Diario de Valladolid | Domingo, 15 de diciembre de 2019

13:33 h. CLETO CRIADO DEL REY

Un paseo por las nubes

El vallisoletano cumple su sueño de convertirse en piloto y ganar su primera regata / Recuperó la afición y el globo de su padre, el mítico Diego Criado del Rey, el primer español que sobrevoló el Polo Norte

GUILLERMO SANZ VALLADOLID 16/10/2019

El sueño de volar ha acompañado al ser humano desde sus orígenes. Mirar al cielo y sentir envidia de la libertad de los pájaros era todo uno. Sin embargo, hubo gente que no se conformó con tener los pies en el suelo. Es el caso de Dédalo e Ícaro, -padre e hijo- en la mitología o, en la vida real de los hermanos Montgolfier o los hermanos Wright, que demostraron que los sueños viven en el ADN.

El gen aventurero lo heredó también el vallisoletano Cleto Criado del Rey, que ha visto cómo se ha ganado el derecho de vivir en las nubes, donde lo hacía su padre, el icono de la aerostación Diego Criado del Rey. «Mi padre decidió que quería ser piloto y montó una empresa. Era decidido y tenía una mujer que confiaba en él. Así fundó en 1999 la primera empresa de vuelos de globo de Valladolid», explica su hijo.

Mientras otros niños se conformaban con unos globos atados a un hilo, Cleto Criado del Rey lo hacía con el mismo medio de transporte que ayudó a Phineas Fogg en la novela de Verne a dar la vuelta al mundo. «Desde que tengo uso de razón he visto globos aerostáticos. Fui a muchas regatas con mi padre y siempre me gustó mucho volar. Recuerdo que me colaba en los globos de los amigos de mi padre para poder volar», recuerda.

En el año 2004, un trágico accidente de globo en Santiago de Compostela obligó a despedir antes de tiempo al primer piloto vallisoletano. Sus amigos mantuvieron y pusieron su nombre al Trofeo de aerostación que Diego Criado del Rey había impulsado en su ciudad. Su hijo Cleto fue más allá y decidió zarpar hacia el cielo para seguir la estela que dejó su padre y comenzar a dibujar la suya propia: «Me gustan las aficiones que tenía mi padre, porque me acerca más a él. Yo con lo que más disfruto es con los globos. Ya lo siento como mío», confiesa Cleto.

El piloto comenzó un largo camino para sacarse la licencia de pilotos. «Yo daba clases, pero me di cuenta de que quería trabajar en los globos», asegura. Así insistió a Anaulfo González, amigo de su padre y ahora suyo que le dejara trabajar en su empresa de aerotours. «Empecé como equipo de tierra -personas encargadas de ayudar a montar e ir al lugar del aterrizaje-, pero me cansé de quedarme en tierra. Quería volar».

Un año después y a golpe de paciencia y esfuerzo la licencia estaba en su mano. De nuevo un Criado Rey estaba listo para surcar el aire. «En casa nunca me dijeron que no fuera piloto. Era una lucha conmigo mismo, porque era consciente de que se rascaba en heridas muy profundas. Todos lo ven desde el cariño y les gusta que haya hecho esto», confiesa Cleto Criado del Rey, que no descarta que sus dos hermanos sigan sus pasos.

En febrero del pasado año, con la localidad segoviana de Valverde del Majano como testigo, despegó por primera vez fuera de sus horas de instrucción. El destino quiso que ese momento se empapara de romanticismo. Un amigo de su padre había guardado el globo de Diego durante 15 años y Cleto consiguió hacerse con la vela-globo que usaba su padre, la misma que lucía el nombre de la Universidad de Valladolid, donde Diego Criado fundó la tuna de Derecho y el coro. El caprichoso azar, a veces cruel a veces amable, permitió que la matrícula de su globo fuera EC-MYD, las iniciales de sus padres.

«Volar es una alegoría de la vida. Cuando despegas tienes una idea de dónde quieres ir. Si el viento sopla favorable, llegas donde quieres, pero si sopla en contra, aunque hagas las cosas bien, no llegas. Aún así hay que disfrutar del viaje», explica Cleto, que ha comenzado el suyo. De momento sólo son 65 las horas de vuelo que acumula, suficientes para saber que el presidente del Mesetario de Aerostación lleva volar en la sangre.

«Me gusta también el vuelo técnico, el vuelo deportivo. Juegas a controlar el viento y compites para saber quién sabe leerlo mejor», asegura. Así ha comenzado a dejar su sello en las regatas; cuatro por el momento: Gijón, Segovia, Toledo y Valladolid.

Después de quedar 5º en Asturias, se alzó en su segunda prueba con el primer puesto en la localidad que le vio nacer como piloto: Segovia. Después consiguió un séptimo puesto en el Campeonato de España de Toledo, midiéndose a gente con más de 4.000 horas de vuelo. La última, hasta el momento, en casa. En el trofeo al que da nombre su padre, donde el resultado fue secundario: «Fue muy bonito participar después de estar 14 años ayudando a mi tío Rodrigo en lo que podía», reconoce un piloto de altos vuelos que promete llegar tan lejos como le lleve el viento.