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SALAMANCA

La basura como materia prima sostenible

Investigadores de la ULE firman un trabajo para la gestión de residuos que favorece el medio ambiente y genera beneficios / Encuentran las condiciones de tratamiento que se ajustan a cada deshecho.

E. LERA
08/05/2018

 

Convertir basura en materia prima, abaratar la energía y reducir las emisiones a la atmósfera son tres bastones en el buen camino hacia el uso eficiente de los recursos, que no son infinitos. Es necesitarlo utilizarlos de manera más racional, virando el modelo de consumo hacia una economía circular. Aquí, la investigación juega un papel crucial para vivir en territorios más limpios y sostenibles. La llamada valorización energética de los residuos, donde todos los actores se impliquen más.

La Universidad de León (ULE) trabaja en un proyecto para que la correcta gestión de residuos pueda crear un nuevo mercado de materias primas secundarias, capaz de generar beneficios económicos y favorecer el medio ambiente. El objeto último de usar deshechos, explica la investigadora Natalia Gómez, es llegar a una economía circular, donde la generación de residuos no sólo se minimice sino que estos se conviertan de alguna manera en materia prima aprovechable y sostenible; al fin y al cabo, la biomasa es la única fuente renovable de carbono.

«España produce gran cantidad de residuos agrarios que, en principio, no se aprovechan de forma sostenible, entendiendo sostenibilidad no sólo como un factor medioambientalmente positivo sino económico y social», añade Guillermo Rosas, miembro del grupo de Ingeniería Química Ambiental y Bioprocesos del Instituto de Recursos Naturales (IRENA), quien defiende que se debe fomentar y abarcar todo el ciclo de vida de los productos desde su producción hasta el consumo, pasando por la gestión de la basura.

La tecnología que utilizan en este trabajo es la pirólisis. A grandes rasgos consiste en el calentamiento de la biomasa a unas temperaturas entre 450-550 grados centígrados, y en ausencia de aire, esto es lo que le diferencia de la combustión. Como su propio nombre indica, lo que provoca es la rotura de la biomasa en una serie de fracciones. «En vez de arder se genera una serie de productos: gas, aceite y un carbonizado, todos con carácter combustible», expone Marta E. Sánchez, profesora de la ULE, antes de comentar que cuando la pirólisis fomenta la formación de los aceites bio-oil se denomina pirólisis rápida. «Estos aceites son combustibles líquidos que aún necesitarían ser mejorados para su uso en equipos convencionales y, por lo tanto la investigación no acaba aquí», apostilla el profesor Jorge Cara.

La novedad del trabajo consiste en encontrar condiciones de tratamiento que se ajusten a cada residuo agrario. Estos se caracterizan por ser materiales heterogéneos, es decir, de naturaleza muy diversa. «No es lo mismo tratar un residuo maderero que paja de colza, puesto que cambian tanto el porcentaje de productos finales como sus características», matiza Gómez para, a continuación, añadir que todos son potencialmente gestionables para ser reutilizados y obtener un valor añadido de ellos, en este caso energético.

El proyecto, que ha sido publicado en la revisa internacional Fuel Processing Technology de la editorial científica Elsevier, es el resultado de un trabajo de intercambio de investigación europeo a través de la plataforma BRISK, que ha sido financiado por el programa Horizonte 2020. En su opinión, esta retroalimentación es innovadora porque busca ahondar en condiciones de tratamiento para un residuo que inicialmente resulta difícil de tratar, dado que viene acompañado con sales minerales (potasio y fósforo) que reducen la eficiencia en este modelo de procesos térmicos.

El equipo leonés no es el único que trabaja para cambiar el rumbo de la basura, pero su principal diferencia con otros grupos de investigación es su escala de trabajo. «Valoramos los procesos de plantas semipiloto, lo que nos permite estudiar más parámetros que afectan al sistema, como puede ser el efecto de la densidad del material o el balance de masas y energías», sostienen los investigadores, quienes tienen claro que este punto les acerca a percibir comportamientos más similares a los reales de tratamiento.

Señalan que los resultados han expuesto que las condiciones óptimas de tratamiento son de 480 grados centígrados en lugar de 510 –que es la que suele ser tomada como estándar, encontrando al potasio y al fósforo (sales inorgánicas que acompañan a dicha basura) como modificadores de las reacciones de descomposición de la biomasa–. La ventaja es que el aceite a 480 grados exhibe características similares a otros aceites de pirólisis mientras que los productos a 510 grados no podrían usarse. En la investigación llevada a cabo la materia prima del proceso fue residuo de paja de colza de la localidad leonesa de Villaturiel.

Este trabajo demuestra que la colaboración entre diferentes organizaciones permite realizar diversas técnicas analíticas y de investigación, y enriquece a los grupos que participan. Según opina Natalia Gómez, la investigación es un campo que está en constante evolución y cambia de dirección en función de las necesidades. En la actualidad los trabajos de los miembros del equipo se orientan a la carbonización hidrotermal, que es una pirólisis que se realiza en presencia del agua para tratar residuos húmedos, como pueden ser algas, lodos, pulpas de frutas, entre otros. La meta con respecto al proceso anterior es no perder eficiencia térmica en residuos húmedos y, por otro lado, adaptar la tecnología y condiciones de uso.

 

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