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VALLADOLID

En la antesala de los temblores

Una bióloga vallisoletana diseña un modelo preclínico para evaluar tratamientos neuroprotectores contrael párkinson / El proyecto busca poner de manifiesto otros síntomas previos al déficit motor.

E. LERA
15/05/2018

 

Temblor, rigidez, pérdida de habilidad para realizar funciones motoras o trastornos de la marcha son algunas de las señales que hacen saltar las alarmas. A éstas se unen la pérdida de olfato, el trastorno de la conducta del sueño y la depresión. De hecho, estas últimas podrían actuar de marcadores precoces del párkinson. Un trastorno degenerativo neurológico del que se desconocen los mecanismos desencadenantes. Por este motivo, es complicado establecer un tratamiento efectivo. La mayor parte de los fármacos utilizados se centran en aliviar los síntomas motores, aunque con el tiempo pueden perder su eficacia y provocar efectos secundarios no deseados, como movimientos conocidos como discinesia.

De ahí que sean muchos los investigadores que quieran dar luz a esta patología. Uno de ellos es la bióloga vallisoletana Catalina Requejo, quien busca desarrollar un modelo para detectar y poder evaluar tratamientos neuroprotectores. Su idea es poner de manifiesto otros síntomas previos al déficit motor, una estrategia «ventajosa» a la hora de detectar la enfermedad porque según se ha comprobado en animales mejora su recuperación, apunta.

Para este propósito se centra en estudiar el modelo neurotóxico inducido por la administración intracerebral y unilateral de la toxina 6-hidroxidopamina (6-OHDA) en rata, que es un análogo de la dopamina que al introducirse en las células produce un estrés oxidativo que da lugar a la consecuente muerte neuronal y agotamiento de dopamina. «Al ser un modelo unilateral nos permite tener un hemisferio como control», precisa antes de comentar que, por otro lado, este modelo permitía reproducir diferentes fases de la patología, en función de donde se inyecte la toxina, produciendo un modelo temprano si la toxina se administra en el estriado o a un modelo severo que conduce a la degeneración completa si la toxina se administra en la sustancia negra o en el haz nigroestriatal, reproduciendo una fase avanzada del párkinson.

Los resultados obtenidos, manifiesta la vallisoletana, mostraron que los cambios provocados por la dolencia no eran homogéneos en las diferentes regiones del cerebro afectadas. Tanto en la fase temprana como en la severa, lo que se consiguió fue alentador. La combinación del factor de crecimiento del endotelio vascular y el factor derivado de las células gliales no sólo redujo significativamente la degeneración en las neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra, sino que también indujo a la formación de nuevas células y la diferenciación celular. Además, había una mejora en las áreas donde proyectaban las fibras nerviosas de esta región, subraya.

La investigadora comenta que la combinación de estos dos factores podría suponer un «tratamiento prometedor» a la hora de proteger y regenerar las neuronas en una fase temprana de la Enfermedad de Parkinson. También dice que la distribución anatómica específica de las neuronas y terminales dopaminérgicas podría ser útil para evaluar la administración y difusión de los tratamientos utilizados a la hora de prevenir efectos secundarios.

Otra ventaja interesante es el hecho de utilizar la nanotecnología como estrategia terapéutica a la hora de administrar sustancias neurorestauradoras y neuroprotectoras dado que supone todo un avance, puesto que es una manera inocua de introducir las moléculas en el sistema nervioso central en una dosis adecuada, controlada y gradual, sostiene Requejo.

Deja claro que los terapias actuales son principalmente sustitutivas y presentan problemas a largo plazo, en cambio el tratamiento basado en la combinación de estos factores neurotróficos es una terapia neuroprotectora y neurorestauradora, es decir, no sustituye, sino que regenera, lo que podría permitir ralentizar o incluso revertir los síntomas de la enfermedad en un estadio temprano utilizando nanotecnología como mecanismo de administración. Sin embargo, puntualiza que hay que seguir teniendo en cuenta que se trata de un tratamiento valorado en un modelo experimental.
Sus planes de futuro son, en primer lugar, abordar otro tipo de modelos experimentales sobre el párkinson, como son los modelos genéticos y con otro tipo de enfoques poder tener un conocimiento más amplio sobre distintos mecanismos y factores desencadenantes de la dolencia. En este contexto destaca que entre los aspectos patológicos, aparte de la pérdida de las células dopaminérgicas en la sustancia negra, también se encuentra la acumulación de los cuerpos de Lewy, cuyo componente principal es la proteína alfa-sinucleína.

En realidad, la eliminación de este mediador tóxico ha llegado a ser uno de los retos más importantes en la investigación. Por tanto, la intención de la vallisoletana es estudiar modelos que sobreexpresen alfa-sinucleína y determinar qué mecanismos se encuentran involucrados en la eliminación de este compuesto que en su forma patogénica resulta ser tóxico para las células.

Pero también quiere seguir explorando y reproduciendo el modelo preclínico para poder esclarecer qué síntomas están presentes, qué rutas están activadas y qué pasa en el cerebro antes de que se produzca el suficiente agotamiento de dopamina que conduce a la aparición de los síntomas motores. Asimismo, pretende continuar buceando en la nanotecnología como estrategia terapéutica para administrar factores neuroprotectores y neuroreparadores. «Quiero seguir manteniendo colaboraciones con distintos grupos, puesto que sin colaboraciones entre grupos de diferentes disciplinas que puedan aportar puntos de vista variados no hay avances», concluye esta licenciada de la Universidad de País Vasco, que en la actualidad se encuentra en el Hospital Mount Sinai de Nueva York con una beca postdoctoral de la Fundación Alfonso Martín Escudero.

 

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