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VALLADOLID

El claxon que salva vidas en el metro

Un ingeniero de la UVA participa en Finlandia en la aplicación funcional de uno de los sensores de última generación de Sick Sensor Intelligence / Distingue la distancia que se encuentra el tren y activa el frenado automático

E. LERA
25/06/2019

 

Su sonido recuerda a viajes amables, historias donde las frases se convertían en raíles y los párrafos en apeaderos. Lugares donde la sociabilidad adquiría una dimensión especial, sobre todo, cuando caía la noche y ese compartimento era el refugio de los viajeros. El tren fue durante una época un medio de transporte que unía vidas. Los kilómetros se hacían más pequeños entre libros, paisajes, anécdotas y risas. Lejos quedaron esos coches de madera con máquinas de carbón y esa tradicional bocina que igual servía de despertador que de llamador.

El pitido del tren sigue existiendo y desea contagiar al metro. Este último no es silencioso. Ni mucho menos, si bien el anhelo es que ese conocido piii sirva para mucho más que para alertar del cierre de puertas o de la salida de la estación. El ingeniero de Organización Industrial de la Escuela de Ingenierías Industriales de la Universidad de Valladolid (UVA) Mario Montero participó en un proyecto durante su estancia en Finlandia para buscar una aplicación funcional e innovadora para cada uno de los sensores de última generación de la empresa Sick Sensor Intelligence y, además, encontrar una forma atractiva de comercializar este nuevo producto.

Un equipo –formado por dos belgas, una alemana, una francesa y un español– ideó su uso para garantizar la seguridad de las estaciones de metro. En primer lugar, explica que programaron el sensor para que distinguiera entre dos tipos de áreas: las proximidades de las vías lo que denominaron warning area (zona amarilla) y las vías del tren, danger area (zona roja). «Si el sensor detecta presencia en la zona amarilla se activa una alarma sonora que avisa al usuario indicando que está en peligro: posibles absorciones, caídas por despistes mientras se utiliza el teléfono móvil, etc. Si detecta presencia en la zona roja, además de activarse una alarma sonora diferente, se pone en marcha un autofrenado del tren que intentaría evitar el accidente», describe.

En este sentido, Montero señala que es «muy sencillo» distinguir la distancia a la que se encuentra el objeto del tren que se aproxima. Por ello, el frenado automático será más agresivo o más suave dependiendo de la distancia. Y siempre, recalca, garantizando la seguridad de los ocupantes del tren. De igual manera, afirma que mejora el flujo de pasajeros y su comodidad porque es capaz de contar el número de personas que está esperando en el andén.

«Esto permite guardar información útil como, por ejemplo, los días de mayor número de pasajeros o las horas punta», manifiesta para, más tarde, añadir que es posible hacer previsiones y poner más o menos vehículos dependiendo de las necesidades.

El ingeniero de Organización Industrial de la UVA comenta que uno de los valores añadidos de Metroview –así se llama el producto– es la posibilidad de instalar una red de sensores en todas las estaciones de metro de una línea. De esta manera, se puede controlar el flujo de personas y de trenes. «Al detectar las zonas más transitadas, el sensor puede servir para colocar en los lugares más transitados máquinas de venta automática, bancos o utilizar esos espacios para fines publicitarios». Para hacerlo más atractivo pensaron en una nueva forma de comercializarlo. No lo venden, sino que lo alquilan. El cliente paga por la instalación, el mantenimiento, la programación, la formación de los trabajadores, el software, entre otras cuestiones.

Realizado con una impresora 3D y materiales respetuosos con el medio ambiente, el sensor está formado por cuatro capas de escaneo con un rango de alcance de 200 metros de longitud y 120 grados de ángulo. «Los rayos láser son emitidos por cuatro espejos poligonales internamente giratorios que envían láseres y escanean el entorno. Estos rayos láser son reflejados por los objetos con los que chocan y captados de nuevo por seis elementos receptores. De esta manera, dependiendo del tiempo en recibir los impulsos láseres y la dirección de estos, podemos obtener una visión 3D del entorno y, por ende, la distancia y la posición en la que se encuentran las objetos».

Expone que el sensor es capaz de funcionar con mucha precisión en condiciones medioambientales adversas como niebla, lluvia, polvo e, incluso, a través de humo y cristal. Y es innovador, según indica el ingeniero vallisoletano, porque proporciona muchas funciones en un solo producto. Surgió en una lluvia de ideas. Poco a poco fueron afinando la iniciativa hasta que decidieron que se centraría en trenes porque Montero conocía a la perfección los entresijos de Renfe. Su padre trabaja allí. Otra de las ideas era utilizar el sensor para garantizar la seguridad de los trabajadores en naves industriales. Eso sí, deja claro que el programa se podría adaptar a buses, trenes...

Un paso hacia adelante que, además, consiguió el cuarto mejor proyecto de Finlandia de los que se presentaron al Concurso de ámbito nacional, organizado por la empresa Sick Sensor Intelligence, líder en la fabricación de sensores y soluciones de sensores para la automatización de fábricas, logística y de procesos. «Fue un éxito», admite. Ahora Mario Montero ha vuelto a España y sus planes de futuro pasan por hacer un máster en Zurich.

No obstante, a pesar de sus buenas notas, dice que es «complicado» entrar. Otras opciones son realizar el posgrado de Dirección de Proyectos de la Universidad de Valladolid o alguno en Madrid. No descarta tampoco incorporarse al mercado laboral de la mano del programa Renault Graduates. «Tengo muchas ganas de ver cómo se trabaja en empresas exitosas, aprender de los mejores y quién sabe si en el futuro montar mi propia empresa», concluye.

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