Diario de Valladolid | Martes, 15 de octubre de 2019

11:57 h. MUSEO CASA CERVANTES EXPOSICIÓN FOTOGRÁFICA, HASTA EL 2 DE JULIO

Navia persigue en el presente las huellas de Cervantes

El autor: «He intentado fotografiar el mundo, que no ha cambiado tanto, guiado por un espíritu cervantino»

ICAL 17/03/2017

Con el anhelo «condenado al fracaso» de «intentar ver el mundo de hoy a través de los ojos de Cervantes», el fotógrafo madrileño José Manuel Navia se lanzó a captar las imágenes que integran la exposición Miguel de Cervantes o el deseo de vivir, una muestra itinerante organizada por Acción Cultural Español y el Instituto Cervantes, dentro de las actividades para conmemorar en 2016 el cuarto centenario del fallecimiento del escritor. Tras recorrer numerosas ciudades, la exposición recaló ayer en el Museo Casa Cervantes de Valladolid, donde permanecerá hasta el próximo 2 de julio.

En total, 36 fotografías y un vídeo donde se entrevista a Navia durante media hora en relación con el proyecto resumen la esencia de este recorrido visual por los lugares y los caminos que transitó Miguel de Cervantes a lo largo de su vida, una vida atribulada e incierta que también se nos revela veladamente en sus obras, informa Ical.

La muestra arranca en Alcalá de Henares, reflejado en instantáneas cotidianas de un títere, la Semana Santa o una joven tatuada que toma un café en una terraza, para desplazarse a escenarios evocadores del Mediterráneo que tanto condicionó la vida del escritor. La isla de Ítaca, muy cercana al Golfo de Corinto donde Cervantes perdió un brazo en la batalla de Lepanto, le sirve por ejemplo a Navia para transfigurar al Quijote cervantino en un héroe homérico.

Así, a lo largo de la muestra, el fotógrafo propone «un juego de idas y venidas entre la literatura y la vida», como él mismo detalló en la visita inaugural. En las imágenes, su cámara captura momentos cotidianos en rincones de Portugal, Guadalupe, Toledo, Esquivias, Túnez, Puerto Lápice, Úbeda, Alcudia, Madrid, Barcelona, Almagro, el Parque Natural de las Lagunas de Ruidiera, Sevilla o Valladolid, reflejada en una fotografía de una joven con San Pablo al fondo, sin que falten los impresionantes molinos de Campo de Criptana, captados en un ambiente onírico muy emocional.

«En Cervantes lo vulgar y lo cotidiano adquieren un nivel más profundo», defendió el artista, que aludió a la sempiterna «confusión entre el Cervantes escritor y su persoanje» para subrayar el espíritu viajero irrefrenable del escritor. «En toda su obra él está absolutamente presente, y yo he intentado fotografiar el mundo, un mundo que parece que ha cambiado mucho pero que realmente no ha cambiado tanto, guiado por ese espíritu cervantino», defendió.

«El reto era enfrentarme sin reservas, una vez más, a la difícil y apasionante relación que se establece entre imagen y palabra, entre fotografía y literatura, siempre sobre la base de la importancia que, como fotógrafo, concedo a la idea de huella frente a la de aura, es decir, a buscar esa revelación o ‘aparición de una cercanía, por lejos que pueda estar lo que la dejó atrás’, en palabras de Walter Benjamin», explicó.