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Células madre hacia Europa

nvestigadores del IBGM patentan un sistema para congelar, revitalizar y enviar estos organismos con viabilidad asegurada durante 72 horas

E. LERA
16/07/2019

 

El crujido es el lenguaje de las articulaciones. No es lo mismo escuchar los sonidos de los enlaces de los huesos sanos, en movimiento, o cuando se exploran en la consulta. Su temperatura y la voz, junto con las pruebas, son el mejor triple para un correcto diagnóstico. Con el problema ya claro toca buscar las opciones más eficaces. El traumatólogo decidirá si pasar por la mesa de operaciones o recurrir a un tratamiento menos intrusivo.

En este último escenario aparecen las células madre, una cura en estudio que tiene el potencial de proporcionar organismos sustitutos para cualquier parte del cuerpo: cerebro, huesos, órganos y sangre. Es el aliado para combatir el dolor y la inflamación. Aunque aún queda mucho camino por recorrer, se van dando pasos. Uno de ellos es el transporte. Y es que hasta ahora su vida era de 8 a 10 horas, lo que «limitaba» que se pudieran mandar fuera de España.

Investigadores del Instituto de Biología y Genética Molecular (IBGM), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Universidad de Valladolid, han patentado un sistema «pionero» para congelar, revitalizar y enviar estos organismos a Europa. Un avance «importante» porque se trata de células que se extraen de la médula ósea y tienen «mucho potencial» para tratar artrosis y patologías osteoarticulares. «Primero se extraen, más tarde se cultivan hasta tener los millones necesarios para la dosis y por último se envían», explica Ana Sánchez, catedrática de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid, directora técnica de la Unidad de Terapia Celular y directora de la empresa Citospin.

Para hacer posible que sus viajes pudieran ser más largos, este equipo vallisoletano desarrolló un nuevo protocolo, que se basa en que una vez seleccionadas las células madre, éstas se congelan en nitrógeno líquido «durante el tiempo que sea necesario», es decir, hasta que las necesite el paciente. De esta manera, sostiene que tienen «una viabilidad asegurada de 72 horas», con lo cual pueden llegar a hospitales de sus socios del consorcio, que están en Roma, París, Montpellier y Halle.

La manera de obtenerlas es la misma, eso sí, las ventajas son «muchas». En primer lugar, Sánchez asegura que «se alarga la viabilidad» de las células madre después de descongelarlas y revitalizarlas, lo que «facilita» su distribución. «Al hospital llegan en suspensión y se introducen en una jeringa para, a través de una transfusión especial –una aplicación que se lleva a cabo mediante control radiológico–, inyectarse en el disco intervertebral, cada una de las almohadillas que separan las vértebras de la columna vertebral», detalla.

En este sentido, la catedrática de la UVA subraya que están destinadas a «regenerar» la almohadilla que al deshidratarse, pierde su forma y se aplana, favoreciendo la compresión de las raíces nerviosas que salen de las vértebra y, por ende, el dolor ciático.

Preguntada por las dificultades del proyecto, incide en que la primera fue aumentar el tiempo de viabilidad celular para hacer posible el transporte al Viejo Continente. Y lo hacen gracias a unas cajas que garantizan la temperatura correcta, que debe estar entre los 4 y los 10 grados. A esto se suma la contratación de una empresa de distribución. Un proceso «caro» que desde la Universidad de Valladolid intentan «amortizar» llevando seis dosis para media docena de pacientes. «Lo transporta una persona en su coche porque tampoco nos fiamos de que hagan escalas en aeropuertos», considera la directora técnica de la Unidad de Terapia Celular, quien deja claro que hasta este momento los envíos eran solo a hospitales españoles. «Llegaban en perfectas condiciones».

El donante puede ser cualquier persona sana que dé el consentimiento. Por norma general, suelen ser pacientes que por cuestiones diagnósticas tienen que hacerse una punción. Antes de ese momento informan de que las células sobrantes pueden utilizarse para investigar o para ayudar a otros pacientes. Entonces, se hacen las correspondientes pruebas y exámenes necesarios de seguridad que marca la ley de donaciones. En este proyecto precisa que los donantes son especiales, ya que se iban a tratar de otras patologías. En concreto, han participado tres personas que, además, van a estudiar su capacidad y la van a comparar con el resto de sujetos.

