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PERSONAJES ÚNICOS | MIGUEL GARCÍA

El bibliotecario de Wikipedia

Es vallisoletano, forma parte de la directiva de Wikimedia España y combate el fraude en el comercio electrónico desde Londres / Garantiza que los vendedores que ofrecen sus productos sean empresas con sus obligaciones en orden.

E. LERA
15/10/2019

 

Es de letras y de números. Polifacético. Compagina de maravilla revolucionar internet desde la mayor enciclopedia de contenido libre con ser policía del comercio electrónico. Miguel García es un innovador diferente. Un vallisoletano que decidió buscarse la vida –como tantos jóvenes (y no tan jóvenes) en tiempos de crisis económica– en cualquier lugar del mundo. Encontró su espacio en Londres. Llegó tras licenciarse en Administración y Dirección de Empresas y Derecho. «El ámbito jurídico me atrajo desde joven, por lo que llegado el punto me pareció conveniente complementarlo con ADE en la forma de doble grado», expone.

Emigró a comienzos de 2017. Reconoce que el hecho de que su pareja estuviera ya allí fue un «gran aliciente». «En Valladolid iba a ser casi imposible encontrar algo que mereciera la pena; con lo que al graduarte, de entrada, ya estás pensando en hacer las maletas», asegura para, a continuación, añadir que, en la mayoría de los casos, el destino es Madrid, que se está convirtiendo en una especie de «agujero laboral», que todo lo atrapa y que hace que las diferencias a nivel de oportunidades con respecto a las provincias sea «abismal».

Lo que le dio el espaldarazo definitivo para dejar su ciudad natal fueron las condiciones laborales y la remuneración. «Siendo emigrante y llegando nuevo a un país, en apenas unos días tenía un trabajo de verdad y una remuneración acorde a él. Sin hacer prácticas antes. Sin ser becario», indica García, quien admite que todo eso, en España tiene que cambiar.

Primero, trabajó en Amazon para combatir el fraude. Su misión era garantizar que los vendedores que ofrecen allí sus productos sean empresas de verdad, legalmente establecidas y con las obligaciones en orden, para que los compradores acudan a un portal con todas las garantías. Aparte de blindar la puerta a los delincuentes, tenía que revisar el cumplimiento normativo, es decir, comprobar que todo estaba en orden respecto a los pagos. El gigante del comercio electrónico fichó a García porque habla tres idiomas con soltura y tiene conocimientos jurídicos.

Ahora ya no aporta valor en la compañía estadounidense pero lo que allí forjó sigue siendo su labor profesional. Es el detective de los números pero también de las letras. Es bibliotecario en Wikipedia. Cuenta con el poder de borrar páginas e impedir su edición. También añade contenidos, pasa la escoba para eliminar la información de espacios dentro de esta enciclopedia creados con propósitos vandálicos y bloquea a usuarios que «pervierten» la información o actúan de mala fe.

Comenta que Wikipedia siempre tiene la puerta abierta a nuevos participantes. «En mi caso, ya la usaba para tareas del instituto y un día caí en la cuenta de que se podía modificar. Decidí ampliar el artículo de mi pueblo, Campaspero, usando para ello un trabajo que había tenido que preparar meses antes para el instituto. Así, al menos, no quedaría olvidado en un word en mi ordenador y esperaba que a alguien le resultara útil», cuenta.

Forma parte de la directiva de Wikimedia España como vocal. Está feliz de ser uno más dentro de un espacio «bastante democrático» donde todas las discusiones son públicas, lo que genera que puedan «correr ríos de tinta» antes de que se alcance un consenso. De hecho, subraya que los administradores son como cualquier otro usuario, no disfrutan de ningún privilegio, como podría ser un voto de calidad. «Lo que sí que es cierto es que, de un tiempo a esta parte, parece que tiende hacia la meritocracia en su gobierno interno. Cuando yo comencé, los méritos eran muy inferiores a lo que ahora se exige. Esto ha supuesto que el número de administradores esté prácticamente estancado desde hace años, mientras que el proyecto no deja de crecer en contenido y usuarios totales».

Todo empezó como una «fuente de esparcimiento». Poco a poco entró en su vida hasta convertirse en algo cotidiano, casi imprescindible en su día a día. Se queda, admite el vallisoletano, con todas las personas que inicialmente conoció a través de la pantalla y con el seudónimo de Wikipedia y que ahora, puede decir, son amigos íntimos con los que quedar si surge la ocasión para tomar un café y donde Wikipedia es «solo la excusa» para verse las caras.

Miguel García ha escrito de muchos temas locales de Castilla y León, como pueblos, folclore, historia..., sin embargo, en los últimos tiempos se ha centrado en personalidades y asuntos de actualidad de Reino Unido. Aparte de aportar su conocimiento, también muestra el corazón de este enclave en la red. Antes de emigrar celebró un taller de aprendizaje en la Biblioteca Reina Sofía de la Universidad de Valladolid para explicar cómo añadir contenidos y aprender a usarla mejor.

Avanza que Wikipedia y sus proyectos hermanos necesitan «una adaptación y penetración más fuerte» con respecto a su uso en dispositivos móviles. «Editar y subir contenidos sigue siendo algo más pensado para el ordenador que para el móvil o la tableta. Veremos hacia dónde nos llevan los próximos años y cómo somos capaces de adaptarnos. Cantidad de contenidos ya tenemos, ahora hay que mejorar en calidad y profundidad en la enciclopedia y el resto de proyectos», subraya.

En su opinión, la precariedad en España está causando «estragos» en muchas áreas. «Es muy difícil querer quedarse en la universidad a investigar, a innovar, si no se va a poder llegar a fin de mes. Las universidades empiezan a estar envejecidas y la renovación del personal docente no es algo que pueda hacerse de un día para otro. Muchos españoles hemos tenido que emigrar. Conseguir que todos vuelvan y puedan ser un valor añadido con la experiencia que traen del extranjero va a ser muy complicado», comenta con pena.

El vallisoletano considera que las administraciones tienen que transformarse mucho y caminar hacia una interacción más flexible, digital, abierta y libre con la ciudadanía. «Parece que caminamos a un futuro en el que cada uno tendrá su propio horario en todos los sentidos, con lo que el poder interaccionar flexiblemente con la Administración será necesario. Que sea abierta y que lo que genere sea libre, sin duda favorecerá la transparencia, la participación ciudadana y la democracia en general. Eso es ser puntero».

Apunta que la sociedad no premia la innovación y el talento, ya que «para innovar no basta con el talento y es necesario un respaldo económico que permita hacerlo». «Ese investigador –continúa– que se está dejando los sentidos en un laboratorio, financiado por una universidad y cobrando una miseria, está construyendo algo casi invisible sin apenas transcendencia para los medios. Por el contrario parece que encumbramos al primero que pasa y que ha innovado porque alguien le ha financiado y se lo ha podido permitir, siendo esa innovación más cuestionable».

No obstante, prefiere ser positivo y quedarse con la parte buena. Por ello, dice que los jóvenes que arrancan su carrera laboral asediados por la coyuntura de la crisis pueden cambiar la orientación de esta porque suelen tener menos cargas. «Los que pierden su empleo tras décadas haciendo lo mismo con familiares a cargo, seguramente les cueste más reciclarse y salir adelante», concluye García.

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