Diario de Valladolid | Domingo, 18 de agosto de 2019

Enjuagues y cabildos

21/01/2016

A UN mes de las elecciones, se suceden los desfiles por Zarzuela, los conatos de acomodo parlamentario y, de cuelga, los despechos soberbios. Pero una vez constituidas las Cortes, transcurren los días sin otro manejo que las tentativas de enjuague condenadas al fracaso y el tufo insoportable de nuevas corrupciones, como la de la empresa pública Acuamed, dependiente del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, que tiene a once pájaros en la cárcel. Su director general, Arcadio Mateo, escondía en casa ciento cincuenta mil euros en billetes de 500, fruto de alguna de las habituales mordidas que engordaron los precios de las actuaciones hidráulicas en la zona más sedienta de la península, entre veinte y veinticinco millones de euros. Lo más llamativo del robo, cuyo esclarecimiento persigue el juez Velasco, es que ya en septiembre de 2014 el director de Ingeniería y Obras de Acuamed, Francisco Valiente, denunció los chanchullos ante el consejo de administración. Lo único que consiguió fue su despido, para ser relevado por la ahora detenida Gabriela Mañueco. La denuncia infructuosa la formuló ante el Secretario de Estado de Medio Ambiente, Pablo Saavedra. Al ser despedido, trasladó a la fiscalía anticorrupción los hechos que acaban de desencadenar la operación Frontino. Por lo que parece, estas mañas se vienen arrastrando desde hace siete años, sin que los servicios jurídicos del ministerio detectaran ninguna anomalía.

Semejante torpeza, hasta ahora, se venía atribuyendo al descuido en la vigilancia de los dineros públicos, pero el episodio protagonizado por la abogacía del Estado en el juicio del caso Noos desvela que los criterios profesionales del cuerpo tampoco se adecuan a la transparencia exigible. Por eso, resulta insoportable el rechazo de reformas que claman al cielo. Precisamente, estos días asistimos al juicio del crimen de Isabel Carrasco, esclarecido al instante por el exclusivo mérito del policía jubilado que aquella tarde primaveral entretenía la siesta paseando por la Condesa. Su diligencia y compromiso contrastan con el tedio indolente de altos servidores públicos, que ante un problema, prefieren mirar para otro lado.