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LEÓN

Biología contra las plagas de los viñedos

Investigadores de la ULE apuestan por el control biológico de las enfermedades de la vid / El proyecto Bioenvid, premiado por ser una idea innovadora de negocio por la Fuescyl.

E. LERA
12/03/2019

 

El objetivo está claro: utilizar la biología para la cura de las plantas. Son muchas las plagas que aporrean la tierra. Para cortarles las alas, aparecen los pesticidas. Sin embargo, son altamente peligrosos para el planeta. Por ello, las normativas medioambientales limitan estas prácticas que hasta hace no mucho eran habituales.

Y es que la exposición crónica a este tipo de productos se relaciona con trastornos del desarrollo, esterilidad y cáncer, según la revista The Lancet. De ahí que se tome el camino más sano. El grupo de investigación en Ingeniería y Agricultura Sostenible con sede en la Escuela de Ingeniería Agraria y Forestal de la Universidad de León (ULE) trabaja para acorralar a las plagas que enferman las vides. Y lo quieren hacer mediante control biológico.

«La idea del proyecto parte de un problema existente en el viñedo de todo el mundo. Las enfermedades de la madera de vid (yesca, eutipiosis, etc.) son las que más dinero hacen perder a los viticultores y además carecen de un producto eficaz que las combata», expone Pedro Antonio Casquero, investigador principal del equipo de la ULE, para, más tarde, añadir que un mayor número de productos fitosanitarios se están retirando del mercado para cumplir con las normativas europeas de política medioambiental. «Esto conlleva a una indefensión de los agricultores frente a las plagas y enfermedades en el campo», apostilla.

En la actualidad, explica, los productos para el control de las enfermedades de madera de vid son productos que no se adaptan a las necesidades particulares de cada parcela, simplemente son organismos o productos genéricos con los que han realizado una serie de estudios en condiciones controladas, pero que no han sido probados en cada situación específica. Razones que colocan al control biológico dirigido como la solución de cabecera.

En esta línea, Casquero subraya que España es el país que posee mayor superficie de viñedos del mundo y con una tradición de 2.000 años, un lugar «idóneo» para la búsqueda de microorganismos beneficiosos en viñedos y aplicarlos como método de control biológico frente a los hongos que causan esta enfermedad.

Para el investigador principal del grupo en Ingeniería y Agricultura Sostenible de la ULE, la innovación radica en la aplicación dirigida de los microorganismos beneficiosos de la parcela, llevar a cabo su aislamiento, selección, producción y aplicación de forma controlada y respetuosa con el medio ambiente. «Garantizando de esta manera una adecuada adaptación al medio y una buena acción de control de los patógenos».

Casquero expone que el control biológico es «una alternativa real, sostenible, económica y respetuosa» con el medio. «Consiste en la utilización de organismos vivos o productos que los contengan con el fin de disminuir los daños económicos que causan plagas, patógenos y malas hierbas en los cultivos», define y agrega que la estrategias de actuación pueden ser diversas. En este caso, se propone el uso de hongos beneficiosos del género Trichoderma spp. –un hongo muy común del suelo, también se encuentra en troncos caídos y estiércol–.

La ventaja fundamental del proyecto que se conoce con el nombre de Bioenvid, según detalla, es proponer «un servicio integral y a la medida de las características ecológicas» de cada viñedo. «Los hongos beneficiosos del género Trichoderma spp. seleccionados se mantendrán en un ‘banco de biocontrol’ gestionado por nosotros y en el momento de aplicación se entregarán a los viticultores con indicaciones sobre el modo de aplicación para optimizar el establecimiento del hongo beneficioso en la planta de vid».

A esto se une, sostiene, un ahorro de productos fitosanitarios de síntesis de efectos nocivos tanto para el hombre como para el medio ambiente. El reto, por tanto, pasa por conseguir que los hongos beneficiosos del género Trichoderma spp. inoculados en las plantas de vid sean capaces de sobrevivir asociados a los viñedos sin necesidad de repetir la inoculación cada año.

Bioenvid recibió el segundo premio en la modalidad de Idea Innovadora de Negocio, concedido por la Fundación Universidades y Enseñanzas Superiores de Castilla y León (Fuescyl). Se reconoció esta iniciativa y con ella el trabajo de los miembros de este grupo leonés: Guzmán Carro, Santiago Gutiérrez, Sara Mayo, Álvaro Rodríguez, Samuel Álvarez, Alejandra Porteous, Óscar González y Laura Lindo.

El proyecto, según cuenta Pedro Antonio Casquero, surgió observando que en viñedos con cepas viejas afectadas por enfermedades de madera se recuperaban, y sobre ellos aislaron cepas del hongo Trichoderma.

Aunque a nivel mundial existen más grupos tratando de dar respuesta a las enfermedades de madera de vid, la diferencia fundamental es que el equipo de la Universidad de León aborda el problema de las plagas desde el punto de vista sostenible, buscando el equilibrio a largo plazo entre la actividad agrícola y la naturaleza. Y lo puede hacer por su carácter multidisciplinar. Está formado por ingenieros agrónomos, microbiólogos y biotecnólogos en estrecha relación con viticultores y empresarios. Un feedback que permite «dar respuesta» a las necesidades del sector.

En el año 2010 comprobaron la eficacia del hongo beneficioso Trichoderma en el control de hongos patógenos. El siguiente paso llegó en 2016 de la mano de Bodegas Pago de Carraovejas. Con ellos participaron en el proyecto ‘Solución global para mejorar la producción vitivinícola frente al cambio climático basada en robótica, en tecnología IT y en estrategias biotecnológicas y de manejo del viñedo’, que reúne a las principales bodegas y grupos de investigación del sector vitivinícola en España.

En los próximos meses, el camino que recorrerán será estudiar el movimiento y la supervivencia a largo plazo del hongo beneficioso Trichoderma en las plantas de vid. Para este fin están trabajando con el Austrian Institute of Technology (Viena, Austria), hasta donde se ha desplazado el investigador Guzmán Carro para abordar nuevos ensayos en el desarrollo de su tesis doctoral.

 

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