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VALLADOLID

Cardo mariano contra el hígado graso

Un estudiante de Medicina de la UVA estudia el papel de la genética en la respuesta a un fármaco indicado en el tratamiento de esta enfermedad, que afecta a una de cada cuatro personas en España.

E. LERA
08/05/2018

 

Es una enfermedad cada vez más frecuente, sobre todo, en los países occidentales. El hígado graso no alcohólico se caracteriza por la acumulación de grasa en las células del hígado. De forma habitual, este órgano posee cantidades pequeñas de ella –alrededor del 10% de su peso–, sin embargo, cuando la acumulación es excesiva aparece esta patología, que no suele presentar complicaciones. No obstante, es importante mantenerla a raya, ya que puede derivar en dolencias más graves, como la cirrosis o la hepatitis, que en muchas ocasiones son la antesala a un trasplante hepático.

El motivo exacto de su aparición se desconoce, si bien está en aumento en la población y afecta a cerca del 25% de los españoles. Una de cada cuatro personas sufre hígado graso. No tiene síntomas y se produce por hábitos de vida sedentarios y factores genéticos. La única voz de alarma que emite es la tasa de transaminasas altas en un análisis de sangre rutinario. Los pacientes suelen ir a una consulta con su médico de familia y se encuentran con esta enfermedad por casualidad. Tras una ecografía, aparece más brillante el hígado. En ese momento la maquinaria sanitaria se pone en funcionamiento y arroja un tratamiento: dieta equilibrada y ejercicio. La recomendación es perder el 10% del peso, independientemente de los kilos. Con este paso, el perfil hepático comienza a mejorar. Para ello, se recetan entre 150-200 minutos de ejercicio aeróbico a la semana y comida mediterránea, en la que no debe faltar aceite de oliva, alimentos naturales y grasas que provengan de los frutos secos.

La cuestión es que algunas personas no responden y otras ni lo intentan. Tanto para unos como para otros hay que dar una respuesta. Ésta sería con fármacos. A día de hoy está muy restringida porque los únicos que están aprobados son la vitamina E y la pioglitazona, y ambos presentan «tremendos efectos secundarios» a largo plazo. Por esta razón, los investigadores buscan nuevas vías para atajar la dolencia. El trabajo del estudiante Miguel Ángel Rojo, tutelado por la profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid (UVA) Rocío Aller, estudia el papel de la genética en la respuesta a la silimarina, un producto que proviene del cardo mariano y su uso es seguro, además está demostrado su eficacia en la disminución de las transaminasas.

El proyecto, que se alzó con el primer premio de comunicación oral en el IV Congreso de Estudiantes de Investigación Biosanitaria celebrado en la Universidad de Granada, se basó en el estudio de 54 pacientes del Hospital Clínico Universitario de Valladolid con esta dolencia diagnosticada por biopsia. A todos se les trató durante seis meses con silimarina más vitamina E. Los resultados fueron muy alentadores, ya que se consiguió demostrar que con este fármaco se disminuía el perfil hepático sin necesidad de dieta ni ejercicio. No obstante, el trabajo también arrojó otra peculiaridad: aquellas personas que portaban un gen mutado llamado PNPLA3, localizado en el cromosoma 22, no respondían al tratamiento propuesto por Rojo y Aller.

«Nuestra propuesta es que haciendo un estudio genético podemos saber si el fármaco va a funcionar o no», sostiene el estudiante de Medicina, quien asegura que a día de hoy no hay ningún medicamento en fase 4 de un ensayo clínico disponible para el tratamiento de la enfermedad. «Estamos muy limitados». Su idea es recurrir a la farmacogenética, un nuevo enfoque que guíe hacia tratamientos personalizados basados en el estudio del genoma para adelantarse a la respuesta de los pacientes frente a distintos fármacos, con vistas a reducir el gasto, el cansancio de los enfermos y aumentar la calidad asistencial.

La idea partió de la profesora Aller, quien tras un trabajo de clase propuso a Rojo formar parte de este proyecto de investigación. «Yo no me lo pensé porque para mí es un orgullo que una profesora deposite esa confianza en mí y me introduzca en este mundo», asegura el estudiante. Juntos se pusieron manos a la obra y ahora están buscando una publicación de impacto para dar a conocer los resultados. Ya tienen la revista en la que lo harán pero todavía no pueden desvelar el nombre. En la actualidad se encuentran en fase de cambio de formato y correcciones.

No se quieren quedar en ese punto al que han llegado y esperan seguir investigando el hígado graso. Ademas, tienen pensando ahondar en otras patologías y, especialmente, en la manera de abordarlas. Una de ellas es el Síndrome del Intestino Irritable, un problema que afecta al intestino grueso y puede causar cólicos abdominales, distensión y cambios en los hábitos intestinales. Algunas personas con esta dolencia tienen diarrea, otras tienen estreñimiento. «Tiene una incidencia muy alta en la población y no tiene una serie de criterios bien delimitados. Habría campo para estudiar, sobre todo, en el tratamiento donde existen lagunas, por ejemplo, en la dieta», afirma.

Miguel Ángel Rojo cursa en la actualidad el cuarto curso de Medicina, además es alumno interno de anatomía. A sus 22 años tiene claro que quiere dedicarse a la salud pública y a la medicina preventiva. También es fundador en Valladolid de la sede de OAN International, una plataforma que permite a los estudiantes del último curso realizar su Trabajo de Fin de Grado (TFG) en materia de cooperación internacional, e incluso llevar a la práctica sus proyectos en Nikki, al norte de Benín.

 

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