obtenida servirá para saber cómo van a afrontar cualquier obstáculo. «La información que salga de aquí va a ser básica para la conservación de las especies, ya que va a permitir cuantificar los impactos de las obras hidráulicas y buscar soluciones», insiste el coordinador del GEA.

Y a la inversa. También va a ser muy útil para determinar la capacidad de nado de especies exóticas, como el alburno, que son «muy dañinas» para los ecosistemas de Castilla y León y de la Península Ibérica. Porque conocer su capacidad de nado permitirá buscar soluciones para que no consigan desplazarse por el río.

Además aunque el canal se haya construido pensando en las especies más pequeñas, también permitirá testar la capacidad de nado de especies más grandes en las primeras etapas de su desarrollo, en fase alevín o juvenil, y saber, por ejemplo, cuanto nada un barbo que no sea adulto.
Una información que, como insiste Sanz-Ronda, va a ser muy importante porque los futuros pasos para peces que se construyan en España van a tener que contemplar los datos que salgan de este estudio. Además confían en que sus avances se difundan fuera de España y que otros países se animen a hacer estudios para saber la capacidad de natación que tienen los peces de sus ecosistemas. «Queremos que la gente lo vea, lo copie y trabaje con ello», sostiene Sanz-Ronda.

 

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