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VALLADOLID

Cuando los kilos acorralan al corazón

El IBGM estudia los mecanismos implicados en el desarrollo de la fibrosis cardíaca en la obesidad / Detecta que una sustancia que se produce en el tejido adiposo también se encuentra en el órgano central.

E.L.
06/02/2018

 

Basta una dieta equilibrada y algo de ejercicio. La receta para que el corazón esté en forma parece sencilla de llevar a cabo. Pero no es habitual entre la población. El ritmo de vida hace que el sedentarismo y la comida rápida ganen la partida. Una partida con los días contados, ya que la carencia de alimentos saludables provoca que las enfermedades cardiovasculares afloren. No es un asunto baladí. Estas dolencias son la principal causa de muerte en España. La obesidad afecta cada vez a más población joven, por lo que hay que seguir luchando para transmitir mensajes adecuados desde edades tempranas.

Un grupo de científicos de la Universidad Complutense de Madrid, del Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón, del Navarrabiomed de Pamplona y del Instituto de Biología y Genética Molecular (IBGM) de la Universidad de Valladolid trabaja en un estudio que forma parte de un proyecto más ambicioso que pretende comprender los mecanismos implicados en la fibrosis (acumulación de tejido) cardíaca en la obesidad. En este trabajo se han centrado en ver las posibles interacciones entre la leptina –una sustancia que se produce en el tejido adiposo y juega un importante papel en la regulación de la ingesta del alimento–, y los receptores de mineralocorticoides –hormonas segregadas por la glándula suprarrenal–, cuya actividad se asocia al desarrollo de la fibrosis.

«La obesidad es una acumulación excesiva de tejido adiposo que puede ser perjudicial para la salud. Va a afectar al corazón: aumenta su tamaño y hace que pierda elasticidad para adaptarse al exceso de peso corporal», expone Marisa Nieto, investigadora del IBGM, quien añade que el aumento de los niveles de leptina favorece esta dolencia del órgano central del cuerpo humano, que ya afecta al 15% de la población española.

El receptor de mineralocorticoides está presente en el tejido miocárdico; se halla en los diferentes tipos celulares presentes en el corazón, como los cardiomiocitos, las células del endotelio y los fibroblastos. Más aun, pacientes con determinadas alteraciones cardíacas presentan un aumento en la expresión miocárdica de estos receptores. «Los mismos median la acción de la aldosterona –una hormona esteroidea–. Ello explica que aumentos plasmáticos de aldosterona ejerzan efectos deletéreos sobre el corazón».

En su estudio han investigado si la actividad de los receptores mineralocorticoides está relacionada con los efectos profibróticos de la leptina, así como los posibles mecanismos implicados. El trabajo, que ha sido publicado en la revista Scientific Reports, se ha realizado en animales obesos por la ingesta de una dieta hipercalórica y en fibroblastos cardíacos, que son las células principales encargadas de producir el colágeno, el principal componente de la fibrosis miocárdica.

En este sentido, Nieto comenta que la comunidad científica ha demostrado que el daño cardíaco asociado con la obesidad implica diferentes mecanismos donde interaccionan gran cantidad de factores, por esta razón es «importante» seguir profundizando en los mecanismos por los cuales la obesidad favorece el desarrollo de alteraciones funcionales y estructurales sobre el miocardio. «En pacientes obesos se ha observado que la fibrosis cardíaca se asocia a degeneración celular e inflamación. Además, también se ha observado la presencia de infiltración de grasa en el miocardio, que puede favorecer el deterioro progresivo del ventrículo izquierdo».

Respecto a las ventajas, la investigadora del IBGM señala que la obesidad es un problema socioeconómico de primera dimensión que supone un uso importante de los recursos sanitarios y conlleva una reducción de la esperanza de vida. En consecuencia, este estudio permite aumentar el conocimiento sobre los mecanismos que subyacen a las características singulares de un corazón obeso. Por tanto, los avances derivados del conocimiento en este campo permitirán definir la enfermedad, predecir la evolución clínica, optimizar la elección y el momento del tratamiento, potenciar el desarrollo de fármacos y la monitorización de estrategias terapéuticas. «Todo ello con la finalidad de disminuir los casos de disfunción cardíaca provocada por obesidad».

El trabajo en esta área comenzó hace una década. Sin embargo, dado que la obesidad es la epidemia del siglo XXI y numerosas investigaciones han demostrado que sufrir obesidad incrementa de manera exponencial el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular, el interés se ha focalizado en el binomio obesidad-remodelado cardíaco, apunta.

De cara al futuro, Nieto considera que un gran desafío será dilucidar las distintas vías de señalización intracelular estimuladas por la activación de los receptores de mineralocorticoides, en función del presente, así como los mecanismos que subyacen al efecto cardioprotector de los antagonistas de estos receptores. Otro reto para un futuro inmediato, añade, lo constituye el diseño de estrategias que permitan bloquear al receptor de mineralocorticoides específicamente en el miocardio. De esta forma, pueden evitarse los efectos deletéreos dependientes de su activación en el miocardio, sin afectar la función de otros órganos vitales –como el riñón– donde también están presentes estos receptores. Así, subraya la investigadora, se pondrán inhibir los efectos dañinos sobre el corazón sin afectar a su papel fisiológico sobre la función renal.

 

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