Diario de Valladolid | Jueves, 5 de diciembre de 2019

10:30 h. CULTURA

El flamenco en brasil tiene embajador vallisoletano

El guitarrista Carlos Blanco participa también en el proyecto Rasa-Duende con Mónica de la Fuente

Benito Carracedo 03/08/2015

París, Valladolid, Córdoba, Madrid, Salvador de Bahía son algunas de las ciudades clave en la trayectoria musical de Carlos Blanco y en su formación como guitarrista. La última es su próximo destino. Acudirá a la ciudad brasileña para dirigir el II Festival Internacional Flamenco y de Cultura Iberoamericana, que se celebrará entre el 22 y el 27 de agosto.

Podrían añadirse otras ciudades de Europa (Portugal, Alemania, Ucrania), India, Japón o Sudamérica. Ciudades que son parte del camino pasado, presente y futuro de un músico que se considera «de mente muy abierta», que no quiere encasillarse en un mundillo solamente».

Su primer mundo fue la guitarra clásica, que con 11 años empezó a estudiar en el Conservatorio del lugar donde nació, Athis-Mons (París), lugar de residencia de sus padres, emigrantes, él de un pueblo de León, ella de un pueblo de Zamora.

A los 14 años la familia regresa a España y se instala en Valladolid, donde residen sus abuelos y pasaba los veranos de su infancia-adolescencia. En Valladolid descubriría el toque de la guitarra flamenca y la guitarra eléctrica.

Tomaba clases de flamenco, con Antonio Domínguez, y practicaba por su cuenta; formaba parte de grupos de rock y orquestas, y decide «terminar los estudios de guitarra clásica».

Y profundizar en el conocimiento del flamenco obteniendo el grado superior de guitarra flamenca en Córdoba bajo la dirección de Paco Serrano, Manolo Franco, Niño de Pura, Carlos Piñana, entre otros.

La guitarra

Sin abandonar la clásica y la eléctrica (jazz, rock), Carlos Blanco, que comenzó rasgueando una guitarra de juguete con 5 o 6 años de edad, se convierte «en un profesional de la guitarra».
«Del guitarrista clásico me quedo con la técnica, la inteligencia musical; del flamenco, con el ritmo, con la musicalidad; con la eléctrica, las armonías, la improvisación», cuenta quien define su estilo de «híbrido». Como el repertorio que empezó a llevar como solista y aunaba los tres toques.

Aunque, «sigue abierto a aprender más y de variadas músicas», hace dos o tres años dijo «basta ya» para entrar en un proceso «de empezar a crear un sello personal, una forma de tocar; y un nombre», pues es consciente que con todo su bagaje es poco conocido fuera del mundo especializado, ‘entendido’.

«A lo mejor me ha faltado atrevimiento, me ha sobrado vergüenza para iniciar este camino, que yo no había emprendido por respeto, porque me parece muy difícil sentarte en un escenario tú solo y tocar y hacerlo a un nivel determinado. Pero dado el paso, es lo que me apetece hacer».

Y al tiempo que continúa dando clases, conciertos en solitario o en compañía de otros, aborda diferentes proyectos como Rasa-Duende, acercamiento a la música india, con la bailarina Mónica de la Fuente y el cantaor José Salinas.