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VALLADOLID

Un cargador sin cables que atraviesa sólidos y líquidos

Un ingeniero de la UVA patenta un sistema que permite cargar dispositivos a cinco metros de distancia / Asegura que no supone ningún peligro para la salud.

E.LERA
14/11/2017

 

Te imaginas estar en una cafetería y que el móvil, la televisión y la lámpara funcionen sin necesidad de cables? Aunque la tecnología de carga inalámbrica está en pleno desarrollado de la mano de grandes compañías, un ingeniero en Electrónica Industrial y Automática de la Universidad de Valladolid (UVA) ha patentado un sistema capaz de alimentar aparatos de baja potencia (hasta 50 vatios) a cinco metros de distancia. «Consiste en un transmisor que se conecta a la red eléctrica y genera un campo magnético bidireccional que carga cualquier dispositivo, ya sean móviles, portátiles, tabletas», afirma Carlos Martínez de 27 años, responsable de la idea y fundador de la empresa Aladyn System.

El funcionamiento es similar a una cocina de inducción, pero, tal y como explica, con resonancia para que con «muy poca potencia se pueda transmitir a grandes distancias». El sistema está formado por un emisor y un receptor (el dispositivo a cargar). Este último se conecta a un rectificador que convierte esa señal alterna de alta frecuencia en una corriente continua que puede ser utilizada, por ejemplo, por un móvil que precisa cinco voltios o por un portátil que necesita 19. Ese rectificador pasa previamente por un regulador de tensión y así, se puede tener una fuente inalámbrica de tensión para utilizar con cualquier dispositivo, apunta.

Además, este invento, pionero en Europa, puede transmitir esa energía de carga «sin necesidad de taladrar paredes», ya que el campo magnético atraviesa sólidos y líquidos «con total seguridad», lo que permite alimentar zonas en el exterior, como pueden ser piscinas. De hecho, su principal cliente, el grupo multinacional Fluidra, se dedica a la iluminación de piscinas.

No es el único que ha confiado en la tecnología de este vallisoletano, otra empresa de iluminación, de la que aún no se puede desvelar su nombre por cuestiones de confidencialidad, también apuesta por estas lámparas estancas que no tienen cables. Otros clientes podrían ser fabricantes europeos de sensores industriales o sensores para domótica y fabricantes de teléfonos móviles y tabletas. En la parcela de la domótica, reconoce que ya han hecho algunos contactos, pero todavía no se ha cerrado ningún acuerdo.

Para Carlos Martínez, la principal ventaja de su sistema es la posibilidad de alimentar dispositivos sin cables. Es verdad, manifiesta que en la actualidad todavía los aparatos que necesitan grandes potencias tienen que tener cables, pero su idea es trabajar para eliminarlos, ya que, por ejemplo, en tiendas sería muy útil tener luminarias inalámbricas. «Están constantemente cambiando la instalación de las lámparas y de esta forma no se tendrían que preocupar de nada, porque con un solo transmisor podrían abastecer a múltiples receptores –si fueran móviles hasta 10–», expone.

A la eliminación de cables se une el «bajo coste». El ingeniero de la UVA avanza que su idea es crear un sistema para la carga de móviles que su precio ronde los 100 euros. Para ello, necesita una inversión bastante grande. «La idea es crear junto con otra empresa un producto que integre nuestra tecnología porque a nosotros lanzar un producto al mercado nos queda bastante grande», admite antes de comentar que su idea es «buena» y «si no la ponemos en marcha cuanto antes, vendrán otros y lo terminarán haciendo». Por este motivo, están corriendo lo máximo posible.

El broche a las ventajas lo pone que el sistema permite traspasar sólidos y líquidos. «Imagínate una habitación con cuatro transmisores y todos los dispositivos se alimentarían sin cables», destaca para, a continuación, añadir que no supone ningún peligro para la salud. «Se trata de radiaciones no ionizantes, que no afectan a los individuos. Van como el wifi».

Este cargador tuvo sus inicios en el año 2012, mientras realizaba su proyecto de fin de carrera. Creó una estación de carga inalámbrica para vehículos eléctricos, que consistía en una maqueta en la que el coche llegaba a una rampa y se cargaba sin necesidad de contacto. Una idea que, pese a estar premiada por la Fundación Renault, se quedó en el cajón. Dos años después, el vallisoletano la volvió a desempolvar, eso sí, admite que las distancias por aquel entonces eran «muy cortas». Otra vez al cajón y otra vez a trabajar en la compañía del rombo.

El emprendimiento llamó a su puerta y ahora sí que sí decidió hacer su sueño realidad. Y lo hizo de la mano de la Fundación Repsol, quien confió en el potencial de su tecnología y le ofreció una beca de 2.000 euros al mes durante un año para crear este cargador inalámbrico multidispositivo. En octubre se acabó la financiación; sin embargo, Carlos Martínez lucha para sacar adelante su proyecto. Junto a él hay otras dos personas más, una de ellas se dedica a la parte financiera y la otra a los asuntos relacionados con el marketing.

De cara al futuro, sostiene que la base principal es conseguir clientes. Además, acaban de presentarse a la primera fase del instrumento Pyme del Horizon 2020. Su meta es lograr la subvención para poder seguir desarrollando la tecnología y aumentar la distancia y la potencia. «Ahora mismo los beneficios son los justos para seguir tirando pero queremos fondos para investigar, que al final es lo que interesa», señala.

Sus clientes son de Cataluña y la idea es centrarse en España hasta que puedan dar el salto europeo. «Queremos salir fuera, pero la patente en Europa son 30.000 euros y necesitamos inversión», recalca este vallisoletano que se muestra «muy orgulloso» de haber marcado un antes y un después en la tecnología inalámbrica. No obstante, sabe lo difícil que es sacar su idea adelante. «Lo complicado es encontrar clientes porque las empresas españolas cuando tienen delante algo tan nuevo no se atreven», concluye Martínez.

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