La iniciativa, que terminará el año que viene, está enmarcada en el programa Horizonte 2020. En los primeros meses el consorcio, coordinado por la Universidad de Montpellier, en la que también están miembros de otras universidades de Roma, París, Lyon, Halle e Irlanda, además de dos hospitales en Pamplona y Zaragoza, ha trabajado en la presentación del modelo a las distintas agencias europeas. «Ha sido un proceso muy largo porque cada uno de los organismos puso las pegas que le parecieron y había que solventarlas». Ahora mismo se encuentran en el ecuador del proyecto, el tiempo restante, dice, servirá para hacer las aplicaciones. No obstante, el modelo de distribución que ha patentado la Universidad de Valladolid es «muy interesante» porque lo que se pretende con esta terapia es que se pueda tener un almacén, un reservorio celular, para ir descongelando, revitalizando y enviando.

Ana Sánchez afirma que son «los únicos» que envían a Europa. De hecho, ya están en contacto con varios centros europeos interesados en su producción celular. «El futuro dirá lo que da de sí». En esta línea, expone que fueron seleccionados porque llevaron a cabo un proyecto de fase 1 –para conocer si la terapia es segura y posible– en la que tuvieron una eficacia del 80%. Por ello, se muestra «esperanzada» de que esta tecnología tenga un resultado positivo. De momento, señala que lo que está claro es que las células madre de la médula ósea son seleccionadas y expandidas en una sala de calidad farmacéutica, donde los organismos son autorizados para uso clínico en ensayos con pacientes humanos.

Está contenta de formar parte de un proyecto europeo. Como también lo está de tener las profesiones más valoradas por la sociedad: investigador y médico. En su opinión, los jóvenes han sido «uno de los sectores más perjudicados» por la crisis económica. Y es que Ana Sánchez echa la vista atrás y recuerda sus inicios, unos inicios donde su «hada madrina» le ayudó a ser investigadora tras licenciarse en Medicina. Ahora mismo, lamenta que no sea así. «Si una persona quiere dedicarse a la ciencia tiene que pasar un catecumenado de más de 10 años en condiciones muy precarias, encadenando muchos contratos temporales», considera para, a renglón seguido, añadir que los estudiantes de Medicina son los «más afortunados», ya que la formación posgraduada está «garantizada y pagada, lo que no se hace en ninguna otra carrera».

La UVA lanzó una terapia celular innovadora para enfermedades en la superficie ocular. Y el equipo de Sánchez participó en ella. La investigación emplea un tipo de células madre muy versátil, que elimina los rechazos en los trasplantes celulares convencionales y disminuye costes. Ya se ha comprobado su eficacia y corroborado la seguridad del tratamiento con células madre mesenquimales, que son capaces de diferenciarse en células de diferentes partes del organismo, procedentes de la médula ósea de donantes vivos.

ANA SÁNCHEZ / Directora técnica de la unidad de terapia celular

Ana Sánchez, catedrática de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid (UVA) y directora técnica de la Unidad de Terapia Celular, asegura que está «muy agradecida» a la Junta de Castilla y León porque desde hace muchos años apoya los proyectos con «unos fondos estupendos» para seguir adelante. También es verdad que supone un espaldarazo fundamental los ensayos clínicos que llevan a cabo y los ingresos que proceden de Citospin. Sin olvidar la Red de Terapia Celular que les permite hacer una serie de contratos de personal.

Dicho esto, lamenta que las agencias cada vez financian menos. «Hay muchos proyectos que se quedan sin financiación. Eso es un problema porque España ha hecho un esfuerzo para estar donde está ahora, en el décimo país científico del mundo, y todos queremos que se mantenga», explica Sánchez, quien añade que el objetivo es que el PIB fuera superior al 3% y «tiene pinta de que no lo va a ser, mientras la clase política siga mirándose al ombligo».

En este sentido, la catedrática de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UVA comenta que «una parte del PIB debe ir destinada a investigación y desarrollo, si no se hace el que pierde es el país». Pone como ejemplo China donde invierten en tecnología y aplicaciones y ganan. No obstante, incide en la suerte que tiene de poder seguir trabajando en lo que la gusta gracias al dinero que recibe del Gobierno autonómico, del Estado y de Europa. «No todo el mundo está igual. Los científicos ponen lo mejor de sí mismos para seguir investigando. Es una vocación para toda la vida», concluye.

 

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