Diario de Valladolid | Miércoles, 20 de septiembre de 2017

16:27 h. BURGOS

La trufa se consolida y la apicultura rejuvenece en Lara

La comarca burgalesa también explora las posibilidades que brindan la hortofruticultura y los cultivos agroforestales para «repoblar fincas» y ofrecer modelos viables de negocio a largo plazo

DIEGO SANTAMARÍA 15/05/2017

El proyecto estaba sobre la mesa desde hacía dos años con la «idea encaminada», pero se requería financiación para llevarlo a cabo. Por fortuna, la convocatoria Impulsa promovida por Podemos ha permitido este año a la Asociación Tierra de Lara recuperar una iniciativa que pretende analizar diferentes «alternativas al cultivo tradicional» en la zona con el objetivo de combatir la despoblación.

Obviamente, la trufa tenía que estar presente en el ciclo de Módulos de formación en el medio rural que la entidad está desarrollando actualmente. Cierto es, tal y como explica su presidente, Manuel Rodríguez, que los resultados llegan a «ocho o diez años vista». Resulta imposible por el momento competir con Soria, provincia trufera por excelencia en Castilla y León y adalid de este cultivo a nivel nacional junto a Teruel.

No obstante, Rodríguez asegura que de un tiempo a esta parte se han incrementado el número de «plantaciones a nivel particular» no solo en la zona de Lara, sino «por toda la provincia» gracias al trabajo que está desarrollando la asociación. Por otra parte, señala que la inversión no es demasiado elevada, al menos en comparación con otros cultivos que requieren mayores inyecciones económicas y un plazo de retorno similar e incluso superior. Según el estudio de Nuevas oportunidades agrarias en Burgos elaborado por la empresa Fanega por encargo de la Sociedad para el Desarrollo de la Provincia de Burgos (Sodebur), la implantación de un cultivo trufero conllevaría una inversión cercana a los 8.300 euros por hectárea, mientras que los gastos anuales para su mantenimiento rondarían los 1.225 euros. A partir del décimo año es cuando se empiezan a vislumbrar los resultados -en el undécimo, eso sí, resulta conveniente renovar el sistema de riego e invertir unos 2000 euros-, de tal manera que desde ahí en adelante se pueden obtener unos beneficios anuales próximos a los 7.500 euros por hectárea.

El mismo estudio también determina la necesidad de buscar «terrenos calizos» cuyo Ph sea mayor de 7,5. En principio, todas las comarcas de la provincia de Burgos cuentan con áreas proclives para su cultivo, aunque Amaya Camino y Arlanza -zona sureste- se llevan la palma. Sea como fuere, Rodríguez valora de forma muy positiva la paulatina implantación de la trufa en el entorno de Lara, ya que «te obligas a ir al pueblo los fines de semana». Cambiando de tercio, la apicultura también se abre paso poco a poco en la comarca. Quizá no resulte apropiado hablar de alternativa, dado que siempre ha existido «tradición apícola» por estos lares. El problema, precisa Rodríguez, es la «falta de relevo generacional» que ha obligado a muchos apicultores a cerrar o alquilar sus panales a terceros. Pero hay motivos para el optimismo, sobre todo después del curso de principios básicos impartido por Esther Ibeas el pasado 29 de abril en Hortigüela.

Los cursos organizados por Tierra de Lara también abarcan la hortofruticultura como opción de negocio. De ello se hablará el 22 de junio en presencia de Ramiro Palacios, experto en desarrollo rural y fundador de la empresa Trebolar, especializada en servicios de agroemprendimiento. Según indica el presidente de la entidad, la finalidad de este apartado es poner en valor los cultivos asentados en la zona y ofrecer dinámicas para el manejo de huertos. Se programará además una visita a Huerta Molinillo, un proyecto ecológico asentado en Burgos capital que cuenta con su propio grupo de consumo.

Al mismo tiempo, se analizarán otros cultivos alternativos que pudieran ser viables en Lara atendiendo a sus características orográficas. Aún con todo, Rodríguez sabe que a este respecto se lanzan «muchas ideas al aire» y que no todas son factibles. En este sentido, y citando por ejemplo al pistacho, considera que debe ser desarrollado por agricultores que deseen alternar cultivos y que dispongan de parcelas para ello. Y no solo por la inversión previa que hay que realizar. También recuerda que apenas quedan bancos de tierras disponibles y la generación de empleo, si la hubiese, llegaría a muy largo plazo.